Monografico_5_comunicacion_y_emancipacion

Comunicación y emancipación: Muchos mundos, diversidad de perspectivas

Communication and emancipation: Many worlds, diversity of perspectives

Comunicação e emancipação: muitos mundos, diversidade de perspectivas

Claudia VILLAMAYOR

Universidad Nacional de Lomas de Zamora, Argentina

claudiavillamayor04@gmail.com

Chasqui. Revista Latinoamericana de Comunicación

N.º 149, abril - julio 2022 (Sección Monográfico, pp. 85-98)

ISSN 1390-1079 / e-ISSN 1390-924X

Ecuador: CIESPAL
Recibido: 07-01-2022 / Aprobado: 22-04-2022

 

Resumen

El campo de la comunicación, en América Latina y el Caribe, no tiene un solo camino; en este contexto los argumentos totalizadores siempre se muestran innecesarios, por otro lado existen perspectivas que señalan, como caminos de comunicación alternativa o popular, a prácticas y experiencias de ejercicio del periodismo, otras perspectivas muestran experiencias de trabajo tanto en medios de comunicación del Estado como en el desarrollo de políticas públicas, que pueden incorporarse como caminos de trabajo que pretenden unir comunicación y emancipación.

Palabras clave: comunicación, emancipación, política, movimientos sociales, activismo, militancia

Abstract

The field of communication, in Latin America and the Caribbean, does not have a single path; In this context, the totalizing arguments are always shown to be unnecessary. On the other hand, there are perspectives that point, as alternative or popular communication paths, to practices and experiences of journalism, other perspectives show work experiences both in the state media and in the development of public policies, which can be incorporated as work paths that seek to unite communication and emancipation.

Keywords: communication, emancipation, politics, social movements, activism, militancy

Resumo

O campo da comunicação, na América Latina e no Caribe, não tem um caminho único; Nesse contexto, os argumentos totalizantes sempre se mostram desnecessários, por outro lado, há perspectivas que apontam, como vias alternativas ou de comunicação popular, para práticas e experiências do jornalismo, outras perspectivas mostram experiências de trabalho tanto na mídia estatal quanto no desenvolvimento de políticas públicas, que podem ser incorporadas como caminhos de trabalho que buscam unir comunicação e emancipação.

Palavras-chave: comunicação, emancipação, política, movimentos sociais, ativismo, militância

Los caminos

El campo de la comunicación, en América Latina y el Caribe, no tiene un solo camino; tiene muchos. Por eso, el rumbo de los argumentos totalizadores siempre me ha parecido innecesario ¿Para qué cerrar, cuando se puede abrir? Prefiero delinear un modo de recorrer los caminos de comprensión de la comunicación, que permita que el tránsito siempre pueda estar en diálogo con otras y otros caminantes.

Elijo, con paciencia de artesana, contemplar todos los rumbos habidos y por haber para identificar la potencia que adquiere la relación de comunicación y emancipación en los territorios del Abya-Yala. Para ello, los mapas genealógicos que se nos arman, siempre nacen en las prácticas que llevan adelante comunidades organizadas de personas activistas y militantes que deseamos transformar los mundos en que nos ha tocado y nos toca vivir.

Comunicación y emancipación nos hacen conectar con los adjetivos que han inscrito identidades de luchas político-culturales: popular, alternativa, participativa, educativa, comunitaria, para el desarrollo, para el cambio social, colectiva e insurgente. Cada una de ellas nombra un proceso social y político que han llevado o llevan adelante grupos determinados organizaciones, movimientos sociales, culturales, sindicales, políticos, educativos, mediáticos entre otros, que ha entendido que su voluntad de transformación requiere a la comunicación como perspectiva; pero, también como uno de sus componentes estratégicos.

Dentro de ese universo de experiencias y de prácticas comunicacionales y políticas, que podemos reconocer, la gran mayoría provienen de espacios sociales que no han nacido como políticas de Estado, aunque algunas de ellas puedan tener algún tipo de articulación a lo largo de las décadas. Cuando decimos décadas, es porque el registro que se tiene como punto de arranque de la comunicación y los adjetivos, que de algún modo refieren a un movimiento emancipatorio, es el año 1947, porque es el año en que se funda la experiencia sustantiva del sistema de radio Sutatenza1 o en 1949 la experiencia de las súper nombradas radios mineras bolivianas.2

Sin embargo, existen perspectivas que señalan, como caminos de comunicación alternativa o popular, a prácticas y experiencias de ejercicio del periodismo que se inscribe en esa nomenclatura. Ejemplo de ello, es la agencia de noticias Ancla3 y en particular el trabajo periodístico insoslayable de Rodolfo Walsh y de Jorge Macetti por citar dos periodistas hay muchas y muchos otros claves en la producción de otro periodismo posible.

Otras perspectivas, también, dicen que existen experiencias de trabajo tanto en medios de comunicación del Estado como en el desarrollo de políticas públicas, que pueden incorporarse como caminos de trabajo que también pueden inscribirse en la voluntad de unir comunicación y emancipación.

En todas las perspectivas mencionadas, hay coincidencia y diferencias, por supuesto. Hay quienes dicen que todo lo relacionado a la comunicación popular siempre surge de la movilidad social, cultural y política, que no involucra al Estado o que no involucra a las prácticas periodísticas individuales que se encaminan en proyectos o iniciativas de trabajo, como la mencionada párrafos más arriba. Sin embargo, y ya desde hace muchos años, hay quienes sostenemos que podemos abrir la comunicación y los procesos emancipatorios, donde la diversidad de prácticas comunicativas puede comenzar a identificarse en una multiplicidad de experiencias, protagonistas colectivas, cuyas lógicas de asociatividad son diferentes entre si y que podemos ir revisando, para ampliar un campo de larguísima trayectoria.

Inclusive, podríamos comenzar a rastrear mucho más atrás que el año 1947 en América Latina y el Caribe donde, aunque los adjetivos no han sido los que solemos reconocer desde hace 80 años, hay una coincidencia fundamental que puede identificarse: en todos los casos las nociones, las perspectivas, las estrategias o metodologías surgen de una voluntad que parte de una realidad inicial considerada injusta y que marca desigualdades brutales, que es identificada y que quiere ser transformada. Para transformar la creatividad colectiva, sobre todo, idea y proyecta lo que quiere modificar; por qué lo quiere modificar y en qué sociedad se quiere vivir. Por eso, siempre decimos que comunicación y emancipación, y todos sus adjetivos, siempre aluden a la toma de la palabra, una palabra colectiva que tiene carácter performativo y que siempre toma posición, identifica el ángulo político desde el cual mira, no lo oculta, queda en evidencia precisamente porque su lógica no es neutral, nunca, ni tiene por qué.

Tomar la palabra, es un modo de sintetizar la fuerza poderosa que adquiere la acción reflexionada y la reflexión actuada como se diría en nuestras reiteradas perspectivas gramscianas. En ello, podemos rastrear, en el tiempo y hasta nuestros días, los modos de nombrar a la comunicación que se tiene en esos universos de prácticas y de experiencias que tienen larga data en nuestro continente y El Caribe, pero también en otras latitudes. Siempre la voluntad de enunciar lo que no se nombra e irrumpe con la fuerza política que, con los años desde el Informe McBride (1980), hemos llamado derecho a la comunicación y libertad de expresión.

Lo que sí nos tiene que quedar claro es que, en estos procesos, la profundidad de la historia intelectual de la comunicación popular latinoamericana y caribeña surge de la producción colectiva del conocimiento nacida en las luchas de quienes las han llevado y las llevan adelante, incluidos quienes han escrito sobre ello. El itinerario de saberes y de prácticas los podemos objetivar en las praxis políticas de quienes batallan otro mundo posible, donde la justicia social va de la mano de la justicia comunicacional y el conjunto de los derechos humanos.

Por lo anterior lejos de cerrar la comunicación a sectores o ámbitos, a autoras o autores, lo que nos compromete en este tiempo es a recuperar la fuerza de los procesos de quienes luchan, sus prácticas político culturales, sus lógicas organizativas, sus perspectivas de comunicación, sus métodos. Se trata de cartografiar lo que dicen las prácticas y quienes las llevan adelante en los procesos de sus luchas. Si se me permite retomar una vieja palabra prácticamente en desuso: la acción revolucionaria de diferentes colectivos y desde institucionalidades diversidad. No hay una, son muchas.

No hay dueños, ni dueñas

En el camino de desandar la comunicación popular para comprenderla, hay estereotipos que atrasan y de los que deseamos despojarnos. Alejar, sobre todo, el sentido colonialista, capitalista y patriarcal del conocimiento, que la aloja en una epistemología extractivista del conocimiento donde hay unas personas que miran y sistematizan lo que otras personas gestan en el proceso de sus luchas. Lo hacen por fuera de esa lucha. Hemos aprendido de activistas y militantes, con enorme capacidad de escribir y de sistematizar procesos, que se hacen parte de esas luchas con el aporte especifico que les compete y de lo cual nacen libros, cuadernos de trabajo, manuales, producción audiovisual, multiplataforma o radiofónico.

Son variados los estereotipos. Mencionamos los siguientes y tienen que ser desterrables: una es la idea de pensar que la comunicación popular representa una cuestión exclusiva de barrios pobres y, por eso, con poco alcance teórico. Y lo que es peor, a raíz de eso se trabaja con materiales que suelen desacreditar las capacidades de los grupos con los que se trabaja.

Separar teoría de práctica es otro binarismo colonialista, que ubica a la comunicación popular como una cuestión de empiria valiosa que no necesita reflexionar sobre sí misma. Además, supone que el tan mentado pueblo no puede revisar desde sus propios universos vocabulares un debate intelectual, que solo pueden tener autoras y autores esclarecidos. Como si las únicas capacidades son las que se hacen y no las que se piensan. O al revés, los que piensan lo tienen claro, como si los que hacen no pensaran. Un binarismo causal y determinista que le ha hecho mucho daño al trabajo intelectual colectivo. Ahí hay un problema serio para desandar definitivamente si queremos lograr potenciar el estatuto del campo comunicacional del que hablamos. Todo reduccionismo lesiona a la comunicación popular.

Por eso, desde esta perspectiva que planteamos, no hay propietarios de los saberes, ni dueños colectivos, ni dueños individuales. Es sustantivo poder abrir la conversación a las diversidades de sujetos, prácticas y saberes que tienen multiplicidad de origen. Salir de las miradas sustancialistas como si hubiera un solo origen el verdadero y al mismo tiempo un modo lineal de producción de los saberes que se transfiere a otras y otros para que aprendan nuestros venerables hallazgos, ya sea porque sistematizamos y objetivamos teoría o porque creamos un proyecto colectivo que lleva años o por las dos cosas.

Salir del lugar de la propiedad: “este proyecto es mío” o “esta frase es mía”, es un trabajo político que nos aleja de la voluntad colonialista y abre a la posibilidad del registro de lo nuevo que nace en el diálogo de sujetos, prácticas y saberes que se comprometen en luchas por derechos concretos. Es tan práctica la capacidad de crear categorías para poder revisar nuestras experiencias, como por ejemplo la categoría de género o justicia de género, como revisar las experiencias para poder identificar modos en que ellas se nombran para construir los saberes que de ellas surgen, conversando con sus activistas y militantes, objetivando sus procesos político culturales, económicos, tecnológicos y sociales entre otros.

¿Dónde están las discusiones?

Así como hay diversidad de perspectivas, también hay diversidad de ámbitos e institucionalidades para revisar, analizar y comprender un campo que tiene un multiplicidad de experiencias: de organizaciones sociales, organizaciones culturales, organizaciones políticas, movimientos sociales, organizaciones sindicales, iglesias, medios de comunicación, medios multiplataforma, programas y proyectos de redes de organizaciones; experiencias que nos remiten a políticas públicas, experiencias de alcance local o más grandes. Movimientos sociales, el movimiento campesino, el movimiento indígena, movimientos culturales, de mujeres, movimientos de LGTBI+, movimientos de trabajadoras y trabajadores.

  La comunicación popular siempre se conecta con alguna lucha político cultural por los derechos de comunidades y grupos sociales: derecho a la salud, derecho a la educación, derecho al trabajo, derecho a la vivienda, derecho al ocio, derecho a la tierra y al arraigo, derecho a un ambiente sano, derecho a la salud sexual y reproductiva, derecho a la identidad auto percibida, derecho al parto respetado, derecho al cupo laboral trans, derecho a la producción de alimentos sanos sin pesticidas, derecho a la vivienda, derecho a la educación pública, derecho a contar con una infraestructura inclusiva, derechos de las infancias y de las adolescencias, derecho a ser joven, derecho de las y los adultos mayores, derecho al arte y/o a las diferentes expresiones artísticas, derecho al esparcimiento, derecho a la identidad cultural, y por supuesto el derecho a la comunicación. 

El enfoque de derechos humanos se relaciona, de manera directa, con el principio de igualdad y de justicia social. Esa impronta política es clave en el enfoque de la comunicación popular. Eso es lo que de algún modo se ha mantenido luego de varias décadas. Sin embargo, los contextos no son los mismos por eso siempre la producción de conocimiento del campo hay que revisarlo en las experiencias, en la acción y en la reflexión continua y situada.

Las denominaciones están vinculadas a procesos emancipatorios, las nociones y las perspectivas surgen de una elección que hacen los grupos que las desarrollan y definen. Al mismo tiempo, esas denominaciones son el resultado de una elaboración productiva de los saberes populares generados por sus protagonistas en escenarios epocales y contextuales claramente diferenciados a lo largo de las décadas, hecho que les imprime huellas político culturales que se pueden distinguir. 

Marcas que dejan huellas

Las conflictividades de nuestro continente y del Caribe no deben ser banalizadas. Afectan a las grandes mayorías sociales y realmente las consecuencias para la vida son brutales. Sin eufemismos. Es por eso que la ciudadanía se organiza para encontrar respuestas a necesidades urgentes. Para ello, se plantean objetivos político culturales de transformación de un orden establecido, porque el vigente afecta su calidad de vida, su capacidad de proyectar su futuro o la sociedad en la que quieren vivir. 

En todos los casos, lo que está afectado es el acceso a derechos concretos por razones de desigualdad social, económica y político cultural: el derecho a la vivienda, a la salud, al trabajo, a la educación, a la soberanía alimentaria, al arraigo territorial, al conocimiento, al ocio, a la comunicación, a la cultura, a la vida, a un modelo productivo basado en la ética del cuidado de las personas, el ambiente, la ecología, el derecho a las identidades autopercibidas, a la justicia de género y a la libertad. 

Se trata de grupos que reconocen que esos derechos no están siendo respetados o garantizados, e identifican claramente las consecuencias en sus propias vidas y por ello mismo se reúnen para encontrar las causas de ese estado de sus derechos, las características del modelo social que los vulnera y para desarrollar acciones superadoras.

Para llegar a constituirse como un grupo organizado, hay una sintonía entre lo personal y lo grupal. La asociatividad se da por las necesidades identificadas, pero también por afinidades culturales, políticas, económicas, sociales. El encuentro para la organización no sucede por generación espontánea, aunque a primera vista se diga, nos juntamos y actuamos juntas y juntos. Para ser grupos sociales organizados, se llega luego de haber llegado a la conclusión de que sin organización no hay posibilidad de encontrar caminos de modificación de aquello que les vulnera personal y colectivamente. 

La fuerza de la organización constituye en sí misma un acto político: la creación grupal donde se producen aprendizajes, como resultado de la acción, es un modo de prefigurar el tipo de sociedad que se busca construir y el tipo de relaciones que se consideran deseables. Además, la vieja premisa de aprender haciendo, se actualiza en estos grupos cuya potencia política se alimenta de la misma experiencia de hacerlo. 

Los grupos organizados tienen improntas y naturalezas diferenciadas. No es lo mismo hablar del movimiento campesino e indígena que de un movimiento de juventudes artísticas contraculturales urbanas. No es lo mismo quienes se unen para crear y producir un medio de comunicación popular, que quienes se asocian estableciendo una red de medios de esa naturaleza. Tampoco es lo mismo, un centro de formación y de documentación de la educación popular que una organización social sin fines de lucro para la producción y comunicación de contenidos digitales enfocados desde la perspectiva de la comunicación popular. Cada uno tiene sus propias características y lógica de funcionamiento, sus modos de actuar.

Organizarse para actuar implica leer las razones que provocan las injusticias. Primero, identificar las injusticias que afectan a los propios cuerpos personales y colectivos; y, en segundo lugar, comprender por qué se producen. Leer es poder descifrar, entender y compartir con otras y otros esa lectura, es producir un saber en común que permite identificar los conflictos que existen y las desigualdades que son producto de esos conflictos. 

La lectura colectiva se produce en la acción de la asociatividad. La urgencia reúne, pero la sostenibilidad en el tiempo es fruto del aprendizaje que se realiza a partir de la lectura de aquello que duele y necesita sanar. Los grupos organizados que logran esa lectura colectiva de la realidad y que con el tiempo la problematizan en función de ir encontrando respuestas, lo que buscan es lograr estrategias de transformación que cobran más fuerza cuando además de las lecturas y diagnósticos pueden soñar con la sociedad en la que quieren vivir y trabajan para ello. 

Comprender lo que sucede, y mejor aún, lo que nos sucede, siempre es resultado de una serie de acciones y preguntas colectivas. Hay ocasiones en que la emergencia del grito primero es el puntapié inicial para decir “ya basta” ¿Por qué las cosas tienen que ser así, si no estamos como deseamos? De ninguna manera tienen por qué serlo. En otras situaciones, son personas integrantes de los grupos quienes llegan a formular ese tipo de afirmaciones, incentivando a las y los demás a tomar la palabra para dar cuenta de lo que les sucede y comenzar a buscar colectivamente las razones detrás de los hechos, problemas y conflictos.

Esa labor desnaturaliza lo que ocurre, el asumir que nada existe porque sí, que nada es del orden de lo dado (por el destino, la casualidad o la fatalidad) y siempre del orden de lo construido y producido por la acción humana, tiene carácter performativo. Desmonta lo que oprime. No es una demostración de saberes, es una acción política que tiene capacidad creativa conforme a cómo es cada grupo. Los saberes creados son el resultado de una lucha que acontece grupalmente y que nombra lo que de algún modo ya estaba inscripto en su origen. 

En esa labor se someten a análisis tanto las causas del acontecer, de los hechos que condicionan y hasta determinan la vida cotidiana de cada quien, como las nociones a partir de las cuales esos hechos se presentan como irreversibles dentro de un orden social que se propone como inevitable y destinado a reproducirse y perpetuarse. Por eso mismo, se trata de una labor que permite desmontar los velos impuestos por el sentido común y los prejuicios. Una labor que trabaja a favor de un acrecentamiento de la conciencia acerca de la propia capacidad de conocer y de la necesidad de hacerlo en común, para ganar autonomía en la acción. 

Revisar la multiplicidad de causas que producen los conflictos no es tarea de un solo momento. Llegar a preguntarse “¿Por qué sucede lo que sucede?”, no significa quedarse con la primera respuesta. Es más, la desnaturalización de verdades dadas no se hace en un momento, sino que es el resultado de un proceso. El momento de la criticidad y del análisis siempre es consecuencia de la acción, es un componente que acompaña y desde el cual se construye un proyecto político cultural. Es decir, no es una tarea de un instante o una etapa de la labor, sino un modo de hacer inteligible la realidad mientras se actúa en relación con ella.

Estas marcas se las puede identificar en todo el continente y en El Caribe, siempre a partir de ejemplos, de prácticas y de sujetos colectivos. Son las que han dejado huellas: medios populares, comunitarios, cooperativos, organizaciones y movimientos sociales, como ya hemos dicho. También, experiencias de políticas públicas, que asumen a la comunicación como perspectiva y como estrategia emancipatoria. Hay modelos de Estado, que habilitan este carácter transformador y que, desde el punto de vista de este artículo, no debería dejarse de lado a la hora de encontrar huellas transformadoras del campo de la comunicación popular.

Amerita revisar, en trabajos futuros, experiencias de políticas públicas que asumieron sin preguntarle a ningún propietario las nociones y las perspectivas de la comunicación popular para desarrollar programas y proyectos federales y hasta inclusive proyectos productivos de la agricultura familiar campesina e indígena, la comunicación y la ruralidad, la producción agroecológica. Es decir, salir de un lugar para husmear en otros, nos depara discusiones sobre que abarca la comunicación popular, pero una vez más nos enfrente a las prácticas y lo que ellas dicen en la voz de colectivos sociales.

La acumulación del capital, el colonialismo y el patriarcado

Las lecturas colectivas que hacen los grupos organizados parten, como hemos dicho, de identificar situaciones que expresan desigualdades. Cuestiones muy concretas relacionadas con injusticias sociales de extrema gravedad en la medida que afectan esos derechos básicos que ya hemos mencionado: el derecho a la salud, el derecho a la vivienda, a la protección del ambiente, al trabajo, a la cultura, a la educación, a la comunicación, al tiempo libre, el derecho a la identidad autopercibida, a decidir sobre la salud sexual y reproductiva. Todas y todos somos sujetos de derecho. Cuando alguno de estos derechos está vulnerado y trae graves consecuencias en la calidad de vida de las personas y de los grupos sociales, dependiendo de la cultura de organización y de participación política que se tenga, no tardan los grupos en organizarse ya sea para reclamar porque se respeten o bien organizarse para lograr conquistarlos o todo ello junto ¿Qué quiere decir eso en lo concreto de la vida cotidiana de los grupos de los que hablamos y con quienes ellas y ellos trabajan? 

A modo de ejemplo, podemos mencionar los problemas de distribución de la tierra y la complejidad del arraigo; las migraciones, las injusticias de género, las dificultades del acceso a la vivienda o a un sistema de salud para todas y todos, las imposibilidades reales para muchas y muchos de tener trabajo, la imposibilidad de definir, pensar y planificar colectivamente un modelo productivo. Estos y otros ejemplos que ustedes pueden señalar como resultado de su propia experiencia, son emergentes de una situación de desigualdad/injusticia nacida de un sistema social, político, económico y cultural del cual podemos dar cuenta ¿Dónde nacen las injusticias? ¿Por qué no se respetan los derechos? ¿Cuáles son las causas? Se trata de cuestionamientos que no sólo refieren a una situación cercana y a las razones que las generan, sino que hay una preocupación grupal respecto de ver, analizar y comprender cómo funciona ese proceso de disciplina social y económica para poder transformar el orden vigente. Las tres dimensiones que se entrelazan en esos cuestionamientos son el orden capitalista, colonialista y patriarcal (De Sousa Santos, 2018).

Las desigualdades e injusticias, que podemos identificar como resultado de un orden económico, se corresponden con un dispositivo cultural que podemos objetivar y comprender en situaciones de la vida cotidiana de las sociedades, donde los grupos de comunicación popular surgen y se desarrollan.

Uno de los problemas que podemos reconocer, en el orden establecido por el capitalismo, es la colonialidad. La misma se basa siempre en suponer que existe un orden blanco, occidental, macho, heteronormativo, cuyas lógicas de producción del conocimiento racional y occidental tienen la voz cantante en lo que está considerado como legitimo en el orden de los discursos sociales, en la organización del poder y de la toma decisiones.

Un orden que define qué es lo que está bien y qué es lo que no lo está. Estamos hablando de un orden que además es binario. Las epistemologías o modo de producción del conocimiento social etnocéntrico echan por tierra otras epistemologías que no son producidas desde esa centralidad. Se trata de aquellas que son nacidas en las luchas de quienes están negados por esa misma centralidad y que pueden expresarse en todos los órdenes de la vida: el social, el cultural, el educativo, el económico, el científico.  

La cultura de la dominación de occidente se caracteriza por ser individualista, racista, clasista, sexista y tener profundas desigualdades de género. A ello, se agrega el maltrato a la madre tierra. No hay que ir muy lejos para identificar lo que acabamos de enumerar, se expresa en el sistema del trabajo, en el sistema educativo, en el modo que se conciben las ciudades, en el sistema de la producción de alimentos, en la moda, en el sistema de seguridad de un país y así podemos ir identificando ámbitos donde los podemos visualizar ¿Ya están pensando en situaciones concretas de sus vidas? Por supuesto que de estos ejemplos hay en todos lados. 

El capitalismo, el colonialismo y el patriarcado, son tres variables que están atravesando nuestras experiencias de vida cotidiana y nos interesa considerarlas para construir mapas genealógicos de la comunicación, que para la autora de este artículo siempre es la posibilidad de ir a mirar prácticas populares de transformación, que tienen institucionalidades distintas: medios cooperativos, populares, medios públicos, organizaciones culturales, políticas, sindicales, sociales, entre otras; pero, también, las organizaciones que trabajan con el Estado. Aún más, el propio Estado que trabaja con las políticas públicas, que puede potenciar otra trayectoria posible de la comunicación popular, que no confronta con otras, sino que puede ser otro camino y que por lo tanto hay que instituirlo, no dejarlo por fuera. Hay una suerte de temor a que se burocratice una lucha, como si en el campo que está por fuera del Estado esa suerte de burocratización no existiera. Es un error considerar esto, porque nos aloja en una perspectiva que clausura posibilidades políticas desde diferentes ámbitos de lucha y que pueden ser complementarios en la tensión, en la discusión y, hasta, en las diferencias.

Del mismo modo, se plantea las propuestas de prácticas y enfoques periodísticos que reconocemos transformadores en los medios de origen en la sociedad civil, ¿por qué no los vamos a reconocer en la iniciativa de programas radiales, televisivos que se desarrollen en el marco de medios públicos, escolares, universitarios, la radio y la televisión pública? ¿Por su naturaleza institucional? Y si la propuesta del Estado instituye nociones y perspectiva que ponen foco en la comunicación popular y el derecho a la comunicación como principio rector. Obviamente, no todos los estados lo deciden, pues precisamente no hay que descartarlo, porque sea estatal.

Se abre las discusiones: entonces las iniciativas de periodistas de investigación que desnaturalizan verdades dadas, desenmascaran mentiras, batallan en una producción periodística alternativa al vozarrón hegemónico, ¿no podemos incluirlo en el campo de la comunicación popular? ¿es porque no es colectiva y no sigue el itinerario de las experiencias como los medios populares comunitarios? Yo pienso que las trayectorias son diferentes, efectivamente, pero en modo alguno hay que hacerlas incompatibles y como decíamos más arriba, alojar a la comunicación popular en un ámbito. Abrirla para que arribe la política por encima de los ámbitos, la política por encima de una sola forma o pocas de la asociatividad, porque en lo que pienso es en la transversalidad de los derechos y los enfoques emancipatorios tienen que implosionar en todos los ámbitos para rehacer las sociedades cooptadas por los coletazos de un sistema que dejar afuera a más de la mitad de la humanidad. Dar batalla, asumiendo que el Estado también es un lugar de la toma de la palabra, para democratizarla y construir sociedades con justicia social y con otro sentido de lo colectivo.

Pensar y hacer la comunicación es también pensar y hacer dispositivos sociales, económicos, culturales y tecnológicos. Salir del lugar marginal o determinista que supone que la comunicación lo es todo, o que ella no sirve para nada, o que es la pariente más pobre de las dimensiones sociales. Por el contrario, la comunicación es un problema central en la configuración de las sociedades, por eso el mercado totalitario y discriminador la tiene como una de sus prioridades, como así también la derecha e izquierda latinoamericana y caribeña, a las que no se les escapa el valor que adquiere la dimensión de la comunicación para multiplicar su maquinaria.

Comunicación y todos los nombres adjetivados para señalar la voluntad de cambio social, estrategias y métodos, organización y sostenibilidad de los procesos de grupos sociales concretos, quiere decir que allí hay proyecto para hacer sociedades con justicia. Así como decimos y adscribimos que no hay justicia social sin justicia de género, agregamos que no la hay sin democracia en las comunicaciones o, como nos gusta decir, justicia comunicacional.

La maquinaria del capital convence sobre la importancia de sus perspectiva y herramientas para activar sus propias lógicas. Ahí hay matrices que surgen de su propia creación acumulativa y se vale inclusive de operaciones que orillan la corrupción para edificar maquinarias comunicativas que justifican sus tropelías. Es más, hay inversión tecnológica, informática y de producción digital, como casi siempre, con enorme capacidad de inversión para sostener los intereses que el mercado necesita para reproducirse. Decirlo así, mercado, en abstracto, no nos conforma: hablamos de corporaciones, monopolios, oligopolios, negocios que están fuera de las legalidades más conservadoras del propio mercado como la trata, la carrera de armamentos, el tráfico de órganos, etc. Vale la pena a detenerse a mirar y comprender esta maquinaria y el lugar que en su economía adquiere la comunicación como perspectiva y como estrategia. El negocio de la comunicación va en paralelo con todas las dimensiones societales que también son consideradas un negocio. Las consecuencias que esto trae para la vida de las personas de todo el planeta y no solo de nuestro querido continente y nuestro Caribe son un atentado contra la vida.

Por el contrario, la comunicación popular y todas sus variantes, recoge de su legado histórico las prácticas y las experiencias movimientistas y de sectores en lucha. Pero, también, puede y, a mi modo de ver, debe revisar y abrir esas prácticas para implosionar con propuesta multiplataformas, digitales que ya las hay, recuperar el lenguaje del cine como creación y producción política, las artes en su conjunto: teatro, la literatura, la danza, las artes audiovisuales, las intervenciones performáticas.

¿Acaso la propia historia de la comunicación popular no nos enseña que todo ello es recurso, es enfoque y estrategia? Una cuestión central en estas lógicas populares de producir comunicación y de pensarla son justamente que su dispositivo ancla en ella como bien social y no como negocio. Por ello, en el centro de ella está la calidad de vida de las personas, los derechos de las personas y de las comunidades, sus derechos de ciudadanas y de ciudadanos. Es, en este camino, que hay que trabajar y caminar la producción intelectual, que justamente no es una ocurrencia de autoras o de autor, sino de una producción intelectual que nace en las demandas colectivas, las lecturas colectivas y la producción de propuestas colectivas, vengan del ámbito donde vengan. Tal vez, hay que elucidar procesos, revisar las prácticas actuales, pero también las surgidas en otros años anteriores a 1947.

Transitar lo instituido y lo instituyente; pero, también y, sobre todo, revisar la creación comunicativa, la innovación que está ligada a las luchas político sociales, político culturales, a la ideación de otras formas de la economía política de la comunicación; quedarse solo en revisar como funcional el capital, es un error. Necesitamos revisar el rearmado de las estructuras sociales, para que la comunicación popular recupere su carácter revolucionario y se pueda desterrar esa representación social de lugar marginal.

La primera convicción, que hay que tener, es que la comunicación es un campo con diversidad de caminos, de saberes, de enfoques (género, interculturalidad, agroecología, trabajo, diversidades, etc.); que es una dimensión sustantiva de la sociedad y que al mismo tiempo es una estrategia, por eso es transversal. Esto es central también para su enseñanza y en particular para las carreras de comunicación que en sus visiones iluministas arrojan a la comunicación popular al trabajo en grupo y a los aplausos luego de una dinámica y la despojan de su potencial más importante que es su potencial político.

Referencias bibliográficas

Alfaro, R. M. (2006). La otra brújula. Innovaciones de comunicación y desarrollo. Lima: Asociación de Comunicadores de Calandria.

De Sousa Santos, B., & Meneces M. P. (2014). Epistemologías del Sur. Madrid: Akal.

De Sousa Santos, B. (2018). Construyendo las Epistemologías del Sur. Para un pensamiento alternativo de alternativas. Antología del pensamiento social latinoamericano y caribeño. Vol. 1. Argentina, Buenos Aires: Clacso. [http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20181203040213/Antologia_Boaventura_Vol1.pdf].

Fernández, A. M. (2007). Las lógicas colectivas. Imaginarios, cuerpos y multiplicidades. Buenos Aires: Biblos. [http://www.anamfernandez.com.ar/wp-content/uploads/2014/12/logicascolectivas.pdf].

Freire, P., & Faúndez, A. (2013). Por una pedagogía de la pregunta. Críticas a una educación basada en preguntas inexistentes. Buenos Aires: Siglo XXI. [https://aprendizajesparalelos.files.wordpress.com/2016/08/paulo-freire-y-antonio-faudez-por-una-pedagogia-de-la-pregunta.pdf].

Gramcsi, A. (1967). La formación de los intelectuales. Ciudad de México: Grijalbo.

Krohling Peruzzo, C. (2015). Conceitos de comunicação popular, alternativa e comunitáriarevisitados e as reelaborações no setor. En Saintout, F.; Varela, A.; y Bruzzone, D. (Coord.). Voces abiertas. Comunicación, política y ciudadanía en América Latina. La Plata: Clacso / EPC. [http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/gt/20150928123202/VocesAbiertas.pdf].

Mata, M. C. (2011). Comunicación popular, continuidades, transformaciones y desafíos. En Oficios Terrestres, Vol. 1, N. 26. La Plata. [https://perio.unlp.edu.ar/ojs/index.php/oficiosterrestres/article/view/982/1031].

McBride, S. y otros. (1967). Un solo Mundo, Voces múltiples. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica [https://agmer.org.ar/index/wp-content/uploads/2014/05/Informe-MacBride-parte1.pdf].

Villamayor, C. (2015). Estudios de Comunicación Popular. Teorizar es intervenir. En Saintout, F., Varela, A., & Bruzzone, D. (Coord.), Voces abiertas. Comunicación, política y ciudadanía en América Latina. La Plata: Clacso / EPC. [http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/gt/20150928123202/VocesAbiertas.pdf].

Villamayor C. y Jaimes, D. (Comps). (2021). Hacer Radios Cooperativas: universidad, organizaciones y territorios en el camino de una comunicación democrática. Bernal: Universidad Nacional de Quilmes. [https://ridaa.unq.edu.ar/bitstream/handle/20.500.11807/3501/HacerRadiosCooperativas.pdf?sequence=1&isAllowed=y].

Vinelli, N. (2019). La televisión alternativa en la transición digital: Estudio comparado de casos en Argentina y Chile (Tesis doctoral). Buenos Aires: Universidad Nacional de Buenos Aires.


1 Para mayor información se recomienda leer: Radio Sutatenza transformando la radio y la educación (2022) [http://www.saberpopular.org/index.php?option=com_content&view=article&id=196:radio-sutatenza-transformando-la-radio-y-la-educacion&catid=42&Itemid=240].

2 Para mayor información se recomienda leer: López Vigil, J. I. (1985). Una Mina de Coraje. Quito: ALER. [https://radioslibres.net/wp-content/uploads/2019/09/libreteca-mina_de_coraje_pio_xii-jose_ignacio_lopez_vigil.pdf]

3 Para mayor información se recomienda leer Vinelli, N. (2012). Ancla, una experiencia de orientación clandestina. Buenos Aires: La Rosa Blindada.

Enlaces refback

  • No hay ningún enlace refback.




Copyright (c) 2022 Claudia Villamayor

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

convocatorias

Es una edición cuatrimestral creada y editada por CIESPAL.
Av. Diego de Almagro N32-133 y Andrade Marín.
Quito-Ecuador.

Síguenos en:

convocatorias

convocatorias

Revista Chasqui 2018
está bajo Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivar 4.0 Internacional.