DdS_Urdimbres

Urdimbres, redes y tejidos. Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) de Icononzo, Tolima (Colombia)

Warps, nets and fabric. Territorial Training and Reincorporation Space (ETCR) OF Icononzo, Tolima (Colombia)

Urdiduras, redes e tecidos. Espaço Territorial de Treinamento e Reincorporação (ETCR) de Icononzo, Tolima (Colômbia)

Jorge Iván Jaramillo Hincapié

Universidad Central de Colombia / ivanjaramillo458@gmail.com

Chasqui. Revista Latinoamericana de Comunicación

N.º 143, Abril-Julio 2020 (Sección Diálogo de saberes, pp. 247-260)

ISSN 1390-1079 / e-ISSN 1390-924X

Ecuador: CIESPAL

Recibido: 22-11-2019 / Aprobado: 27-03-2020

Resumen

En este artículo abordamos algunos hallazgos y la metodología de investigación en un Espacio de Capacitación y Reincorporación, figura territorial producto del Acuerdo de Paz en Colombia. Todo ello en el marco de la investigación “Subjetividades y economías comunitarias, un diálogo de experiencias en el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación de Icononzo, Tolima”. A lo largo del país, estos espacios se han constituido en usinas de producción, laboratorios experimentales de nuevas formas de estar y habitar el mundo, todo un entramado que permite reconocer el proceso de reinserción de cientos de hombres y mujeres que revierten su propia historia.

Palabras clave: proceso de paz, ETCR, mediaciones, economías diversas

Abstract

In this article we address some findings and the research methodology in a Space for Training and Reincorporation, a territorial figure product of the Peace Agreement in Colombia. All within the framework of the research “Subjectivities and community economies, a dialogue of experiences in the Territorial Space of Training and Reincorporation of Icononzo, Tolima”. Throughout the country, these spaces have become production plants, experimental laboratories for new ways of living and inhabiting the world, a whole framework that allows us to recognize the reinsertion process of hundreds of men and women who reverse their own history.

Keywords: peace process, ETCR, mediations, diverse economies

Resumo

Neste artigo abordamos alguns achados e a metodologia de pesquisa em um Espaço de Formação e Reincorporação, figura territorial produto do Acordo de Paz na Colômbia. Tudo no marco da pesquisa “Subjetividades e economias comunitárias, um diálogo de experiências no Espaço Territorial de Treinamento e Reincorporação de Icononzo, Tolima”. Em todo o país, estes espaços tornaram-se fábricas de produção, laboratórios experimentais de novas formas de viver e habitar o mundo, todo um quadro que nos permite reconhecer o processo de reinserção de centenas de homens e mulheres que invertem a sua própria história.

Palavras-chave: processo de paz, ETCR, mediações, economias diversas

1. Introducción

América Latina es un territorio que no está alejado de cuestiones relacionadas a los temas de guerra, paz, conflicto, posconflicto, acuerdos y posacuerdos. Todo ello en contextos de desmovilización y reintegración. Por consiguiente, el presente artículo busca mostrar algunos resultados y la estrategia metodológica de la investigación Subjetividades y economías comunitarias, un diálogo de experiencias en un Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación, que se llevó a cabo en el municipio de Icononzo en el departamento de Tolima (Colombia), desde el mes de febrero a diciembre del 2019, cuyo objetivo planteado fue comprender los discursos y las prácticas que configuran las subjetividades económicas de los habitantes del ETCR de Icononzo,Tolima, que obstaculizan y/o potencian el establecimiento de economías comunitarias. Adelantada desde el Instituto de Estudios Sociales Contemporáneos (IESCO) de la Universidad Central.

Inicialmente, Martín-Barbero (1987), reconoce como el campo de lo que denominamos mediaciones se halla constituido por los dispositivos a través de los cuales la hegemonía transforma desde dentro el sentido del trabajo y la vida de la comunidad. Articulando completamente con lo que plantearemos desde el mundo del trabajo, de la política y la cultura para los excombatientes. Ya en términos de prácticas comunicativas tradicionales, han constituido una red de comunicación desde los grupos de WathsApp, el megafóno en algunos momentos, la recuperación del voz a voz entre los sectores que componen el Espacio de Reincorporación de Icononzo y el consumo especial de las emisoras locales y una que otra nacional. Y en esa misma vía, pensar la decolonización de la comunicación en palabras de Torrico (2018), lo que supone un doble movimiento: por una parte, liberarla conceptualmente, pues la idea predominante al respecto aún la mantiene reducida al hecho transmisivo, mediado por tecnología y que sólo se justifica por la búsqueda de beneficios para el emisor; por otra, recuperar en la práctica y en el más amplio sentido de su dimensión dialógica, democratizante y humanizadora, ya que a partir de su entendimiento presente su realización concreta sigue cimentada en la imposición y las asimetrías” (p. 14). En el sentido que le otorgan a sus prácticas, en la misma línea de Martín-Barbero <<el lugar desde donde se le otorga sentido a la comunicación<<, las mediaciones se hacen presentes en el género, las identidades e identificaciones, las instituciones sociales a las que pertenecen y los movimientos y organizaciones sociales de las que hacen parte.

De otro lado, en algún momento Ramón Grosfoguel (2005), advierte cómo las instituciones fundadas luego de la Segunda Guerra Mundial y que suponían el fin del colonialismo, siguieron manteniendo a la periferia una posición subordinada: “El fin de la guerra fría terminó con el colonialismo de la modernidad, pero dio inicio al proceso de la colonialidad global”. Y es en este contexto donde ubicamos nuestro análisis pensando un espacio periférico como el ETCR de Icononzo, donde hombres y mujeres proscritos por un conflicto interno armado de casi 60 años, se proponen reconfigurar, resignificar y reinventar una nueva manera de estar en el mundo, desde lo económico, lo político, lo social, lo educativo y lo familiar. Lo que nos lleva a repensar esas prácticas coloniales de larga duración, que supuestamente la modernidad hizo un corrimiento de las mismas, pero seguimos asistiendo al teatro de un colonialismo interno relacionado con nuestras mediaciones cotidianas en lo referido a lo racial, a lo étnico, a lo espiritual, a lo epistémico, a la sexualidad y a la clase. Pues no se desconoce que, en su mayoría, los excombatientes presentes en este territorio son mujeres y hombres de origen campesino donde se subsume lo indígena y lo afro, en algunos casos con reconocimientos espurios y en otros, donde no hay interés alguno por enunciar una pertenencia étnica; en términos comunicativos, se encuentran en momentos de creación y construcción a partir de lo que tienen en el espacio (cuando enunciamos el espacio, nos referimos al ETCR de Icononzo).

En este contexto, surgen sectores sociales que apuestan por otras prácticas económicas, en clave latinoamericana, emerge la referencia al concepto de lo popular. Desde las ciencias sociales en diferentes países de América Latina, surgen algunas denominaciones tales como Sectores Populares (tomando a Williams y Bourdieu, entendiéndose como sectores que propenden por un estadio permanente en lo laboral y prácticas propias), Clases Populares (Auyero, Merklen, Grimson, y Cerruti). En este caso, se refiere a los estudios adelantados en en villas, favelas y comunas, el clivaje de clase está presente en este tipo de investigaciones y una permanente inestabilidad laboral. Así pues, para pensar el universo de lo popular, se parte de las relaciones sociales, económicas, políticas y de poder. De otro lado, lo popular desde algunas acepciones, en la apuesta por reconocer las prácticas, producciones y significados que las y los actores sociales otorgan a sus maneras de ser y estar en el espacio. Todo esto puesto a la luz de este concepto que tanto tiempo se entendió como: “conjunto de gustos, hábitos sensibles e intelectuales “espontáneos” del pueblo, sin discriminar lo que representan sus intereses y lo que los aparatos estatales y privados inocularon en las masas a través de la educación escolar y comunicacional” (Canclini, 2004:157). Y desde el mismo autor, no perder vista el carácter híbrido y heterogéneo de nuestra región desde posturas ideológicas, interacciones económicas, culturas imaginarias y simbólicas que le dan sedimento a los que somos como entramado cultural latinoamericano.

Luego de la aproximación conceptual anterior, llegamos a las economías populares, las cuales son una definición en pugna, pues en la construcción de las mismas se dan elementos de diferentes prácticas económicas, aparecen de modo más generalizado como una experiencia de los barrios marginales o periféricos de las metrópolis latinoamericanas y “tercermundistas” o del denominado Sur Global. 

De acuerdo a esto, tal como lo advierte en su pregunta César Giraldo (2017) ¿Qué se entiende por economía popular?, desde la perspectiva del presente abordaje, la entendemos como actividad económica de los sectores populares, donde desarrollan una serie de actividades en las cuales los lazos de solidaridad están presentes en todo su quehacer, señala el autor que se trata “ […] de una economía realizada por personas pobres que desarrollan actividades desorganizadas por fuera de los marcos legales. La visión alternativa, la de la economía popular, reivindica que se trata de trabajadores que buscan la reproducción ampliada de la vida, en vez de la acumulación capitalista, quienes a su vez pueden construir formas de trabajo solidarias” (p. 45). De otro lado, Aníbal Quijano (2014) plantea que estas economías son “organizaciones económicas populares” (OEP) y son un conjunto heterogéneo de organizaciones formadas entre “pobladores”, especialmente, pero que comparten un rasgo: son organizaciones de tipo comunitario. 

Ahora, una economía alternativa puede sonar a una utopía lejana, pues las economías actuales que no están centradas en un capitalismo humanizado, pensando tal vez en una economía de mercado interno, de pequeña y mediana industria nacional que permita medir la capacidad de consumo y producciones locales, no es el escenario al que estamos habituados o que se pondere a futuro. Siguiendo a Galeano quien propone unas posibilidades otras a lo que históricamente hemos venido asistiendo en el mundo de lo económico: “Qué tal si deliramos por un ratito. Si clavamos los ojos más allá de la infamia. Para adivinar otro mundo posible…” Y en esos términos, aplica perfectamente a este Espacios de Reincorporación, donde mujeres y hombres excombatientes han firmado un acuerdo de paz y se han quedado en el mismo por su propia decisión, asumen su condición e inician todo un proceso de trabajo desde la base, desde construcciones colectivas (aunque ya se empiezan a vislumbrar algunas prácticas individuales), pero que se siguen enunciando desde lo colectivo, desde su pertenencia al Partido. De igual manera, es bueno tener en cuenta que esa sujeción al Partido, al territorio, así sea de forma autónoma, genera una serie de procesos dentro de las nuevas subjetividades que emergen en los espacios territoriales en la misma experiencia del estar ahí, pues vienen de un conflicto de larga data que dejó sedimentaciones, pero que al día de hoy están dispuestos al cambio y asumir los retos de esta nueva experiencia de vida.

2. Contexto icononzo

En lo más alto de las montañas en el departamento del Tolima (Colombia) está ubicada la vereda La Fila, y dentro del territorio, uno de los 23 ETCR establecidos en el acuerdo de paz y el más cercano a la capital colombiana. El espacio cuenta con 22 hectáreas donde los excombatientes de la FARC, vienen realizando el tránsito a la vida civil con todo lo que esto implica en términos territoriales, sociales y económicos.

Imagen 1.Vereda La Fila, Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación, Antonio Nariño

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Fuente: imágenes propias, Icononzo, 2019).

Para llegar al espacio, existen diferentes posibilidades: moto o Jeep, que son los más usados por los habitantes, estos transportes se adaptan al contexto, pues se transforma la parte trasera de este vehículo para que puedan ir más personas, tanto de pie como sentadas. Otra forma es contratar un taxi en Icononzo por un valor de 40 mil pesos, ésta último, el medio más utilizado por el grupo de investigación.

En la organización política y comunitaria, el ETCR se divide en cuatro sectores, el sector uno denominado Brisas de Paz, el sector dos denominado Carbonel, el sector tres 27 de mayo y el sector cuatro 22 de septiembre. Cada uno de estos espacios tiene la figura de comuna que es donde se toman las decisiones como espacio comunitario, desde allí se abordan todas las problemáticas relacionadas con lo cotidiano, por ejemplo, manejo de los servicios básicos: agua, luz eléctrica, alcantarillado, pavimentación. Solicitudes generales al espacio, donde tiene ya su Consejo de manejo general.

Al interior del ETCR funcionan actualmente 3 cooperativas, una fundación y dos asociaciones. Las tres cooperativas pertenecen a Ecomun1 que es la cooperativa nacional establecida y es la encargada de recibir, administrar y gestionar los recursos de la reincorporación individual y colectiva que define las Farc en el Acuerdo de la Habana, tal como la plantean, el modelo de manejo es democrático y cualquier persona puede acceder a los órganos de administración como a los de vigilancia. En su momento Pastor Alape, reconoce a Ecomun como: “…un proceso de esperanza a las comunidades excluidas y marginadas, un instrumento de paz territorial. La reincorporación económica es base para la paz duradera” (Semana, 2017). Al final se busca su transformación en una confederación de cooperativas, es a este tronco común administrativo al que pertenecen las tres cooperativas descritas a continuación: Cooperativa Multiactiva Del Común Tejiendo Paz (COOPTEJPAZ), Cooperativa multiservicios EMPRENPAZ, Cooperativa Multiactiva Agropecuaria del Común – COPAGROC ETCR vereda La Fila - Icononzo, Fundación arte y cultura Semillas de reconciliación, y la Asociación La Roja y Asociación de Mujeres Fareanas Antonio Nariño (ASOMUFAN).

Como parte de los avances en la cooperativa multiservicios Emprenpaz, se dio apertura al hospedaje, el restaurante y la tienda comunitaria. Ya se contaba con acceso a servicios de agua y luz (mediante una planta eléctrica que mantiene su horario de funcionamiento de 7:00 am a 11:00 pm) y servicio de internet. Había espacios definidos como un aula múltiple, la biblioteca, un salón para la reunión y ensayos de la Fundación cultural y artística y hasta un escenario que hacía las veces de gallera. Hasta el momento el espacio no posee una escuela o colegio, en algunos salones comunitarios distribuidos a lo largo del mismo, toman algunas capacitaciones, o quienes validan el bachillerato asisten a las clases que les imparten docentes que vienen desde la vereda La Fila o Icononzo, igualmente las niñas y niños se tienen que desplazar diario al colegio La Fila para asistir a sus clases.

En la última visita realizada por el equipo de investigación, los cambios físicos en el espacio son más puntuales, corresponden a arreglos locativos (piso del restaurante y la tienda, letreros con los nombres del hospedaje, el restaurante y el local de comidas rápidas) y la adquisición de mobiliario para el restaurante (muebles) y el hospedaje (nevera, lavadora). El espacio que era utilizado para la formación de los excombatientes, ahora se encuentra funcionando el hogar del ICBF “Montaña Mágica”, el “baby boom” trajo consigo una serie de transformaciones y con ello, el pensarse en un espacio comunitario de cuidado en el que se le haga frente a todo lo que implican estas nuevas formas de vida. Este hogar recibe diariamente 8 niños y niñas entre 2 a 5 años de edad del espacio y la vereda; contiguo se encuentra un parque infantil pequeño. Por otro lado, se arregló y delineó el piso de la cancha de deportes. 

Se evidenció la modificación de algunos de los espacios prefabricados (construcción y ampliación) mediante el uso de algunos materiales que son tomados del mismo terreno, más ladrillos y ornamentación traída del Icononzo, sumado a la delimitación y adecuación de espacios (con madera y plástico) usados como parqueaderos debido a la presencia de algunas camionetas y motos que transitan el territorio. El auditorio está ubicado en la zona 22 de septiembre y alberga todos los eventos que convocan al ETCR en pleno.

Es de anotar que este es uno de los tantos ETCR creados en el marco del proceso de paz, así que los mismos se articulan al partido de las Farc y, por ende, su forma administrativa el Consejo, donde se encuentran quienes lideran la organización del espacio y regulación de temas alrededor de la sexualidad y el consumo de drogas, así como la toma de decisiones en casos, por ejemplo, la expulsión por temas de robo. En la figura de la comuna como espacio comunitario de decisiones, se realizan reuniones para abordar problemas de la comunidad desde el manejo de basuras, el acceso a servicios hasta el agua. 

De los 320 habitantes (este número varia permanentemente), no todos son excombatientes, siguen llegando muchos familiares a reencontrarse, unos se quedan a vivir unos meses y otros de manera permanente, no todos son afiliados al partido y entre ellos se cuenta con la presencia de más de 100 niños y unas 10 madres gestantes. Este dato, se aporta en los momentos del segundo semestre del 2019, cuando se adelantó el trabajo de campo, se tiene en cuenta que es un número que fluctúa permanentemente por la entrada y salida de excombatientes, familiares y demás.

3. Aproximación metodológica

En términos metodológicos la apuesta en nuestro trabajo giró en torno a no perder de vista los detalles de una cotidianidad encarnada en los actores sociales y los propios de los investigadores, en la misma vía de la apuesta histórica etnográfica, tal como en su momento lo señaló Brolisnaw Malinowski (En Guber, 2001): “Poco después de haberme instalado en Omarakana empecé a tomar parte, de alguna manera, en la vida del poblado, a esperar con impaciencia los acontecimientos importantes o las festividades, a tomarme interés personal por los chismes y por el desenvolvimiento de los pequeños incidentes pueblerinos; cada mañana al despertar, el día se me presentaba más o menos como para un indígena (...) Las peleas, las bromas, las escenas familiares, los sucesos en general triviales y a veces dramáticos, pero siempre significativos, formaban parte de la atmosfera de mi vida diaria tanto como de la suya (…) Más avanzado el día, cualquier cosa que sucediese me cogía cerca y no había ninguna posibilidad de que nada escapara a mi atención” (Malinowski [ 1922] , 1986: p. 25). En esta ocasión el ejercicio de observación nos permitió aproximarnos a algunos hogares, ver la cotidianidad y formas de encarar el ser excombatiente en tiempos en que los acuerdos sufren permanentes altibajos, lo que nos lleva a participar de cerca en su cotidianidad, llegar a algunas reflexividades (Participación: los dos polos de la reflexividad) frente al trabajo de campo en cuestión.

Este es un punto muy interesante, pues desde nuestra aproximación a campo en términos generales no tuvimos problemas por parte de los excombatientes, si cambiaron roles en el espacio, ausencias y en otros casos, tiempos muy ajustados para atendernos, lo que nos lleva a replantear lo metodológico de la investigación. En ese mismo contexto, hacer frente a las contingencias que se pueden presentar en el trabajo de campo, las maneras y formas de aproximarnos y lo que emerge en el mismo, las interpelaciones y solicitudes de los actores sociales.

Desde Guber (2001), “los antropólogos no se han limitado a hacer preguntas sobre la mitología o a observar a los nativos tallando madera o levantando una cosecha. A veces forzados por las circunstancias, a veces por decisión propia, optaron por tomar parte en esas actividades. Este protagonismo guarda una lógica compleja que implica desde comportarse según las propias pautas culturales, hasta participar en un rol complementario al de sus informantes, o imitar las pautas y conductas de estos. Las dos primeras opciones, sobre todo la primera, son más habituales al comenzar el trabajo de campo. El investigador hace lo que sabe, y “lo que sabe” responde a sus propias pautas y nociones, por lo que en general ocupa roles conocidos (como el de “investigador”). Seguramente incurrirá en errores de procedimiento y transgresiones a la etiqueta local, pero por el momento este es el único mapa con que cuenta. Lentamente irá incorporando otras alternativas y, con ellas, formas de conceptualización acordes con el mundo social local” (p. 60).

De otro lado, Restrepo (2016) advierte como para el trabajo de campo, “un principio ético nodal consiste en que las personas con las cuales se adelanta el estudio deben tener pleno conocimiento de lo que vamos a hacer. Si la investigación etnográfica no se deriva de una demanda de las personas con las que estamos trabajando, debemos contarles de manera clara y adecuada, tantas veces como sea necesario y recurriendo a las estrategias pedagógicas acertadas, cuáles son el objeto y los propósitos del estudio. Esto no es tarea fácil. Dependiendo del tipo de personas, hay que buscar las formas más adecuadas para explicarles qué vamos a hacer y por qué lo estamos haciendo. En algunas ocasiones, esto puede ser comunicado por escrito mediante un protocolo que se entrega a las personas. Algunos investigadores hacen firmar este documento que, en este caso, se denomina consentimiento informado. En lugares donde la gente no está acostumbrada a los textos escritos, que muchos de ellos no saben leer, tal vez unas reuniones con la comunidad y con sus líderes pueden ser muy útiles para explicar en qué consiste nuestro estudio y por qué lo estamos realizando. No debemos olvidar que hay que recurrir a un lenguaje sencillo para hacernos entender. Además de estas reuniones, es importante repetirles a las personas con las cuales nos vamos relacionando cotidianamente lo que estamos haciendo, sobre todo cuando percibimos que no hay todavía la suficiente claridad de lo que hacemos” (pp. 88-89). Todo lo anterior nos llevó a posicionarnos desde una etnografía In Situ, participativa, colectiva y crítica. “…mi objetivo ha sido aprender no sólo cómo han sido las cosas, sino también cómo deben ser; he querido conocer y juzgar. No podemos simplemente estudiar a los otros: siempre, en todas partes, en todas las circunstancias, vivimos con ellos” (Todorov, 1991). Por ello, nos dimos a la tarea de adelantar el análisis contextual de lo que se da en las prácticas con los actores sociales, advirtiendo los sentidos que les otorgan a sus propias prácticas.

4. Consideraciones finales

En el ETCR, se dan actualmente una serie de relaciones que ubican al sujeto en primer lugar, pues el echo de traer toda una disciplina de ejército y de partido, la camaradería, el estar juntos, el negociar el conflicto, apostar por metas comunes, está permanentemente presente en sus discursos y sus acciones, incluso, en el rol de padres, tanto los hombres como las mujeres están totalmente dedicados a sus hogares y en las tareas del cuidado, apoyo y manutención de lo que han construido hasta el momento, dando un lugar de suma importancia a la existencia de los hijos, lo que se convirtió en el centro de sus preocupaciones y no se arrepienten de haberse sometido al proceso de paz.

El trabajo como elemento de construcción de paz en el marco del posconflicto en el ETCR Antonio Nariño, se convierte en una tarea diaria para la sostenibilidad de los acuerdos y todo lo relacionado con la empleabilidad después de haber estado años en las filas farianas, lo que viene a ser un reto si lo pensamos en términos de adaptarse a una estructura laboral tradicional, o como lo hemos visto, a ejercicios de economías diversas que pasan por el cooperativismo, lo popular, lo comunitario, lo solidario, y una serie de prácticas económicas que buscan la reproducción ampliada de la vida, en vez de la acumulación capitalista. En este sentido, traemos a Gibson y Grahan (2011): donde las autoras se aproximan a las relaciones económicas como algo contingente más que configurado determinísticamente, al valor económico como algo distribuido libremente más que secuestrado por determinadas actividades y negado a otras, y a las dinámicas económicas como algo que prolifera más que reducible a un conjunto de leyes reguladoras y lógicas mecánicas (p. 175).

“El trabajo nos da una identidad, es una manera de definir quiénes somos”, comenta uno de los excombatientes. En este contexto, en nuestras aproximaciones al espacio, logramos reconocer cómo los excombatientes acuden a diversas maneras de pensar y hacer el trabajo en sus diferentes dimensiones: el trabajo del cuidado, el trabajo colectivo en la construcción de sus viviendas, el trabajo solidario para crear cooperativas, asociaciones y fundaciones, entre otros. Esto, nos lleva a pensar en el sentido que tiene el trabajo para los excombatientes en la transición, no sólo a partir de prácticas económicas para el sostenimiento de la vida, sino, además para la producción del excedente, que hasta ahora se ha centrado en el cooperativismo, aunque hasta el momento ninguna de las cooperativas creadas lo genera. Lo recolectado en nuestro trabajo de campo indica que en un futuro todo el excedente que se produzca en las cooperativas estará destinado a su reinversión y quizás, más adelante, al beneficio directo de los afiliados.

Sin embargo, se identificó que no se pierden de vista las relaciones con el afuera, que hasta ahora se traducen en la posibilidad de construir formas de trabajo en la vereda La Fila y el municipio de Icononzo. Esto en el ETCR se logra evidenciar en las formas en que los excombatientes se han reunido según sus conocimientos e intereses para conformar cooperativas. En otro caso, encontramos una tienda y una papelería, que son ya iniciativas individuales propias de los excombatientes. Estas rutas se vienen explorando para su propia sostenibilidad, pero de igual manera parten de prácticas comunitarias por su formación, y llegan a advertir que si tienen que ir a trabajar por un jornal lo hacen, por una mera cuestión de sobrevivencia.

Hasta ahora estas formas de trabajo en el ETCR Antonio Nariño, en palabras de uno de sus habitantes “no están alcanzando la meta de que vivamos bien”. Los ocupantes del ETCR plantean diversas formas de vivir bien, por un lado reconocen que están en un espacio que les ofrece seguridad y tranquilidad, compañerismo, sentido de pertenencia, solidaridad, no obstante prevalecen necesidades básicas por suplir como son la red de alcantarillado, de agua, y de energía eléctrica (pues la misma se ofrece a partir de la planta eléctrica de 7 de la mañana a 11 de la noche y el resto del tiempo hay ausencia de ella).

Pese a los contrastes que evidenciamos, lo necesario para vivir, no solo está siendo asumido como un conjunto de condiciones materiales que requieren ser satisfechas: vivienda, alimento, vestido y las cuales movilizan las iniciativas productivas y las búsquedas laborales de las y los excombatientes. Vivir bien, implica no solo tener las necesidades básicas satisfechas, desde una mirada clásica del bienestar, sino que contempla otros asuntos como la satisfacción y realización a través del trabajo, el despliegue de dones y talentos, el manejo del tiempo, el ocio, la comunalidad y los vínculos de solidaridad, para algunos excombatientes con un nivel mayor de adherencia y convicción política, lo necesario para vivir bien, contempla también la realización colectiva a través de la materialización del proyecto político. (Notas de campo, equipo de investigación, julio del 2019)

La economía en el ETCR, además de plantear una propuesta de ser en común, viene transitando por cuidados familiares compartidos, crianza de animales para el propio consumo (autoabastecimiento), y otros para la venta (como peces, cerdos y gallinas), cultivo de frutales, huertas y una propuesta nueva sobre cultivo de café. De igual manera, algunos no abandonan el trabajo asalariado o la misma idea de poseer un negocio propio, autoempleo como la miscelánea que existe actualmente, todo lo relacionado con belleza, odontología, gallos y una economía permanente del cuidado. Lo anterior habla de un completo entramado productivo en el espacio que lleva a prácticas económicas diversas.

Los excombatientes se integran con los habitantes de la vereda La FILA, en los programas de formación ofrecidos por distintas organizaciones y universidades (por ejemplo, validación del bachillerato, contabilidad, confección), en eventos deportivos tanto dentro como fuera del espacio, asistencia a eventos culturales y sociales como las peleas de gallos, celebración de cumpleaños, así como en el caso particular de la cooperativa multiservicios y la contratación de dos mujeres de la vereda para las labores en el restaurante.  Ya, con el municipio de Icononzo lo hacen desde el Partido de La Rosa, incluso una de las lideresas del espacio, Valentina, se presentó como candidata a la alcaldía en las elecciones de octubre de 2019. Igualmente, acuden al mercado campesino donde llevan algunos de sus productos, gallinas y artesanías.

Menciona Jesús Martín-Barbero (1987), como en el proceso de la comunicación se juegan cuestiones centrales relacionadas con los elementos de la recepción, las resistencias que ahí tienen su lugar y el contexto de la apropiación desde los usos. Lo que nos permite ver en el espacio, las formas y maneras de encontrarse de los excombatientes, estos procesos se asumen desde las redes sociales, las mediaciones con sentidos comunitarios y participativos, la posibilidad de los entramados humanos, artefactos móviles de comunicación y el cotidiano desde las emisoras comunitarias, alternativas y comerciales que se escuchan en la vereda La Fila y el municipio de Icononzo, sin desconocer el voz a voz.

En términos de educación, en el ETCR hay una preocupación permanente, pues para lograr que las niñas y niños asistan a un centro educativo, tienen que desplazarse a la escuela de la vereda La Fila, el tiempo puede ser de una hora caminando, por ello en el momento de hablar sobre este tema, plantean la necesidad de construir una escuela dentro del espacio y tener la posibilidad de maestros locales. De otro lado, sobre el tema educativo, hasta el momento los más beneficiados por programas a distancia, culminar el bachillerato y adelantar cursos de formación, son los padres de estos niños y niñas, en nuestro primer trabajo de campo, logramos asistir al grado de bachilleres de 50 excombatientes, todo ello en una alianza con el colegio de la vereda La Fila y la Universidad Nacional a Distancia (UNAD).

En lo referente a la variable étnica, se puede afirmar que, en el ETCR de Icononzo, los procesos de autoafirmación pasan más por cuestiones campesinas que afrodescendientes, indígenas o gitanas2. Por lo tanto, en la aproximación a estas cuestiones encontramos datos mínimos, pues en el 2017 se realizó un censo socioeconómico por parte de la Universidad Nacional de Colombia. El mismo, referencia una encuesta de 10115 excombatientes de las Farc, lo que arrojó fue una identificación étnica de 3003 personas, categorizadas así: 18% indígenas, 12% afros, 0,04% gitanos, 0.09 palenqueros, 0.03% raizales. Ya en el ETCR de Icononzo, fueron muy pocas personas que se ubican en este sector poblacional. En este espacio en el momento en que la Universidad Nacional adelantó la encuesta, se encontraban censadas 442 personas (Universidad Nacional, 2018). En la aplicación de un instrumento de capacidades personales que adelantamos casa por casa, en medio de las conversaciones cuando se indagaba si tenía alguna pertenencia étnica, en ninguno de los casos era afirmativo:

En consecuencia, los miembros de un grupo no son percibidos como absolutamente determinados por su pertenencia cultural o ‘étnica’, puesto que ellos mismos son los actores que le atribuyen un significado en función de las relaciones que mantienen. Lo que equivale a considerar que la identidad se construye y se reconstruye constantemente en el seno de los intercambios sociales. Luego la identidad es siempre una relación con el otro. Dicho de otro modo, identidad y alteridad están indisolublemente vinculadas en una relación dialéctica en la que la identificación va de la mano con la diferenciación. (García, 2008:6)

Lo que si vemos una relación permanente con el campo colombiano, con la ruralidad, en la medida en que proyectan acciones que les permitan obtener la propiedad de tierra a pequeña escala, lotes de animales y cultivos, dentro de los que mencionan explícitamente la sábila y el café. Estas proyecciones se relacionan con lo que propone desde su enfoque territorial el Acuerdo de Paz, pues el mismo supone reconocer y tener en cuenta las necesidades, características y particularidades económicas, culturales y sociales de los territorios y las comunidades en que los excombatientes se insertan. La segunda, pasa por pensar en tener un puesto de ventas, un negocio propio relacionado con supermercados, almacenes, cafeterías o puntos de venta que les permitan “producir” desde espacios comerciales. Hasta el momento dentro del ETCR, en términos de prácticas y herencias coloniales, podemos observar como en sus prácticas diarias existe un permanente rescate de lo propio, desde nuestra observación las prácticas coloniales tan instaladas en occidente, allí no prevalecen en su totalidad y aún no se vislumbra lo que podríamos denominar el paso a una colonialidad desarrollista.

Finalmente, esto nos lleva a pensar cómo el cultivo de sujetos para la vida comunitaria que agencian una serie de conocimientos ganados en la guerra, posibilitan otras maneras de habitar los Espacios de Reincorporación y proponer prácticas sociales, comunicativas y económicas diversas. La pregunta que queda es por la sostenibilidad de formas colectivas de producción y reproducción de la vida a futuro.

Referencias bibliográficas

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1 “Economías Sociales del Común es, por consiguiente, una persona jurídica de derecho privado, de carácter asociativo sin ánimo de lucro, que actuará con la sigla Ecomun, con un número de asociados y un patrimonio social variable e ilimitado, y con una duración indefinida, sin perjuicio de su disolución y liquidación en cualquier momento conforme a la ley y a los presentes Estatutos” (Consultado en: http://ecomun.com.co/).

2 La Constitución Política de Colombia en el año 1991, reconoce tres “minorías” importantes dentro del panorama nacional: Afros, indígenas y gitanos. Hasta el año 2005 en Departamento Nacional de Estadística reportaba para la cuestión afrocolombiana, palenquera y raizal un 10% de la población nacional. En el año 2019 se realiza un nuevo censo, pero el mismo tuvo problemas de construcción, en el apartado que nos interesa, en esta ocasión, según el Departamento de Estadística Colombiano, daba una reducción en la población afrocolombiana, palenquera y raizal, lo que hasta el momento se discute y no tiene fundamentación alguna.

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