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Contribuciones y experiencias de la comunicación desde América Latina y Caribe


Hugo Ramírez ALER / hugo@aler.org Sally Burch ALAI / sburch@alainet.org

Chasqui. Revista Latinoamericana de Comunicación N.º 141, agosto-noviembre 2019 (Sección Monográfico, pp. 87-104)
ISSN 1390-1079 / e-ISSN 1390-924X Ecuador: CIESPAL
Recibido: 21-06-2019 / Aprobado: 09-10-2019

Resumen

El artículo aborda el recorrido histórico en el último medio siglo, de la comunicación alternativa, popular, comunitaria en América Latina y el Caribe en su propósito de hacer tangible la demanda recurrente de la democratización de las comunicaciones y asumirla como un derecho. En este proceso se inscribe también el empeño de promover temas como participación ciudadana, integración regional que coadyuven a una mejor convivencia democrática. Se subraya la participación protagónica y articulada de distintas experiencias de medios alternativos, organizaciones y redes de comunicación popular; movimientos sociales que materializaron distintas acciones en el espacio local, nacional, e internacional. Se destaca de manera particular, el aporte de las emisoras populares en el fortalecimiento de prácticas democráticas, la lucha por el cuidado del ambiente y el fomento del derecho a la comunicación en los últimos 30 años. El artículo concluye la ratificación del compromiso de la comunicación popular por construir el horizonte civilizatorio del Buen Vivir en un mundo digitalizado.

Palabras clave: comunicación popular, democratización y derecho a la comunicación, participación ciudadana, integración, buen vivir

Contributions and experiences of communication from Latin America and the Caribbean

Abstract

The article tracks the historical record in the past half-century of alternative, community and popular (i.e. people’s) communication in Latin America and the Caribbean in its quest to materialize the recurrent demand for the democratization of communication and assume it as a right. This process also includes an effort to promote issues such as citizen participation and regional integration that contribute to better democratic coexistence. The paper underlines the leading role and the interconnected participation of different experiences of alternative media, organizations and popular communication networks; social movements that have carried out different actions in the local, national, and international arena. Particular attention is given to the contribution of popular radio stations in strengthening democratic practices, the fight for the care of the environment and the promotion of the right to communicate in the last 30 years. The article concludes with the ratification of the commitment of popular communication to building the civilizing horizon of Good Living in a digitalized world.

Keywords: popular communication, democratization of communication and the right to communicate, citizen participation, integration, good living

Contribuições e experiências de comunicação da América Latina e do Caribe

Resumo

O artigo aborda a jornada histórica, no último meio século, da comunicação comunitária alternativa e popular na América Latina e no Caribe, com o objetivo de tornar tangível a demanda recorrente pela democratização das comunicações e assumi-la como um direito. Esse processo também inscreve o esforço de promover questões como a participação do cidadão, a integração regional que contribui para uma melhor convivência democrática. Destaca-se a participação liderada e articulada de diferentes experiências de mídia alternativa, organizações e redes de comunicação popular; movimentos sociais que materializaram diferentes ações no espaço local, nacional e internacional. Em particular, a contribuição das emissoras populares no fortalecimento das práticas democráticas, na luta pelo cuidado do meio ambiente e na promoção do direito à comunicação nos últimos 30 anos. O artigo conclui a ratificação do compromisso da comunicação popular em construir o horizonte civilizacional do Bem Viver em um mundo digitalizado.

Palavras-chave: comunicação popular, democratização e direito à comunicação, participação cidadã, integração, bem-estar

 

Desde hace más de medio siglo, en América Latina y el Caribe, la democratización de la comunicación ha surgido como una demanda recurrente desde diversos sectores sociales organizados, y también como práctica y afirmación de un derecho, para que los grupos sociales excluidos puedan tener acceso a los medios de comunicación y de expresión social.

1. Convergencias y propuestas para democratizar la comunicación

En los años ‘60 y ’70 del siglo pasado, época de dictaduras y bloqueo informativo en la región, la democratización de la comunicación se visualizó sobre todo como una práctica concreta –la apropiación de un derecho— a través de innumerables experiencias impulsadas por organizaciones sociales de base, como expresión de la resistencia: boletines, revistas, panfletos, historietas, fotonovelas, radio comunitaria, altoparlantes barriales, teatro callejero, marionetas, música, entre otras. Esta ola de la comunicación popular fue acompañada, a su vez, de un proceso prolífico de exploraciones teóricas (con aportes, por ejemplo, de Luis Ramiro Beltrán, Paulo Freire y Mario Kaplún).

Desarrolladas mayoritariamente en condiciones marginales, estas experiencias se identificaron bajo diversas etiquetas: comunicación de base, grupal, horizontal, participativa, dialógica, liberadora, alternativa o popular... dependiendo, entre otras cosas, del grado de crítica al sistema de comunicación dominante. Con el tiempo, “comunicación alternativa” se convirtió en el nombre más genérico (si bien no elegido por todos), principalmente porque la UNESCO adoptó la etiqueta durante los debates sobre el Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC) en la década de los ‘70. Pero muchas de ellas consideraban que “comunicación popular” –es decir, “del pueblo”– era el término más preciso, ya que connotaba inscribirse en la lucha ideológica-política frente al poder de las élites en la comunicación. Esta corriente “conceptualmente asume ‘lo popular’ como un factor de la relación de dominación presente en la sociedad: sector dominante/sector popular, que remite a la cuestión del poder y las luchas por la hegemonía –entendida como conducción, no como simple señalamiento cuantitativo de mayoría-.” (León, 2008)

En los años ‘80, con el retorno a la democracia, acompañada de una mayor libertad de prensa, pero coincidiendo con la crisis económica que golpeó la organización social en general, se dificultó la sobrevivencia de muchos iniciativas de comunicación popular; no obstante, la tendencia se mantuvo viva.

Paralelamente, había ido surgiendo una visión más amplia que postula la comunicación y la información como un elemento clave para fomentar la participación ciudadana en la vida democrática y para lograr sociedades más justas e inclusivas (Burch et al, 2004, p 114). En este marco, ya en los años ‘70 habían surgido iniciativas mediáticas regionales identificadas con la comunicación popular, como la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica1 -ALER-, que luego de sus inicios en programas de alfabetización se convirtió pronto en una red de radios populares. O la Agencia Latinoamericana de Información -ALAI-, que tejió una red comunicacional regional de comunicación escrita, junto con instancias de comunicación popular vinculadas a procesos sociales en diversos países.

1.1. Hacia la articulación regional

Fue en Brasil, hacia mediados de la década de los ‘80, que el movimiento ciudadano que presionó por el retorno a la democracia acuñó el lema “sin democratización de la comunicación, no hay democracia”, expresando el descontento generalizado de la ciudadanía con los medios de comunicación del sistema que habían apoyado abiertamente a la dictadura o se habían acomodado a su régimen. De allí nació un movimiento nacional por la democratización de la comunicación.

No obstante, en los años ’80 y ‘90, con la influencia del neoliberalismo y del modelo mediático estadounidense, los medios comerciales establecieron prácticamente un monopolio sobre el paisaje mediático regional, especialmente en televisión. La academia, por su parte, se dedicó principalmente a estudiar los medios masivos, dejando en una cierta orfandad investigativa a la comunicación popular, durante varios años. Entretanto, con las nuevas posibilidades que ofrecía internet para una comunicación de mayor escala y alcance geográfico, y el abaratamiento y mayor accesibilidad de la tecnología con la digitalización, a partir de los ’90, la comunicación alternativa y popular se revigoró y se fortaleció. En este contacto, el movimiento regional por la democratización de la comunicación tuvo un nuevo impulso.

Ya en plena época de la globalización, este proceso coincidió con la renovada importancia de las diversas conferencias y cumbres mundiales de las Naciones Unidas (sobre derechos humanos, medio ambiente, mujeres, desarrollo, población) y un renovado interés de las organizaciones sociales y entidades de la sociedad civil de incidir en ellas. A su vez, la expansión de Internet y las nuevas posibilidades de intercomunicación potenciaron enormemente el trabajo en red para poder incidir en los debates y acuerdos de la ONU. El sector de la comunicación popular también vio en estos espacios una oportunidad para replantear la lucha por la democratización y los derechos de la comunicación. Es decir que, más allá de la práctica de la comunicación popular y alternativa, se percibía la necesidad de incidir en políticas y normativas, en el plano nacional e internacional, para reafirmar y ampliar los derechos ya reconocidos.

Un momento clave en este proceso de convergencia regional fue el “Encuentro Latinoamericano de Medios Alternativos y Populares” que tuvo lugar en Quito, Ecuador, en abril de 19932. El Encuentro identificó la concentración mediática como uno de los principales obstáculos para el desarrollo democrático de la región. Afirmando valores de pluralismo, participación y debate democrático, lanzó un llamado para “promover un amplio movimiento a favor de la democratización de la comunicación, como parte de la democratización global de la sociedad” (ALAI, 1993). Se formuló, además, una propuesta para que se afirme y fortalezca el Derecho a la Comunicación, dirigida a la Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos (en Viena, junio 1993). Este hecho contribuyó a que el tema vuelva a ser prioridad en la agenda de los medios alternativos y populares de la región.

En 1995, diversas organizaciones del continente organizaron el Gran Festival de Radioapasionados y Televisionarios, cuya Declaración propuso: actualizar la legislación para garantizar y fortalecer los medios comunitarios; reconocerlos como una forma de propiedad social, igual a las categorías comerciales privadas o estatales; y reservar una porción del ancho de banda para las radios comunitarias y la televisión, incluyendo las nuevas frecuencias digitales (Gran Festival, 1995).

En 1998, la ONU organizó en Ottawa el Foro Mundial Viena+5, (coincidiendo con el 50 aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos) para hacer el balance desde la sociedad civil de lo avanzado desde la Conferencia de Viena. Allí se reafirma la demanda por el Derecho a la Comunicación y se exhorta a Naciones Unidas, como aporte desde América Latina, que convoque a una Conferencia Mundial de la Comunicación, con amplia participación de la sociedad civil.

1.2. Movimientos sociales frente a la comunicación

Si las décadas de los ‘70 y ‘80 vieron la reconstitución de los procesos de organización social en muchos países, primero contra las dictaduras y luego contra las medidas neoliberales, fue sobre todo a partir de los años ‘90 que los movimientos sociales fortalecieron lazos y luchas comunes a escala regional. Surgieron diversas coordinaciones y redes sociales regionales sectoriales, algunas de las cuales subsisten hoy (como la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo – CLOC- Vía Campesina); otras más puntuales. Pero también, como fenómeno nuevo de la época de la globalización, emergieron convergencias y campañas intersectoriales, como la Campaña 500 Años de Resistencia Indígena Negra y Popular (1989-1993) y posteriormente la Campaña Continental contra el ALCA3 (2002-2005).

En este marco, la comunicación ha sido un tema de debate permanente (ver León et al 2005), tanto por la necesidad de desarrollar políticas y estrategias de comunicación como componente clave de la acción y la lucha social, como también porque la democratización de la comunicación ya entró como reivindicación en las plataformas de acción de diversos movimientos sociales.

En este marco, el Foro Internacional: Comunicación y Ciudadanía4

(El Salvador, septiembre 1998), fue un momento destacado de confluencia regional entre el ámbito de medios de comunicación alternativos y populares y delegaciones de movimientos sociales, del campo, indígenas, afrodescendientes, de mujeres, entre otros. El Foro contribuyó a un entendimiento compartido de que la lucha por democratizar la comunicación solo avanzará con la movilización de una amplia gama de movimientos sociales y ciudadanos, ya que implica confrontar poderosos intereses. Permitió tender puentes entre estos sectores para una interacción que ha prosperado significativamente en las décadas subsiguientes. El Foro apoyó también la demanda del Foro Viena + 5 de una Conferencia Mundial de la Comunicación, entendiendo que las nuevas tecnologías presentan nuevas oportunidades y retos, pero también riesgos por el hecho de que “se concentran en los mismos grupos que controlan el poder económico y político y hegemonizan los medios de comunicación a nivel mundial” (Foro Internacional: Comunicación y Ciudadanía 1998).

Como resultado de este proceso, poco a poco estos movimientos fueron asumiendo a la comunicación como un área de disputa estratégica, y por lo tanto, como anota Osvaldo León:

…hay que reajustar la mira para pasar de los “medios” a los “fines”; esto es, de la visión instrumental a la política. Y, consecuentemente, encarar el desafío de pensar en estrategias comunicacionales contra-hegemónicas como condición para desbloquear la capacidad de expresión de las fuerzas sociales históricamente sometidas que hoy pugnan por su liberación. (León, 2007)

En cada vez más organizaciones, esta comprensión fue dando lugar a iniciativas que vinculan la comunicación con las estrategias de acción social. Una expresión de este proceso es la Minga Informativa de Movimientos Sociales, una coalición nacida hacia 1999, y que para mediados de la década siguiente llegó a aglutinar a una decena de redes y coordinaciones sociales continentales, principalmente para responder a los nuevos retos de tener presencia en internet, ya que al hacerlo en forma colectiva se lograba un impacto mucho mayor que la simple suma de los componentes. La página web de la Minga Informativa, www.movimientos.org, se convirtió en esa época en el principal referente de comunicación de los movimientos sociales de la región, que en su momento albergó el sitio Web de la Campaña Continental contra el ALCA.

Un texto presentado por la Minga Informativa para un debate entre movimientos sociales sobre la comunicación evoca a ésta como un factor constitutivo de los procesos organizativos, y concluye que, si bien el ‘consenso mediático’ cuenta con la concentración de medios y altos recursos financieros y tecnológicos, que le permiten ‘hablar’ más alto, “nosotros podemos llegar, aunque sea con un susurro, más profundamente a los sectores populares”.

1.3. Campañas por derechos de la comunicación

La propuesta de una Conferencia Mundial de Comunicación, presentada a la ONU por organizaciones sociales y ciudadanas, sin duda incidió en la decisión del organismo mundial de convocar la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (CMSI – Ginebra 2003 y Túnez 2005), con participación de la sociedad civil –y también del sector privado– como actores formales con derecho de voz en el proceso. En la fase preparatoria de la CMSI, surge la Campaña por los Derechos de la Comunicación en la Sociedad de la Información (CRIS, por su sigla en inglés), impulsada sobre todo por entidades de Europa y América Latina que ya venían convergiendo en torno a anteriores iniciativas.  La campaña fue lanzada en el marco del Foro Social Mundial 2002, en Porto Alegre, con lo cual estableció su identificación con otros procesos sociales en curso.

La Campaña CRIS constituyó una plataforma clave para promover un enfoque de derechos en la CMSI, como alternativa a la visión tecnologista que primaba en la convocatoria de ésta (ver Burch et al, 2004). En tal sentido, le correspondió asumir un cierto liderazgo entre sectores de la sociedad civil que coincidían en esta meta.

Desde su Declaración de Principios (CRIS, 2001), la Campaña colocó una visión de la sociedad de la información que hoy parece profética:

Muchas personas temen que detrás de la actual tendencia hacia la sociedad de la información esté la implacable expansión del control corporativo, ahogando la disidencia y fabricando el consentimiento. Los intereses corporativos globales están firmemente en el asiento del conductor, con los gobiernos relegados a arbitrar entre monstruos que disputan la mayor parte del botín. Se presta poca atención a la regulación internacional y a las implicaciones para las personas y el desarrollo social.

CRIS planteaba una visión de la “Sociedad de la Información” basada en el Derecho a la Comunicación, “como medio para mejorar los derechos humanos y fortalecer la vida social, económica y cultural de las personas y las comunidades” y proponía que su construcción sea “basada en los principios de transparencia, diversidad, participación y justicia social y económica, e inspirada en perspectivas equitativas de género, culturales y regionales”.

Por su parte, la sociedad civil latinoamericana hizo algunas contribuciones relevantes al proceso de la CMSI. En el primer Prepcom de Ginebra en 2002, desde un evento preparatorio en Ecuador5, se llevó una propuesta que cuestionó la visión tecno-céntrica implícita en el término “Sociedad de la Información”, lo que motivó a los actores de la sociedad civil a plantear más bien el término “sociedades de la información y la comunicación”, para destacar tanto la pluralidad y diversidad de las sociedades humanas, como el proceso interactivo y participativo que implica la comunicación. (Ver Burch, 2005)

La experiencia latinoamericana en articular redes de movimientos sociales fue también un aporte clave6, que contribuyó a generar posiciones de consenso entre entidades de la sociedad civil durante la fase de Ginebra de la CMSI, donde, además de introducir significativos contenidos a los acuerdos oficiales, la sociedad civil produjo también su propia declaración (CMSI – Sociedad Civil, 2003), por consenso; documento que recoge la riqueza de las propuestas dirigidas desde este sector a la Conferencia.

Hacia mediados de la primera década del nuevo siglo, cuando el signo político de América Latina estaba comenzando a cambiar con la llegada de gobiernos progresistas en un buen número de países, sobre todo de Suramérica, se vio una nueva oportunidad para avanzar en materia de legislación y políticas públicas para democratizar la comunicación. En este marco, nació la Campaña Continental por los Derechos de la Comunicación7, que identificó entre sus temas prioritarios: políticas públicas para limitar la influencia de los intereses basados en el mercado y garantizar una pluralidad de fuentes de información independientes; soberanía y diversidad cultural; y acceso abierto a la tecnología, la información, la capacitación, el software. La Campaña también hizo un llamado por la creación de medios de comunicación públicos con participación ciudadana, el reconocimiento legal y la promoción de los medios comunitarios, una perspectiva de género en la comunicación, y la promoción de un amplio debate sobre los derechos de la comunicación.

La Campaña duró unos dos años, pero los temas que puso en agenda pasaron a ser prioridad para las luchas nacionales en varios países de la región en los años subsiguientes, con algunos logros notables. Una lucha central ha sido el reparto equitativo de las frecuencias radioeléctricas, para que los medios comunitarios puedan acceder en igualdad de condiciones; también las políticas públicas necesarias para favorecer su desarrollo; límites a los monopolios mediáticos; y el establecimiento de ciertas normas para un funcionamiento democrático de los medios de comunicación.

El reconocimiento de la comunicación como un derecho en las Constituciones de Bolivia y Ecuador (como primicia mundial); la nueva legislación en Argentina y Uruguay para democratizar el espectro radioeléctrico; la realización de la Conferencia Nacional de Comunicación en Brasil, las políticas públicas que favorecieron los medios comunitarios en Bolivia, Venezuela y Argentina, así como las reformas de ley en El Salvador que al menos reconocen a los medios comunitarios y el acceso al espectro radioeléctrico, fueron algunos resultados donde las propuestas de este sector tuvieron eco. No obstante, el paso de los acuerdos en papel a la práctica no siempre se concretó. En Brasil, muy poco de las conclusiones de la Conferencia se plasmaron en leyes o políticas públicas; en Ecuador, se dilató el concurso para que los medios comunitarios puedan acceder al 34% de las frecuencias, previsto por la Ley, y luego, con el gobierno actual, este se anuló. En Argentina, lo logrado con la Ley de Medios Audiovisuales se revirtió en buena parte con los decretos implementados por Mauricio Macri en favor de los monopolios mediáticos.

1.4. Comunicación e Integración

La integración regional ha sido una demanda histórica de los pueblos de América Latina y el Caribe. Y la primera década de este siglo registró importantes avances en esta materia, desde una visión de soberanía y autonomía regional, con la creación del ALBA, la UNASUR y la CELAC8. Reconociendo que tal integración sólo podría afianzarse en la medida en que sea asumida e impulsada por los pueblos de la región, una treintena de medios, redes de medios y coordinaciones sociales se juntaron, a partir de 2013, en el Foro de Comunicación para la Integración de NuestrAmérica9 (FCINA – www.integracion-lac.info), con el propósito de

promover y asumir la comunicación como un elemento fundamental y estratégico de los procesos de integración regional, tanto para los procesos oficiales, como para construir paz, hermandad, solidaridad e identidad común en un marco de respeto a las diversidades, entre los diferentes pueblos de nuestro continente.

Hoy, estos procesos oficiales de integración están prácticamente paralizados como resultado de la restauración conservadora, con escasa reacción en su defensa por parte de los pueblos, que no llegaron a sentirles suyos. Por su parte, FCINA sigue aglutinando fuerzas para afianzar la integración de los pueblos, desde la comunicación, y defender a la región como zona de paz.

1.5. Por una internet ciudadana

Hoy no se puede pensar ni ejercer comunicación sin tener presente los nuevos retos de internet y la sociedad digitalizada. Si hace medio siglo, desde la comunicación popular, se identificó como principal reto superar la brecha digital y entender cómo sacar el mayor provecho del potencial de estas tecnologías, hoy, nos enfrentamos más bien a los peligros de una sociedad híper-digitalizada, bajo control monopólico de las corporaciones digitales transnacionales. De hecho, este reto rebasa ampliamente la esfera de la comunicación como tal, en la medida en que la economía de datos e inteligencia artificial y el llamado “capitalismo de vigilancia” van abarcando cada vez más áreas de la vida económica, política, social y cultural. Toda vez, su núcleo es la comunicación e internet, en tanto son la principal fuente para extraer datos.

En este marco surge la propuesta de articular un proceso regional para entender mejor este fenómeno y buscar respuestas desde un enfoque ciudadano, ante la constatación de que:

…existe una contradicción central entre dos visiones en disputa respecto a Internet y las tecnologías digitales: por un lado, una visión centrada en los comunes, en soberanía tecnológica, en desarrollar iniciativas descentralizadas, con la defensa del interés público y los derechos de la ciudadanía como principios clave; y por otro, un proyecto en marcha de concentración monopólica de la tecnología, de los espacios y plataformas, de los datos y los sistemas, orientado hacia el lucro y la centralización del poder.  En suma, una Internet ciudadana vs. una Internet corporativa. (Burch, 2017)

Así nace, en 2017, la iniciativa regional Internet Ciudadana (www.internetciudadana.net) que se inscribe en el marco de la propuesta de un Foro Social Mundial de Internet10 (formulada en 2015 por iniciativa de la Coalición Just Net), bajo el lema de que “otra internet es posible”. En este marco se ha avanzado en el debate de la problemática, entre otros en dos eventos regionales que formularon propuestas y agendas de acción11; se ha realizado una labor de sensibilización y se ha contribuido a la formulación de propuestas en algunos países para la adopción de leyes, por ejemplo sobre protección de datos personales. A medida que la esfera mediática y comunicacional se desplaza hacia las grandes plataformas de Internet, en un cierto sentido se ha democratizado la palabra; pero siendo de propiedad corporativa, implica un gran riesgo para la comunicación popular depender de estas plataformas sobre las cuales no tiene control. En los próximos años, sin duda la lucha por la democratización de la comunicación deberá enfocarse en cómo recuperar y desarrollar la internet ciudadana.

2. El aporte de las emisoras populares en América Latina y el Caribe para una convivencia democrática

En el año 2001, la Asociación Latinoamericana de Educación y Comunicación Popular, ALER, publicó los resultados de una investigación sobre la vigencia e incidencia de la radio popular frente al nuevo siglo. El estudio, realizado en 12 países del continente con la participación de 74 emisoras, 22 coordinadoras y redes; 21 centros de producción, 54 expertos en comunicación, entre otros; otorgó elementos de reflexión interesantes respecto de la práctica comunicativa en la que estaban insertas las diversas experiencias de comunicación popular y comunitaria del continente en la década de los 90. Un periodo muy recordado por el ingreso del neoliberalismo en América Latina y el Caribe.

La investigación planteó el desafió que si la radio popular no se mantiene vigente e incidente en su contexto local, regional o internacional, es una candidata firme a la extinción. La advertencia sirvió para que las distintas experiencias de comunicación popular retomen la discusión y revisión de la apuesta político comunicacional, su metodología y estrategias de intervención.

Resultó pertinente y sustancial promover la revisión del Proyecto Político Comunicativo, (PPC), de las radios si se tiene en cuenta que el PPC constituye el norte de lo que se busca realizar, el horizonte a seguir, las temáticas a agendar, las estéticas y los nuevos sentidos a construir desde la práctica cotidiana de la comunicación popular.

En medio del conjunto de debilidades de la radio popular que el estudio puso al descubierto se visibilizaron, a la par, procesos interesantes en las que estaban insertas diversas emisoras populares, centros de producción, coordinadoras nacionales de radio, que, desde sus orígenes fundacionales fueron contribuyendo a dibujar realidades más favorables para millones de hombres y mujeres atrapados en la pobreza económica, en la exclusión, marginación, en la falta de una adecuada educación, salud, empleo.

Una mirada en retrospectiva de la acción comunicativa de las radios populares en las últimas tres décadas permite visualizar los aportes que este sector hizo en la vida política, social, cultural de una América Latina que, cada vez, es menos condescendiente con las injusticias y las tropelías de los poderes. Las protestas y manifestaciones ciudadanas en Chile, Ecuador, Perú, durante el 2019 contra los ajustes económicos, la mala calidad de los servicios públicos, el aprovechamiento político, la corrupción; son signos inequívocos de una ciudadanía cada vez más crítica que no está dispuesta a seguir tolerando las inequidades existentes.

Con riesgo a omitir muchos otros procesos igualmente ricos e interesantes, los siguientes párrafos son para mostrar algunos compromisos en las que la comunicación popular, en particular, la radio, ha hecho contribuciones al fortalecimiento de prácticas para un mejor ejercicio de la ciudadanía, una mejor convivencia y calidad de vida de las personas en su relación con la naturaleza.

2.1. Compromiso con el fortalecimiento de prácticas democráticas

El ejercicio de la participación consciente y crítica de la ciudadanía, las audiencias, las poblaciones urbanas y rurales en la vida pública y en los espacios de decisión ha sido siempre uno de los propósitos de la radio popular. Por ello, desde sus orígenes, incentivó procesos de alfabetización a través de las escuelas radiofónicas y luego, desde diversas estrategias educomunicativas que, hasta el presente, continúan bañando creativamente las programaciones radiales en el entendido que un pueblo informado que lee y estudia es una ciudadanía al que difícilmente se le puede convencer con la promesa fácil o el discurso con trampa.

En sintonía con la permanente proclama de Rosa María Alfaro12 que “Los medios deben darle más importancia a la ciudadanía”, las diversas experiencias de comunicación popular radial entendieron que los mejores aportes a los procesos de cambio y transformación social no se logran desde los espacios reducidos y fríos de un estudio de radio sino en la interacción permanente y desde la vida cotidiana, con los sujetos del cambio: los y las oyentes, organizados o no. Sujetos históricamente olvidados e invisibilizados. Es la puesta en práctica de una democracia directa y participativa que, en el intercambio de opiniones, puntos de vista, pareceres, construye su propio discurso y se proyecta como un actor social con posibilidad de decir su palabra. En esta narrativa expresa su identidad, su cultura, sus problemas, aspiraciones y propuestas; su visión de mundo.

No se desconoce con ello, el ejercicio de intermediación y mediación que, por su naturaleza cumple el medio de comunicación popular en la procura de acercamientos entre la población y sus autoridades o entre las partes en conflicto. En este aspecto la credibilidad que, a pulso, han construido los medios de carácter comunitario, han sido en múltiples ocasiones promotores de la resolución de conflictos. Desde la autoridad local que ante la intermediación de la emisora finalmente atiende la reclamación de su comunidad para la construcción de una escuela o un centro de salud, hasta la actuación de un gobernante o grupo de poder que cede por la influencia de los medios a dejar sin efecto medidas consideradas anti populares.

El compromiso de la comunicación popular por fortalecer el ejercicio democrático, se ha hecho explícito en diversos momentos de la historia latinoamericana, cuando, las radios populares han tomado partido en la defensa de gobiernos democráticos amenazados por el autoritarismo o por prácticas dictatoriales y acciones cercanas al fascismo. En los años 90, la entonces Coordinadora Nacional de Radio del Perú cumplió un rol protagónico en la recuperación de la democracia frente al gobierno autoritario de Alberto Fujimori. En el 2009, radio Progreso de Honduras hizo una defensa cerrada de la constitución denunciando el golpe de estado contra Manuel Zelaya con consecuencias de amenazas que perduran en el presente. Más cercano en el tiempo, en el 2012, el movimiento de la comunicación popular denunció el golpe “democrático” parlamentario que sacó del gobierno al presidente democráticamente elegido, Fernando Lugo. Son estas, muestras inequívocas, de la vocación de los medios populares por construir sociedades de convivencia democráticas.

Esa construcción, pasa también por reconocer y valorar la existencia de la diversidad de pueblos y culturas que por la condición desventajosa en la que viven suelen ser invisibilizados. Una sociedad que excluye, no es una sociedad democrática. Esta realidad aún vigente, ha sido una preocupación permanente en las radios populares que hacen parte de ALER y desde hace 20 años se han constituido en redes que fomentan y revaloran el idioma ancestral, y la diversidad de prácticas culturales que son parte constitutiva y fundamental de su identidad. La Red Kiewchua Satelital, la Red Maya, América Indígena en Red, son experiencias que continúan batallando comunicacionalmente en el reconocimiento de sus derechos.

La Radio Popular interpreta que es desde el acompañamiento de las luchas, reivindicaciones y propuestas de los pueblos y organizaciones sociales donde se disputa la posibilidad y oportunidad de construir sociedades distintas con igualdad de derechos para todos y todas. Desde su condición de actor social y como medio de comunicación, las emisoras populares han sido participes de innumerables acciones encaminadas al propósito antes mencionado. Icónicas resultan con el paso del tiempo la campaña contra el ALCA y los Tratados de Libre Comercio en todo el continente. Se inscriben en este proceso el acompañamiento a las justas demandas de pueblos y organizaciones que hoy luchan por el derecho a la tierra, la protección de la madre naturaleza y contra el extractivismo, entre otras.

En la apuesta de construir una ciudadanía crítica y vigilante, con capacidad de promover sus propios procesos comunicativos; en la defensa de formas de gobierno democráticas, en el acompañamiento de las luchas ciudadanas y sus organizaciones y el reconocimiento de la diversidad de pueblos y culturas, subyace la intencionalidad de construir una ciudadanía que ejerza su ser político y lo convierta en un sujeto para el cambio.

Hacia allí apunta la comunicación popular que, como señala Mata (2017) tiene la marca de la confrontación con el orden establecido con la que disputa el poder; no para mantener el orden vigente sino para transgredirlo y sustituirlo por formas de vida en el que todos y todas nos sintamos incluidos.

2.2. Compromiso con los temas ambientales y la defensa de la madre tierra

Todas las prácticas que colisionan con el ambiente, con la destrucción de los bosques, la contaminación de las ciudades, los ríos; todo tipo de actividad extractiva que atenta contra el cuidado de la naturaleza no es compatible con algún modo de convivencia que se precie de sana y democrática.

Hoy, dejo ser ficción el vaticinio que vamos camino de la auto destrucción. Sólo en la Amazonía, “más del 20% de su cobertura vegetal ya no existe. Fue retirada y quemada para proyectos de minería, de ganadería, de extracción de madera, de hidroelectricidad de asentamientos de campesinos” (Polleto, 2014).

Los efectos destructivos de la especie humana, de los modelos de desarrollo que fomentan el extractivismo, son irreversibles y pese a ello, no hay que “dejarse morir”. Urge realizar transformaciones radicales que pongan freno a las actuales lógicas depredadoras.

En este empeño se encuentran, desde siempre, las distintas experiencias radiales de comunicación popular. Su compromiso con el cuidado de la casa común y la madre tierra, su participación en “las luchas por la conservación del ambiente”13 están contemplados en sus temáticas y ejes de acción.

Desde distintas estrategias, las emisoras cumplen una función de denuncia de toda humareda, todo olor contaminante y, promueven, a la vez, experiencias que ayudan a generar un ambiente mejor. Se involucran de manera directa en campañas de reforestación, en la limpieza de ríos, en prácticas de agricultura familiar, en la defensa de territorios para evitar el ingreso de proyectos extractivos, entre otros. Asumen un compromiso con la vida.

Para lograr una mayor incidencia tejen redes comunicacionales a nivel local, nacional y continental como la Red Pan Amazónica de Comunicación14 promovida por ALER y establecen asocios y alianzas con la ciudadanía, con pueblos, comunidades, organizaciones.

Se articulan, a la vez, con otros espacios mayores como el Foro Social Pan Amazónico, FOSPA, La Red Eclesial Pan Amazónica, REPAM, con el propósito de concertar voluntades y acciones para detener el crimen ambiental. Vandenbulcke, (2017), habla de la necesidad de comprometernos con un pacto social ecológico: “el compromiso (es) soñar juntos propuestas que desplacen sistemas insostenibles. Pensar ciudades y campos viables para la convivencia, impulsar una economía social y ecológica, y promover nuevos estilos de vivir, producir y consumir”.

El mensaje ambiental vuela junto al viento y a ese eco se suman miles, millones de voces ciudadanas desde todos los rincones del mundo como la de Greta Thunberg, la joven activista sueca que demanda acabar con el actual sistema y pensar en una nueva política y en una nueva economía. Esta voz, simboliza ese deseo planetario de construir otra democracia, directa, participativa, incluyente.

2.3. Compromiso con el derecho y la democratización de la comunicación

Cada vez que algún miembro de alguna “connotada” emisora, diario o televisora que es parte de los círculos de las corporaciones mediáticas denuncian algún tipo de agresión; en coro, la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, lamenta con una cuidada diplomacia el recorte o atentado a la libertad de expresión. Los gobiernos responden, con cuidada premura, su máximo respeto por el ejercicio periodístico.

En las recientes protestas ciudadanas de octubre del 2019 ocurrida en Ecuador, los medios populares y comunitarios que se atrevieron a mostrar lo que las televisoras nacionales escondían o invisibilizaban colocando en sus programaciones las aventuras de Dragón Ball Z, Doraemon, Bob Esponja, recibieron la “condecoración” de la ministra de gobierno María Paula Romo de haber sido los medios más importantes en la “propalación de noticias falsas”15.

No representa novedad alguna que los poderes políticos, económico o el “cartel de las comunicaciones” como les llama Chaparro (2015), se junten para estigmatizar aquello que consideran la no comunicación. Los niños, las niñas, los jóvenes, la ama de casa, el obrero, el campesino, la recicladora, el vendedor ambulante, la micro empresaria; no son voces autorizadas para ejercer lo que por derecho les corresponde: comunicar.

Ninguna democracia es tal, si la palabra tiene categorías, si el verbo pertenece a una clase social. Es contra esos privilegios que se rebela la comunicación popular. Las emisoras del barrio, los altoparlantes instalados en la comunidad rural, la red de telefonía móvil creada por las y los propios campesinos, las emisoras on-line fundadas por iniciativas de las ciudadanas y ciudadanos, son la transgresión viva a una industria cultural occidental que con sus artificios busca homogeneizar al sujeto desde su dimensión individual y colectiva. Con su actuar, se oponen al control de la información y el conocimiento.

Desde hace más de 60 años, los ninguneados de América Latina y el Caribe empezaron a ejercer su derecho a la comunicación apropiándose de los medios. Potenciaron los instrumentos que tradicionalmente les permitió comunicarse en sus propias lógicas y dinámicas y no desaprovecharon las tecnologías del dominador para convertirlas en aparatos para el cambio.

Desde entonces, la radio, la televisión y toda la gama de lo que se denomina nuevas tecnologías no son vistos únicamente como “fierros” que transmiten señal, sino, espacios donde se disputa el poder. La reciente convocatoria y organización de la más grande protesta contra Sebastián Piñera no fue hecha por El Mercurio o la Tercera de Chile. La reunión multitudinaria contra un gobierno neoliberal fue hecha por el propio pueblo que utilizó distintos medios alternativos, incluidas las redes sociales.

Lo mismo ocurrió en Brasil cuando el colectivo de jóvenes, Midia Ninja16, haciendo uso de su derecho a expresarse cubrieron con sus celulares las protestas en Rio de Janeiro. Similar acción en el uso de medios alternativos ocurrió en Ecuador o Perú cuando la ciudadanía se levantó contra el “paquetazo” económico y contra la corrupción política-empresarial, respectivamente.

Este despertar ciudadano tiene, desde luego, antecedentes en la discusión y debate sobre el Nuevo Orden Mundial de la Información y Comunicación promovida por la UNESCO en la que las grandes corporaciones mediáticas terminaron por desdibujar el propósito de democratizar la palabra a favor de todos los ciudadanos y ciudadanas sin distinción alguna.

Sin embargo, el pensamiento de Jean D´Arcy17 que en 1969 soñaba con el día en el que la “Declaración Universal de los Derechos Humanos incluya un derecho más amplio que el derecho del hombre a la información; el derecho de los hombres a comunicarse”; lo continuaron y desarrollaron diversos movimientos en el mundo, como se menciona arriba.

El proceso de la recuperación de la palabra y la libertad de manifestarla aún continúa y en ese compromiso siguen empeñados las radios populares y comunitarias de América Latina y el Caribe con un agregado principal. La conquista del derecho a la comunicación no será tal si no se materializa en instrumentos concretos que vayan dejando constancia de los avances logrados como legislaciones que promuevan la democratización de las comunicaciones. En tal sentido, es de destacar los pasos que se han dado en marcos normativos y su implementación mediante políticas públicas en diversos países latinoamericanos, como se indica arriba.

3. ¿Y qué sigue?

La lucha por conseguir modos de vida sostenibles es sólo el tránsito hacia la construcción de otra vida superior que supere la lógica del progreso y desarrollo como meta final. Mientras se va camino de la construcción de un nuevo horizonte civilizatorio con el paradigma del Buen Vivir, los medios populares y comunitarios renuevan su compromiso político, social, cultural y ético con la felicidad de los pueblos.

Esta alianza con las personas, las comunidades, los colectivos, se traduce en continuar develando, en los tiempos actuales, peligros como las falsas democracias; los autoritarismos y fascismos que peligrosamente, en los últimos años, han empezado a aparecer en varios países de Latinoamérica. A los gobernantes se les desmorona la careta de demócratas cuando se les ve el fustán de su apego a los poderes económicos.

El compromiso por enfocar su misión a la felicidad de los pueblos, le exige a las radios populares, la capacidad de innovarse para continuar siendo vigentes e incidentes en un mar revuelto caracterizado por el actual cambio de época. En ese tránsito se encuentran.

No obstante los retrocesos últimos, queda el precedente de las conquistas en materia constitucional y legislativa de los últimos años; y también los esfuerzos que se continúa haciendo por construir nuevos modelos mediáticos que garanticen diversidad de contenidos y pluralidad de voces en el debate público, así como la incursión de los movimientos sociales en el debate y la práctica comunicativos en su apuesta por un mundo más justo.

La renovación pasa también por el aspecto tecnológico. Así como en la década de los 70 dieron el salto del vinilo al cassette, en los 80 al CD y en los 90 y 2,000 al satélite, los años presentes de la denominada cuarta revolución industrial, las experiencias de comunicación popular y comunitaria se están mimetizando en las lógicas multi- mediáticas. Por delante queda también el reto de conquistar nuevos derechos y garantías en el mundo digitalizado.

La innovación del pensamiento, las estrategias, las dinámicas y formas de comunicación permitirán continuar cultivando la solidaridad, el empoderamiento de las personas, el combate contra las injusticias, la corrupción.

Sólo con una ciudadanía informada, crítica y participativa, que ejerce su derecho a la comunicación, se fortalecerá la esperanza que la utopía del Buen Vivir será posible.

Referencias bibliográficas

ALAI. (ed). (1993). Memoria del Encuentro Latinoamericano de Medios de Comunicación Alternativa y Popular. Quito, diciembre.
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_______. (2017). El reto de reconstruir una Internet ciudadana. ALAI, https://www.alainet.org/es/articulo/184241
Chaparro, M. (2015). Claves para repensar los medios y el mundo que habitamos. La distopía del desarrollo. Colombia, ediciones Desde Abajo.
CMSI – Sociedad Civil. (2003). Construir sociedades de la información que atiendan a las necesidades humanas, Declaración de la sociedad civil en la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información. https://www.alainet.org/active/5145
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Foro Internacional: Comunicación y Ciudadanía. (1998). Carta de Cuscatlán (Declaración final).
Geerts, A. & Van Oeyen, V. (2001). La radio popular frente al nuevo siglo: estudio de vigencia e incidencia: Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica. Quito-Ecuador.
Gran festival de la Radio y la Televisión Comunitaria y Popular de América Latina y el Caribe. (1995). Declaración de los Radioapasionados y Televisioanarios, Quito.
Jaimes, D. & Busso, N. (2011). La Cocina de la Ley: El proceso de incidencia en la elaboración de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en Argentina. Editor: FARCO. Buenos Aires.
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Polleto, I. (2014). Cambio Climático y Conflictos Socio-Ambientales en la Pan Amazonía. En: REPAM: Memoria del Encuentro Fundacional. Brasilia, Brasil.
Vandenbulcke, H. (2019). Comunicación alternativa. Ponencia presentada en el Foro Internacional. Desafíos de los medios populares y la democratización de la comunicación en el actual contexto latinoamericano. San Salvador.

Notas al pie

1 En 2016, Aler cambió su nombre a Asociación Latinoamericana de Educación y Comunicación Popular.

2 Convocado por ALAI, ALER y Cerigua de Guatemala, el Encuentro tuvo la participaron de 66 entidades de prensa escrita, radios, redes y asociaciones, así como investigadores y observadores de otros continentes.

3 ALCA: Área de Libre Comercio de las Américas – un tratado comercial en negociación hasta 2005, que proponía unir a todo el continente (menos Cuba) en un mercado único.

4 El Foro fue convocado por siete organizaciones. Ver la convocatoria en: https://www.alainet.org/es/active/195

5 Encuentro Latinoamericana: ¿Y por qué no una sociedad de la comunicación. Quito, 10-12 de junio 2002. Evento convocado por ALAI.

6 La co-autora de este artículo fue co-coordinadora del Grupo de Trabajo sobre Contenidos y Temas de la sociedad civil mundial de la CMSI.

7 En el Foro Social Américas, Quito, 2004.

8 Alianza Bolivariana para los Pueblos de NuestrAmérica (ALBA - 2004); Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR - 2008); Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC - 2010).

9 El Foro fue creado con ocasión del Encuentro Latinoamericano: “Democratizar la palabra en la integración los pueblos”, Quito, 4 al 6 de noviembre de 2013, convocado por ALAI y ALER

10 www.internetsocialforum.net

11 Diálogos por una Internet Ciudadana, Quito, sept. 2017 https://al.internetsocialforum.net/programa/. Y Desenredando las Redes Sociales Digitales, Quito, agosto 2018 https://al.internetsocialforum.net/category/seminario-rsd/

12 Rosa María Alfaro. Comunicación y ciudadanía en experiencias latinoamericanas. https://www.youtube.com/watch?v=VRRuTXuAVk0

13 La cita es tomada del documento de ALER, “Un nuevo Horizonte Teórico para la Radio Popular en América Latina”.

14 La Red Pan Amazónica de Comunicación es una iniciativa promovida por la Asociación Latinoamericana de Educación y Comunicación Popular, ALER; fundada en el año 2006. La integran, comunicadores y comunicadoras amazónicas de las redes nacionales de Bolivia, Venezuela, Ecuador, Brasil, Colombia y Perú.

15 María Paula Romo, Ministra de Gobierno de Ecuador. Conferencia de prensa otorgada el 15 de octubre de 2019. Agencia EFE. https://www.youtube.com/watch?v=laOpoONlRFk

16 Es un medio de comunicación independiente y auto gestionado que fue conformado por jóvenes activistas brasileños a partir de 2011 como alternativa a la prensa tradicional.

17 Jean D´Arcy, pionero de la televisión en Francia, autor de Les Droits de l´homme à communiquer, (UNESCO, 1978).

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