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Comunicación y migración: pedagogías lingüísticas y resistencias de la narrativa sobre migración internacional

Amparo Marroquín Parducci, Universidad Centroamericana José Simeón Cañas

Chasqui. Revista Latinoamericana de Comunicación N.º 141, agosto - noviembre 2019 (Sección Monográfico, pp. 161-176)
ISSN 1390-1079 / e-ISSN 1390-924X Ecuador: CIESPAL
Recibido: 03-09-2019 / Aprobado: 22-11-2019

Resumen

El presente texto es un ejercicio de deconstrucción del discurso desde la lengua activa de distintos actores, para ello se analiza la migración como un espacio en donde la lengua escenifica las disputas entre un discurso establecido desde el poder, y la transgresión de actores sociales que jalonean el sentido hacia unos lugares-otros, que lo desplazan para, de esta forma visibilizar personas y defender sus derechos humanos. La reflexión tiene tres momentos. El primero revisa tres estrategias lingüísticas de transgresión que pelean contra la semántica establecida sobre la migración en los últimos 18 años. En un segundo momento, se profundiza el estado de la cuestión, es decir, desde una mirada diacrónica, repaso de manera rápida las agendas que nos llevaron a entender sobre la migración lo que ahora, la gran mayoría entendemos. Finalmente, se señala los elementos que resultan más problemáticos del discurso predominante sobre la migración.

Palabras clave: migración, comunicación, discurso de medios, narrativas

Communication and migration: linguistic pedagogies and resistance of the international migration narrative

Abstract

The present text is an exercise in deconstruction of discourse from the active language of different actors. Migration is analyzed as a space where the language stages the disputes between a discourse established from power, and the transgression of social actors that mark the sense towards some places-others, which move it in order to make people visible and defend their human rights. The reflection has three moments. The first reviews three linguistic strategies of transgression that fight against the established semantics of migration in the last 18 years. In a second moment, the state of the matter is deepened, that is, from a diachronic perspective, I quickly review the agendas that led us to understand about migration what we now understand, the vast majority. Finally, the most problematic elements of the predominant discourse on migration are pointed out.

Keywords: migration, communication, media discourse, narratives

Comunicação e migração: pedagogias linguísticas e resistências da narrativa sobre migração internacional

Resumo

O presente texto é um exercício de desconstrução do discurso a partir da linguagem ativa de diferentes atores; para isso, a migração é analisada como um espaço em que a linguagem encena as disputas entre um discurso estabelecido a partir do poder e a transgressão de atores sociais que marcam o sentido em relação a alguns lugares - outros, que o movem para tornar as pessoas visíveis e defender seus direitos humanos. A reflexão tem três momentos. O primeiro analisa três estratégias lingüísticas de transgressão que combatem a semântica estabelecida da migração nos últimos 18 anos. Em um segundo momento, o estado da questão é aprofundado, ou seja, a partir de uma perspectiva diacrônica reviso rapidamente as agendas que nos levaram, a grande maioria, entender sobre migração o que entendemos agora. Por fim, são apontados os elementos mais problemáticos do discurso predominante sobre migração.

Palavras-chave: migração, comunicação, discurso midiático, narrativas

Introducción

The terminology used in the discourse about the movement of people across international boundaries carries with it important connotations, some intended, other not. ( ) I refer to [the people engage in the cross-border] as migrants rather than immigrants, since the latter term implies a definitive move to the new country and that is not necessarily intend of these people.

David Spener (2009, xi)1

Una de las discusiones centrales en las ciencias sociales en el inicio del siglo XXI ha sido el tema de la movilidad humana. A partir del 11 de septiembre de 2001, la migración dejó de ser una discusión vinculada al desarrollo socioeconómico para pasar a ser una preocupación en las agendas de seguridad de los países con mayores recursos financieros. El desplazamiento de la población no es un hecho novedoso, la preocupación por detenerla, la criminalización de la misma y los miedos que producen sí parecen aumentar de forma exponencial y se han potenciado a medida que transcurre este siglo. Cuando pensamos el fenómeno en forma global, la población que se mueve de sus países de origen continúa siendo un 4% del total, el mismo porcentaje que cien años antes. Sin embargo, para algunos países, esta realidad ha crecido significativamente, como sucede en Venezuela, Ecuador, India, México, Rusia, Filipinas o Siria. En el caso de Centroamérica, tanto para Honduras, como para Guatemala y El Salvador, la migración aumentó los últimos años en un 59%. La migración se mueve muy rápido. Mucho más que la reflexión académica. Mientras la discusión por el muro del presidente Donald Trump había sido superada por la mirada incrédula del espectador promedio ante las caravanas, el mapa se volvía a mover lentamente. Y mientras la migración se mueve, nuevas narrativas se instalan y abonan la disputa que se mueve ahora entre los regímenes totalitarios y populistas o las posibilidades de una sociedad más tolerante, diversa y abierta. Lo que vive América Latina encuentra un eco en las narrativas mediáticas, y la migración es, como en el Aleph, de Borges, uno de los lugares desde donde es posible ver todo: el racismo, la lucha, el cambio climático, la desigualdad, la trata, el narcotráfico, la organización social. Todo.

Y en este Aleph que multiplica tanto, la academia ha iniciado una reflexión que junta tres campos y los pone a dialogar: migración, comunicación y cultura. La urgencia de responder a las preguntas de una realidad que atraviesa cada vez más distintas regiones lleva a ensayar miradas complejas. Se vuelve necesario entender cuánto ha cambiado la cultura a partir de los distintos procesos de movilidad humana que hemos vivido. Qué sucede con las narrativas mediáticas que nombran estas realidades. Hasta dónde es posible hablar de nuevas identidades migrantes, de marginalidades, de racializaciones que vuelven con una fuerza nueva. En este momento, me parece que es posible hablar de un campo ya establecido de estudios de comunicación y migración que busca responder a estas preocupaciones.

Dicen algunos que la institucionalización de un campo se prueba cuando aparecen los diccionarios y los libros de texto. En el campo de la migración y la comunicación un diccionario implica colocar el énfasis en el lugar del lenguaje. Importa la manera como se nombra la realidad, pues configura la realidad misma. Es por ello que Spener insiste en hablar de migrantes y no de inmigrantes en sus trabajos. Quizá, también, por ello, este 7 de mayo de 2019, la Organización Internacional para las Migraciones lanzó la tercera edición de su diccionario particular sobre la terminología migratoria (IOM, 2019). Los manuales y libros de texto han llegado con fuerza durante el 2019. A partir de marzo y gracias al riguroso trabajo de edición de Jessica Retis y Roza Tsagarousianou, se encuentra disponible The Handbook of Diasporas, Media, and Culture, que explora las interrelaciones entre la movilidad humana y la conectividad; es decir, la intersección que se da entre los medios de comunicación, la cultura y los estudios de movilidad y diáspora. Sin pretensiones de llegar a una reflexión global, este texto pretende situar una reflexión o más bien una preocupación política-académica.

Con la instalación en la casa blanca del presidente Donald Trump las posturas hacia la migración han cambiado, el desplazamiento semántico se construyó lentamente desde el año 2001. La discusión sobre migración pasó de ser una realidad económica que debía entenderse, a un problema de seguridad que debía impedirse. Los imaginarios que pensamos superados reaparecieron con fuerza en una agenda populista y neoconservadora que manejó los miedos originarios del supremacismo blanco.

Cuando los imaginarios se instalan de nuevo es necesario volver al lenguaje y deconstruir desde ahí lo que sucede. La comunicación y la migración tiene muchas aristas, pero el territorio del lenguaje es central. Jesús Martín Barbero señaló que:

Analizar el lenguaje como mediación es pensarlo a la vez hecho de signos y preñado de símbolos. El símbolo no se presta al frío análisis de las estructuras, sino que recalienta y contamina todo con el exceso de significado y el conflicto de las interpretaciones. Mediación por excelencia, el símbolo es también su arké, el origen de un universo humano (Cassirer) marcado por la doble mediación que introducen el símbolo y su desciframiento de sentido. Cada símbolo es una provocación a pensar. (Martín Barbero, 2008, pp. 25-26)2

En este momento, la agenda académica, me parece debe volver a posicionar desde el lenguaje, el derecho de la migración, pero con un análisis complejo, sin renunciar a las múltiples aristas de un problema que debe ser analizado con rigurosidad. La migración implica demasiadas muertes y demasiadas memorias. Miles de exilios y de familias quebradas que han tenido que inventarse de nuevo. La migración, ahora, es el lugar en donde un proyecto político prepara nuevos campos de concentración y nombrar los espacios de detención desde esa categoría es una decisión lingüística pero también política. Este texto hace un repaso de lo que éstas implicaciones tienen hoy en América Latina y en particular, en el corredor de personas más importante del mundo, ese que va desde Centroamérica hasta Texas.

La preocupación de esta reflexión es entonces semiótica en el sentido barthesiano del término. No es una preocupación por la corrección de la lengua, sino por la deconstrucción de la lingüística, se trata de recoger en este análisis:

La impureza de la lengua, el desecho de la lingüística, la corrupción inmediata del mensaje: nada menos que los deseos, los temores, las muecas, las intimidaciones, los adelantos, las ternuras, las protestas, las excusas, las agresiones, las músicas de las que está hecha la lengua activa. (Barthes, 2000, p. 137)

Lo que presento ahora entonces en esta reflexión es un ejercicio de deconstrucción que distintos actores han ejercido desde la lengua activa. Para ello me fijo en la migración como un espacio en donde la lengua escenifica las disputas entre un discurso establecido desde el poder, y la transgresión de actores sociales que jalonean el sentido hacia unos lugares-otros, que lo desplazan para, de esta forma visibilizar personas y defender sus derechos humanos.

Mi reflexión tiene tres momentos. El primero revisa tres estrategias lingüísticas de transgresión que pelean contra la semántica establecida sobre la migración en los últimos 18 años. En un segundo momento, reviso el estado de la cuestión; es decir, desde una mirada diacrónica, repaso de manera rápida las agendas que nos llevaron a entender sobre la migración lo que ahora, la gran mayoría entendemos. Finalmente, señalo los elementos que me resultan más problemáticos del discurso predominante sobre la migración.

2. La desobediencia lingüística como desobediencia civil: estrategias semióticas de transgresión

Voy a lo primero. Debo recordar que, si bien la migración es un fenómeno que para algunos países en América Latina ha sido central. Centroamérica, Colombia y Ecuador, Bolivia han sido reconocidos como países migrantes desde inicios del presente siglo, e incluso antes. Sin embargo, en esta última década, la diáspora de los venezolanos, la instalación de los haitianos en distintos países, el arribo del conflicto que recupera la xenofobia y el racismo en los nuevos países receptores como Chile, Argentina, Ecuador o Brasil, así como la producción discursiva que se ha generado, ha irrumpido con fuerza en la agenda pública. Llamo desobediencia lingüística a las transgresiones en la significación que irrumpen en lo que podemos llamar una narrativa mainstream-oficial sobre la migración, esa narrativa se difunde a través de muchos medios y reproduce la voz de gobernantes y políticos. La desobediencia lingüística se coloca como un proceso transgresor y disrruptivo que llama a ejercer acciones contrarias a las esperadas por el discurso oficial.

Como ya señalé, la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos en enero de 2017 colocó de nuevo el tema en el debate central. Me interesa colocar un primer rasgo de su discurso. El investigador de lingüística cognitiva de Berkley, George Lakoff, señaló en 2016 que Trump habla desde la causalidad directa que es,

Fácil de entender y parece estar representada en la gramática de todas las lenguas del mundo ( ) los inmigrantes entran en masa desde México: hay que construir un muro para frenarlos. En el caso de todos los inmigrantes que han entrado ilegalmente, simplemente hay que deportarlos, aun si hay 11 millones de ellos trabajando en toda la economía y viviendo en todo Estados Unidos. (Lakoff, 2016).

Para un problema, una única causa que hay que atacar.

Quizá el mayor problema de esta narrativa es que quien la posiciona en este momento es el presidente de una de las naciones más poderosas del mundo. Esto hace que de pronto, para muchos, el racismo, la exclusión, la segregación y la violencia se legitimen de pronto, y se consideren en el rango de lo correcto. Frente a esta causalidad directa, las voces de otros actores irrumpen para mostrar una “causalidad sistémica” (Lakoff, 2016): es decir, el encadenamiento de causas directas y causas probables que se combinan para dar paso a la complejidad.

La primera de estas irrupciones se construye desde la música y se encadena con el lenguaje. Un lenguaje que se encuentra en la frontera, a medio camino de lo que nace y lo que se termina. Este nuevo idioma que se revisó por primera vez en 1948 y que el diccionario de la Academia reconoció en su edición vigésimo tercera es el spanglish, la “mezcla de elementos gramaticales entre el inglés y el español”. En la música son muchas. Es la Bamba Rebelde del grupo “Las cafeteras”, integrado por jóvenes que se conocieron en sus clases de música del centro cultural Eastside Café de Los Ángeles, y que ahora responden con canto a la solicitud de “no hay que migrar, quédese en su país”: “Es La Bamba Rebelde que cantaré/ porque somos chicanos de East L.A./ Ay, arriba y arriba y arriba iré/ Yo no creo en fronteras, yo cruzaré, yo cruzaré, yo cruzaré…”.

La música son muchas voces, es Ana Tijoux y Lila Downs, son los siempre famosos Tigres del Norte, pero también Los Jornaleros del Norte, menos conocidos, pero que han construido un repertorio que se basa en un principio: la pedagogía de Paulo Freire. Me detengo en ellos, Los Jornaleros son parte de la lucha sindical por los derechos de los trabajadores y para educar a los inmigrantes latinoamericanos ponen música a la crisis migratoria y escenifican con sus canciones qué es lo que hay que hacer. ‘Liberen a la abuela Xóchitl’, ‘Ese güey no paga’ y ‘Serenata a un indocumentado’ son algunas de sus tonadas más famosas.

El territorio de la enunciación importa. Es el lugar del acto de habla. Los conciertos de Los Jornaleros son en la calle, en los centros de detención, en juzgados de California, en distintos sitios los jornaleros han acompañado la lucha de muchos indocumentados contra el sistema migratorio, circulan de mano en mano, en las redes sociales, en los teléfonos de los inmigrantes.

Pablo Alvarado, salvadoreño y uno de los fundadores del grupo, señala que “El objetivo de Los Jornaleros del Norte es contar las vivencias de la gente, traerle alegría al movimiento, traerle un espíritu de fiesta porque la lucha no solo es de pelea”. Y de esta primera propuesta que convierte a la palabra en herramienta de organización surge la radio Jornalera3, un proyecto llevado por los mismos trabajadores, muchos de ellos sin documentos, que con larguísimas jornadas de trabajo mantienen sus familias, las economías de países enteros. La Radio Jornalera insiste que “desde abajo se defiende a todo el mundo” y canta y hace fiesta para repetir que “la voz también es un arma”. La risa es un elemento central de transgresión en este acto de habla. Cada mañana da voz a los trabajadores de todo el continente, desde ahí se discute lo que ellos llaman “las trumpadas del trompudo”, las razones por las que varios presidentes en Centroamérica deciden crear una patrulla fronteriza en detrimento del derecho a la libre circulación, las protestas de los indígenas en Ecuador, o la situación de los trabajadores en Chile. No es este el único espacio, además de la música, otras formas de arte han entrado en acción para cuestionar procesos de significación formal. Por ejemplo, la escultura de Alfredo Gutiérrez.

Alfredo LIBRE Gutiérrez nació en Tijuana, en 1982. Es arquitecto y artista plástico. Empezó sus intervenciones como grafitero, un oficio a medio camino entre el arte de protesta y la transgresión, para luego llegar a proyectos de arte urbano y exhibiciones en galerías de México, Estados Unidos, Cuba, Colombia, Francia, Alemania, y muchos más. Uno de sus más recientes trabajos fue elaborado en colaboración con migrantes de Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala y mexicanos de la frontera sur. Para hacerlo inventó una nueva palabra: transportapueblos. La transportapueblos es la escultura en madera que representa a una coyote y su cría. Por un lado, la escultura muestra un listado con los 84 albergues que hay en México y por el otro tiene el mapa con las rutas migratorias que del en este país. El desplazamiento es semántico y político. Durante varios años el discurso oficial ha insistido en criminalizar el oficio del Coyote. Conocido hoy día en las comunidades como el guía, en otros países como pollero, en un oficio aprendido a golpe de caminos, en confidencias, con los contactos secretos que permiten el negocio, un coyote es, en efecto, quien ha “transportado pueblos” enteros. Son ellos quienes dan la información y hacen negocio con ella. Desde los medios de comunicación se les ha llamado los traficantes, los contrabandistas, los embaucadores, los desalmados, los que pierden a todos. Sin embargo, en Centroamérica, a pesar de un discurso mediático muy claro -que a su vez reproduce el discurso oficial de las autoridades, que culpan a los coyotes del aumento de la migración- la gran mayoría de las personas mantiene otra opinión de quienes ejercen este oficio. Como ya señaló en su momento el sociólogo estadounidense:

David Spener, En lugar de concluir que los coyotes participan en el establecimiento de un apartheid global y, por lo tanto, en el establecimiento de una violencia estructural contra los inmigrantes, creo que es más exacto ver la relación entre los migrantes y sus coyotes como una alianza estratégica en el espacio social del cruce fronterizo. (Spener, 2009. 231)4

Muy rápido aprenden los migrantes centroamericanos, y los migrantes de otros países que llegan a Centroamérica que el coyote es el transportapueblos. Sabe las rutas, sabe las contraseñas, sabe los lugares de pago. Cobra caro, pero su servicio suele dejar a muchos satisfechos. Una investigación de Flacso México con mujeres migrantes centroamericanas encontró que dos tercios de las entrevistadas se expresaban positivamente de sus guías:

Las mujeres recurren a los polleros para defenderse de un enemigo común: el Estado y la delincuencia organizada. Las mujeres indocumentadas y los polleros son perseguidos por los Estados porque vulneran la soberanía nacional al no utilizar los cauces legales para cruzar las fronteras. Ambos son víctimas de la delincuencia organizada, porque tanto las mujeres como los polleros sufren secuestros, extorsiones y asesinatos. Sin la ayuda de los polleros las mujeres centroamericanas serían más rápidamente interceptadas por las autoridades migratorias, encerradas y deportadas, y sin el apoyo de los primeros las últimas constituirían una presa más fácil para los grupos delictivos. (Izcara, 2017, p. 17)

La palabra transportapueblos y su escultura de una coyote es completamente desobediente a lo políticamente correcto y a lo lexicográficamente establecido, el coyote no es un traficante, es un guía, es un mediador de peligros. Es el que por medio de la desobediencia construye un oficio empresarial por fuera de lo establecido y lo legislado. Es el que acompaña ese derecho a la movilidad de los migrantes más excluidos, el derecho a tener información sobre el camino, el derecho a dejar atrás una vida de violencias. Esta es la segunda desobediencia.

La tercera desobediencia tiene como protagonista a un salvadoreño de 28 años. Diego Argueta, elogiado por académicos como el filólogo español Alberto Gómez Font o el lingüista salvadoreño Francisco Domínguez, David Argueta es un diseñador gráfico que se ha lanzado a la difusión del caliche salvadoreño a través de su proyecto “Guanaco to English”. El proyecto lo ha llevado a publicar un libro y a tener una multitud de seguidores en redes sociales, no consiste solo en documentar, ni mucho menos tiene pretensión normativa. Es ante todo un proyecto en donde la risa permite recuperar la dignidad de lo local. Construye raíces que se extienden a cada lugar a donde un salvadoreño explica a un extranjero qué quiere decir “de choto”5 y por qué entonces es posible decir que “pizza came de choto, because the biker took longer than 30 minutes”. Guanaco to English visibiliza un rasgo de identidad salvadoreña actual que entusiasma, por ello una seguidora en redes señala: “amo este diccionario. Me emocionó tanto recibirlo y ver las estampillas, me saco unas cuantas lágrimas”. La identidad más allá de los señalamientos que confinan lo salvadoreño a la otredad. Se trata de ampliar, documentar, cartografiar y, sobre todo, reír. Es la risa la que recupera la dignidad a través de la palabra popular que se coloca al centro.

Tres propuestas entonces: la música, el arte y la lexicografía, como posibilidades de respuesta frente a un discurso mainstream que se ha construido de manera sistemática en los últimos 25 años. De ese discurso me ocupo a continuación.

3. La narrativa mainstream sobre la migración: ¿Cómo llegamos hasta acá?

Existen unas narrativas ya establecidas sobre la migración. Estas narrativas que se difunden a través de los medios de comunicación y que magnifican unos discursos mientras deslegitiman otros han creado una especie de conocimiento que muchos creen verdadero. Muchos sienten que saben sobre la migración y que pueden opinar sobre el tema de forma consistente. Por ejemplo, se sabe que la migración, como movilidad humana internacional tiene como ruta más concurrida el corredor que va desde Guatemala hasta Texas. Otra certeza es que la migración suele suceder por causas que escapan del control de las personas: porque se huye de la violencia, o de la pobreza, o de las catástrofes climáticas, o de la soledad. Los objetivos del proyecto migratorio son comunes: se busca el reencuentro, el trabajo, la seguridad y los derechos básicos. Estos elementos son parte central de la narrativa centroamericana. Quiero señalar otros dos elementos que son parte de otras investigaciones.

Lo primero es que la narrativa migratoria hegemónica es dicotómica, escindida, opuesta. Al revisarla, tiene dos rasgos. El primero se instaló desde la década de 1980. Consiste en una narrativa en donde “migrar es exitoso”, repetida una y otra vez con distintos matices. En países como México, Guatemala, Honduras, El Salvador siempre existen notas y perfiles de migrantes que se vuelven empresarios exitosos, que triunfan en un país nuevo. Los adjetivos que acompañan la narrativa vuelven heroico al migrante. Son valientes, esforzados, honrados y triunfadores.

Frente a ella, a partir de la década del 2000 (y muy en especial desde el 11 de septiembre de 2001), la migración se desplaza hacia la discusión de seguridad nacional y se convierte en una amenaza para los países receptores. El discurso de los medios salvadoreños presenta una segunda narrativa: migrar es peligroso, de hecho es casi imposible. Si migras vas a morir en el camino, sufrirás vejaciones, el coyote te perderá. Este discurso tiene al menos veinte años de repetirse de manera sistemática. Es un discurso que habla de los peligros de la ruta y que utiliza las imágenes religiosas para afianzarlo: “migrantes no llegaron a la tierra prometida”, o “el éxodo no fue como se esperaba” son dos de los titulares que, con variaciones, se repite de forma constante: la promesa de Dios, el éxodo, la traición, la tierra prometida son algunas de las imágenes que fortalecen esta narrativa.

Esta narrativa binaria, entre el bien y el mal, el éxito y el fracaso (si migras vas a triunfar/ si migras vas a morir) alcanzó una representación preocupante a partir del año 2010. Entre el 22 y el 23 de agosto, hace nueve años, 72 migrantes fueron asesinados en la región de San Fernando, en Tamaulipas. Las narrativas sobre el hecho fueron analizadas en detalle por Felicia Berryessa (2014); un de ellas señalaba que los migrantes habían sido asesinados por no colaborar con los Zetas, nos encontramos ahí con el elemento más complicado en la narrativa: el buen migrante es el que está muerto. En el extremo de esta narrativa puede llegar entonces a enunciarse que si un migrante vive es porque colaboró, porque cedió, porque terminó andando los caminos del mal antes de arribar a la tierra prometida. Este discurso, sobre todo en México, ha permitido que cierta semántica sobre la migración se difunda y llegue a Centroamérica, en donde, en el momento de mayor visibilidad de las caravanas, no era extraño escuchar y leer cuestionamientos que señalaban cómo los migrantes “iban por ahí a ponernos en mal”, porque muchos eran delincuentes que huían o, cuando menos, “personas con valores morales cuestionables”. La primera narrativa es entonces esta dicotomía: migra porque serás exitoso /no migres porque el camino te hará mal, si no mueres, te irás de todas formas terminarás en un lugar oscuro y sin salida.

Pero esta primera narrativa, que revisa la estructura superficial, se vuelve más clara si se pone el acento en el análisis de la estructura profunda del discurso, esto es el lugar en donde la palabra es mediación de la vida. Es el espacio en donde un mito, por supuesto no en el sentido de una ficción sino de una historia, se vuelve medio para desvelar una realidad que no puede expresarse mediante abstracciones, una realidad tan profunda que no cabe en el discurso lógico (Campbell, 2014a). ¿Cuál es el mito que la poética del migrante construye? Después de analizar más de 400 noticias que cubrían el tema de la migración (sobre todo internacional), llegamos a la conclusión que los medios de comunicación nos habían construido “el viaje del héroe”. “Antes escondidas bajo las figuras de la religión y la mitología” –dirá, de nuevo, Campbell (2014b) ¿Quién no quiere vivir su vida de forma heroica? En este viaje, las y los salvadoreños salen del mundo ordinario, se encuentran con una llamada a la aventura que viene de muchos lugares y deciden partir, junto a un mentor (claro, como otros migrantes u oscuro, como el coyote) atraviesan el umbral para entrar en el mundo especial, viene la iniciación, el camino de las pruebas, quizá el encuentro de la mujer o el hombre que son la tentación, la reconciliación con sus orígenes, el descenso a la cueva profunda, el enfrentamiento al desierto, a la muerte, a los Zetas, al peor de sus temores para después resurgir, ser héroe y regresar al mundo ordinario con el mágico elíxir de la remesa, por fin poseyendo dos mundos, completo, afrontando la libertad de vivir y devolviendo a su comunidad las llaves de la sabiduría adquirida, el progreso, la puerta de acceso a otras posibilidades y otros sueños (Marroquín, 2008). ¿Quién no quiere ser héroe? ¿Cómo luchar contra este mito construido a golpe de palabras por más de cuarenta años? ¿Qué decreto presidencial disuadirá de emprender el viaje que promete ese elíxir?

Estas han sido las narrativas más fuertes sobre la migración, tienen otros detalles que no añadiré al menos en esta presentación, me interesa avanzar hacia el segundo momento de reflexión que enuncié, las narrativas del poder. El poder no son los medios de comunicación, aunque estos a veces, como nos señaló Gramsci, contribuyen a reforzar la hegemonía cultural. Aun así, al menos en el caso de la migración, los medios no son el poder. El poder teórico y epistemológico se construye desde los países receptores y, en estos últimos años, hemos visto con particular preocupación cómo ha anclado su fuerza en un lenguaje populista y totalitario. Esto es lo que explicaré a continuación.

4. El lenguaje del populismo totalitario o la nueva pedagogía

El lenguaje construye una tradición y una cultura. Se encuentra al centro de los procesos con los que construimos sentido. Por eso las teorías feministas desde las que nos habla Rita Segato insistirán en la existencia de unas ciertas pedagogías, esto es como “los actos y prácticas que enseñan, habitúan y programan a los sujetos”; también por ello Hannah Arendt nos insistirá que en el lenguaje vive el origen (Uña Juárez, 2014, p. 15); es decir, sin él, el pensamiento no se constituye como tal. No podemos entender El Salvador sin detenernos en las formas lingüísticas que nos son propias. No podemos entendernos si no hacemos el esfuerzo por apartarnos exclusivamente del ahora y ejercitar una mirada diacrónica que, a lo largo del tiempo, nos muestre los múltiples orígenes, los insospechados orígenes de un idioma que toma prestado de muchos sitios para construirnos pedagógicamente y amueblarnos la cabeza. Acá está el bien y acá el mal. Esto es ser hombre y esto es ser mujer. Estos son los adjetivos que contienen el significado profundo de la palabra negro, indígena, turco, blanco.

El giro lingüístico de las ciencias sociales que llegó desde la filosofía de Wittgenstein, tomó forma y sustento en las reflexiones de J. L. Austin (1998). Con su trabajo, develó un campo olvidado de investigación, el de los actos de habla. Estos actos que “produce sentimientos, pensamientos, acciones sobre el auditorio” (Austin, 1998, 145). Austin me permite señalar que la política actual en nuestro continente ha instalado una narrativa única sobre la migración, y a partir de ello se ha posibilitado el avance de una agenda racista, excluyente, intolerante, autoritaria que está debilitando de forma sistemática el ejercicio de la ciudadanía.

En un texto para Letras Libres de septiembre de 2019, la periodista Cristina Casabón señalaba que:

Hannah Arendt, Victor Klemperer, George Orwell y otros pensadores del siglo XX, como George Steiner, quisieron demostrar que el totalitarismo es una cultura política íntimamente ligada a la corrupción del lenguaje, y a su vez la corrupción del lenguaje establece los cimientos del totalitarismo. En LTI, La lengua del Tercer Reich (Minúscula), Victor Klemperer señala: “el lenguaje no solo crea y piensa por mí, sino que guía a la vez mis emociones, dirige mi personalidad psíquica, tanto más cuanto mayores son la naturalidad y la inconsciencia con que me entrego a él”. Y continúa diciendo: “las palabras pueden actuar como dosis ínfimas de arsénico: uno las traga sin darse cuenta, parecen no surtir efecto alguno, y al cabo de un tiempo se produce un efecto tóxico”. Este filólogo e historiador de la literatura de origen judío creía que el principal elemento que permitió que el odio antisemita calase en la sociedad alemana fue la retórica: palabras aisladas, expresiones y formas sintácticas que acabaron por ser adoptadas de forma mecánica, inconsciente. (Casabón, 2019)

Aunque ese momento histórico al que alude Klemperer parecería superado, el reciente movimiento judío que desde Nueva York inició las protestas contra Donald Trump, insistiendo que los niños migrantes están detenidos en nuevos campos de concentración nos alerta de una construcción totalitaria que escenifica su batalla en el lenguaje. Con su discurso y en “dosis ínfimas”, el poder construye una pedagogía que, me parece, se resume en la siguiente afirmación: “la migración es un peligro que debemos evitar, no un derecho que debemos defender”. El día 11 de octubre de 2019 revisé las primeras veinte publicaciones de la Embajada de Estados Unidos en El Salvador, una de cada cuatro de las publicaciones revisadas hacía alusión a ello: “El camino hacia la frontera de Estados Unidos está plagado de delincuentes, no pongas a tus hijos en riesgo, no vale la pena” señalan. “Llegar a Estados Unidos de manera ilegal es cada vez más difícil, no inicie un #ViajeEnVano”, insistirán. En los últimos años, la pedagogía de la migración como problema ha utilizado diversas figuras estilísticas y literarias para situarse. Señalo tres que destacan entre las demás.

La primera figura estilística de esta pedagogía es la hiperbolización, es decir la exageración y sobredimensión de la realidad migrante. Se insiste que cada vez la migración crece más, mi nombre es legión, podría decir, como los demonios del evangelio, es un grupo amenazante. Los datos, en cambio, indican que por ahora el porcentaje de población que no vive en su país de origen es del 4% a nivel mundial, este porcentaje no ha aumentado desde hace un siglo. Sin embargo, dirán algunos, la caravana muestra una cantidad de personas que nunca había salido. Los datos nos señalan que la cantidad de salvadoreños que se unieron en la caravana son básicamente la cantidad de personas que salen del país en una semana cualquiera, sin embargo, en la caravana son más, son muchos, son una horda amenazante. Incluso más allá de estos datos, hay que insistir en que los números en temas migratorios son muy frágiles. La estrategia es entonces hacer sentir que sabemos que son demasiados, aunque en realidad debería enunciarse esto apenas como una hipótesis.

La segunda es una figura literaria: la animalización, esto la operación de dotar de características propias de los animales a los seres humanos, yo la acotaría señalando que es una despersonalización. La consecuencia de la despersonalización es lo que Agamben señaló al recuperar el concepto de homo sacer, la vida de alguien prescindible, que se puede quitar y sacrificar sin ninguna consecuencia. Lo explico a través de dos ejemplos. En mayo de 2018, la página oficial de la Casa Blanca publicó un artículo titulado What You Need To Know About The Violent Animals Of MS-136, lo que este recurso estilístico consigue es quitar los rasgos humanos a ciertos migrantes (en este caso salvadoreños que pertenecen a una pandilla, pero que gracias a la sinécdoque que suelen hacer los medios de comunicación en Estados Unidos se vuelven la totalidad de salvadoreños, e incluso de hispanos). El texto señala sobre dos integrantes de la MS: “Los dos animales de la MS-13 se rieron, sonrieron y pidieron cámaras en la corte mientras enfrentaban los cargos”. En abril de 2019, el presidente Trump señaló en relación al tema migratorio “No estamos expulsando personas, estamos expulsando animales”. Estas declaraciones recurrentes siguen despojando a las personas de su realidad humana, para colocarlas en un nivel inferior. Si se piensa que esta despersonalización no necesariamente llevará a la violencia de la Nuda Vida, ahí está la masacre de El Paso, Texas, de agosto de 2019.

En tercer lugar, coloco un dispositivo semántico: el desplazamiento del sentido de la migración como derecho a la migración como problema. Es la nueva definición instalada por el pensamiento occidental y europeo más totalitario en estos años recientes. Muchos estudiosos han señalado en sus textos que la migración no fue un problema mientras los españoles se instalaban en México durante su Guerra Civil, o cuando los alemanes llegaron a América, huyendo de las grandes guerras. En realidad, parece ser que el problema es que el sentido de las rutas se invirtió. La migración dejó de ser una posibilidad de vida, un proyecto posible, un derecho humano, como señala el artículo 13 en la declaración universal de Naciones Unidas para volverse un problema que se debe combatir. Una promesa que muchos políticos buscan avivar: construir muros, instalar ejércitos en las fronteras, arrestar a quienes apoyen a los migrantes. De Carola Rackete a los doce judíos arrestados, las consignas convertidas en Hashtags como #NeverAgainIsNow o #CloseTheCamps el discurso hegemónico nos sigue insistiendo, de tal manera que los mismos políticos salvadoreños repiten esto: debemos parar la migración, es un problema, es un peligro, no debe continuar. Lo que no se dice es que si la migración es un peligro es justamente por estos procesos de securitización que iniciaron con este siglo.

Esta estrategia se puede ver también del otro lado. La he denominado el cristianísimo lugar de la culpa y ha tenido distintos gestos a lo largo de los años. Se trata de responder al discurso de la migración como problema, con una declaración de culpas y una solicitud de perdón. Uno de los gestos más recientes y más publicitados mediáticamente es el del Presidente Nayib Bukele. “La culpa es nuestra”, dijo Bukele en julio de 2019, cuando Óscar, un joven salvadoreño de 22 años y su hija, Valeria, de dos años, murieron en Río Bravo. La culpa no es de las políticas del presidente Trump que ha militarizado las fronteras y que ha cerrado todos los pasos y las rutas seguras hasta conseguir que las rutas del crimen organizado se junten con las de la migración. La culpa no es de las políticas que han fragilizado aún más la condición de los migrantes. La operación semántica del lado de acá señala no, la culpa es nuestra. Nos comprometemos a hacer un país sin migración.

Es contra estos discursos, contra estas operaciones que instalan una poética del migrante que se llevan a cabo las manifestaciones lingüísticas de resistencia o de lo que el nicaragüense José Luis Rocha ha llamado, el gesto colectivo de una desobediencia civil (Rocha, 2017). Es desde el arte, desde la música, desde la visibilización de la identidad a partir de la palabra que construimos un proyecto distinto.

5. A modo de cierre

¿Maestro, qué debemos hacer si nos detienen y nos deportan?” a lo que Él respondió: “deben migrar setenta veces siete, y si ellos les piden los dólares y los vuelven a deportar, denles todo, la capa, la mochila, la botella de agua, los zapatos, y sacudan el polvo de sus pies, y vuelvan a migrar nuevamente de Centroamérica y de México, sin voltear a ver más nunca, atrás....

Balam Rodrigo. Sermón del migrante (bajo una ceiba)

Los estudios sobre migración y comunicación han tomado dos caminos. Por un lado, quienes revisan el discurso de los medios de comunicación y los nuevos procesos de racismo y xenofobia que desde ahí se construyen. Por el otro, aquellos con una mirada más culturalista que permiten rastrear las muchas transformaciones de la esfera simbólica que se llevan a cabo gracias a los procesos de migración. En los últimos veinte años, los discursos se han multiplicado y las transformaciones se han vuelto más silenciosas.

La violencia hacia los migrantes se ha normalizado tanto que la misma cobertura mediática, en muchos momentos, ha disminuido. ¿Qué es un migrante más que muerte cuando todos los días sucede lo mismo? Sin embargo, a través de esos silenciamientos la agenda conservadora avanza y despoja a buena parte de la sociedad de su sentido crítico. Los migrantes son parte de un proyecto individual que debe ser leído como una resistencia colectiva contra los proyectos del capitalismo extractivista de América Latina. Los migrantes se mueven desplazados por la sequía, por las violencias, por la pobreza y el despojo al que muchas veces son sometidos en sus países de origen. Pero también, como diría Benjamin, es desde los más desesperanzados que podemos construir esperanza. Sus resistencias, su risa, sus canciones permiten soñar un mundo más humano, sin fronteras, un mundo sin campos de concentración, sin centros de aseguramiento en donde los niños son colocados en cárceles y separados de sus padres. La esperanza de los migrantes debe volver al centro del discurso, de la comunicación, de la vida.

Referencias bibliográficas

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1 La terminología utilizada en el discurso sobre el movimiento de personas a través de fronteras internacionales carga con importantes connotaciones, algunas intencionadas y otras no. Me refiero a las personas que cruzan la frontera como migrantes, en lugar de inmigrantes, porque este último término implica un movimiento definitivo a un nuevo país y ese no es necesariamente la intención de estas personas (Spener, 2009, p. xi). [La traducción es mía]

2 Con cursivas en el original.

3 https://radiojornalera.org: “Radio Jornalera es el único medio de comunicación enfocado en defender los derechos del migrante y del trabajador de bajo ingreso. Es un espacio donde la gente humilde dice su verdad y se fomenta el orgullo de nuestra identidad. Además, Radio Jornalera construye el poder del pueblo a través de la educación popular y el conocimiento y ejercicio de nuestros derechos. Radio jornalera dignifica al trabajador, al inmigrante y eleva la identidad de nuestro pueblo, con el propósito de cambiar las ideas erróneas sobre los inmigrantes y trabajadores”.

4 “Instead of concluding that coyotes participate in the enactment of global apartheid, and thus in the enactment of structural violence against migrants, I believe it is more accurate to view the realtionship between migrants and their coyotes as a strategic alliance in the social field of border-crossing” (Spener, 2019, 231). [La traducción es mía]

5 De choto: de gratis.

6 Todo lo que necesita saber sobre los violentos animales de la MS13 [La traducción es mía].

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