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Apuntes sobre la economía política de la información, la comunicación y la cultura latinoamericana


Notes on the political economy of information, communication and Latin American culture

Notas sobre a economia política da informação, comunicação e cultura latino-americana

César Ricardo SIQUEIRA BOLAÑO
Universidade Federal de Sergipe / bolano.ufs@gmail.com

Ancízar NARVÁEZ
Universidad Pedagógica Nacional de Bogotá / ancizar.narvaez@gmail.com

Ruy SARDINHA LOPES
Universidade de São Paulo, Brasil / rsard@sc.usp.br

Chasqui. Revista Latinoamericana de Comunicación
N.º 141, agosto - noviembre (Sección Monográfico, pp. 215-234)
ISSN 1390-1079 / e-ISSN 1390-924X
Ecuador: CIESPAL
Recibido: 29-08-2019 / Aprobado: 10-11-2019


Resumen

El artículo presenta en breve tres aspectos de lo que se puede considerar ya una escuela latinoamericana de economía política de la comunicación. El primero, una historia institucional en la cual se describen los esfuerzos por hacer presencia tanto en las instituciones universitarias, como en las organizaciones de investigadores y la construcción de espacios propios de discusión como las revistas y observatorios. El segundo aspecto a destacar es la recepción de tradiciones teóricas y epistemológicas de Europa y Norteamérica que fueron dando forma a una reelaboración latinoamericana. El tercer aspecto: la construcción de una historia propia que, sin embargo, no es homogénea, pues tiene particularidades especialmente en Brasil, Argentina y México. Finalmente, se destacan algunas categorías reelaboradas o elaboradas en el propio campo latinoamericano y que contribuyen a entrar en el diálogo con las demás vertientes del campo a nivel mundial. Se concluye que a pesar de su desarrollo interno sigue primando en el campo internacional la tradición académica e intelectual angloamericana.

Palabras clave: economía política, información, comunicación, cultura, latinoamérica

Abstract

In this paper, we briefly introduce three aspects of what might be considered a Latin-American school of political economy of communication. The first aspect is an institutional history that highlights the efforts to be present at universities as well as researcher organizations and other spaces of independent discussions such as journals and observatories. Second aspect, incorporates both European and North-American theoretical and epistemological traditions, which gives a way to a Latin-American re-elaboration. The third aspect, is the making of a particular history. Such history is, nevertheless, non-homogeneous as it takes into account the specificities of Brazil, Argentina, and Mexico. Finally, some categories elaborated or re-elaborated within the Latin-American camp, stand out as they contribute for a better dialog with other strands at the world level. As a conclusion remark is that, despite its internal development, the AngloAmerican intellectual and academic traditions still prevail.

Keywords: political economy, information, communication, culture, Latin America

Resumo

O artigo apresenta brevemente três aspectos do que se pode considerar já uma escola latino-americana de Economia política da comunicação. O primeiro, uma história institucional na qual se descrevem os esforços por marcar presença tanto nas instituições universitárias, como nas organizações de pesquisadores e a construção de espaços próprios de discussão como as revistas e observatórios. O segundo aspecto a destacar é a recepção de tradições teóricas e epistemológicas da Europa e da América do Norte que foram dando forma a uma reelaboração latino-americana. Este é o terceiro aspecto: a construção de uma história própria que, não obstante, não é homogênea, pois tem particularidades especialmente no Brasil, Argentina e México. Finalmente, destacam-se algumas categorias reelaboradas ou elaboradas no próprio campo latino-americano e que contribuem para entrar em diálogo com as demais vertentes do campo em nível mundial. Conclui-se que a pesar de seu desenvolvimento interno, ainda prima no campo internacional a tradição acadêmica e intelectual anglo-americana.

Palavras-chave: economia política, informação, comunicação, cultura, américa latina

1. Introducción

La amplia aceptación de la expresión economía política de la comunicación (EPC) para denominar nuestro campo de estudios se vincula a la existencia de una tendencia de unificación problemática, aunque en general bienvenida. Hablar de una economía política de la comunicación latinoamericana (EPC-LA) representa una adhesión a ese campo unificado y, al mismo tiempo, la reivindicación de una especificidad. Se parte del reconocimiento de una geografía - que como toda geografía es también histórica - considerando la existencia de diferentes escuelas de lo que acabó por definirse como EPC por la generalización de un término que tiene su origen en el campo crítico angloamericano del área de la comunicación. También la economía de la comunicación y de la cultura (ECC) francesa acabará, a lo largo de los años 1990, por adoptar esa denominación. Nuestro conocimiento sobre el tema más allá de los continentes europeo y americano, por otro lado, se limita a aquellos autores que llegaron a publicar en inglés, o que circulan por los congresos internacionales en los que se reúne el sub-campo, principalmente el de la International Association for Media and Communication Research (IAMCR).

El peligro implícito en ese movimiento es el de la hegemonía de la lengua, de la cultura académica, de los modelos de pensamiento anglo-americanos. Como importante contrapeso a esta tendencia tenemos la existencia de dos tradiciones autónomas importantes: la francesa -que incluye la contribución original de Quebec y, por otro lado, influye fuertemente en la producción española -y la latinoamericana, que en este momento llega a tener también alguna influencia en España, pero que en general acaba siendo muy influenciada por ésta y, con ello, por las escuelas europeas, en especial inglesa y francesa.

Como se notará a continuación, la tradición latinoamericana en el área se origina en múltiples frentes y a partir de un diálogo interno con la tradición intelectual del continente, incluso con las teorías del imperialismo y de la dependencia cultural, pero también con el conjunto del estructuralismo latinoamericano (Rodríguez, 2009), la sociología, la educación y todo el debate político y económico sobre desarrollo y subdesarrollo. El resultado es la existencia, en su formación, de una multiplicidad de enfoques innovadores aislados, que sólo se definen como una escuela unificada por la común inmersión en el debate y en el pensamiento crítico latinoamericano de los años 1970 y 1980, cuando se constituyeron importantes tradiciones en México, Brasil, Argentina, Chile y, si consideramos que las teorías anteriores de la dependencia o del imperialismo cultural también evolucionaron en el sentido allanado por la EPC, por todo el continente.

En estas condiciones, se presentan tres tendencias: (1) la conversión al enfoque anglófono- que, en lo que respecta a nuestro sub-campo, es también crítica y marxista y se opone a la corriente hegemónica a partir de una tradición relevante - como parece ser la opción seguida por la mayoría de países europeos; (2) aislamiento dentro de un espacio cultural amplio y muy fuerte, como puede ser el caso del mundo francófono, que además se vincula, en este aspecto, a una parte significativa del espacio europeo; (3) participación en la lucha epistemológica, disputando paradigma, en todos los espacios abiertos a nivel internacional. Las tres posibilidades están disponibles para los investigadores latinoamericanos. Es cierto que la opción, en última instancia, es individual; pero la responsabilidad de organizaciones como la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC) y las asociaciones nacionales de investigadores, así como de los sistemas nacionales de ciencia y tecnología, es ofrecer los instrumentos para que la tercera opción sea posible.

Este texto se divide en tres partes. Una primera presentando una breve historia institucional de la EPC latinoamericana; una segunda, más extensa, sobre la historia del campo, paradigmas teóricos, metodológicos, tendencias de la investigación; y, una tercera, presentando algunos conceptos desarrollados solo en los marcos de la escuela brasileña. Los motivos de esta elección se explican en el texto. Además de las referencias bibliográficas, al final del artículo se presenta una breve relación de textos de referencia del sub-campo.

2. Breve historia institucional

Los primeros intentos de organización de un sub-campo específico de economía política de la información, de la comunicación y de la cultura (EPC) en América Latina se dieron con la creación de los grupos de trabajo en EPC de la Sociedad Brasileña de Estudios Interdisciplinarios de la Comunicación (INTERCOM), en 1992, y de ALAIC, fundado en 1995, ambos inicialmente coordinados por César Bolaño. En 1999, se fundan la Red de Economía Política de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (Red EPTIC), la Revista Electrónica Internacional de Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura (Revista EPTIC) y el Observatorio de Economía y Comunicación (OBSCOM) de la Universidad Federal de Sergipe (UFS), Brasil. Este marco institucional se completará con la fundación de la Unión Latina de Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura (ULEPICC), en 2002, en Sevilla, tras dos encuentros de economía política del Mercosur, en Buenos Aires y Brasilia, 2001 y 2002 respectivamente. La carta de Buenos Aires representa el fundamento de la entidad, que tiene por objetivo avanzar en los estudios científicos sobre el cuadro mediático, cultural e informacional y cooperar con los movimientos y entidades comprometidas con la democracia y la transformación social.

El grupo de EPC de ALAIC, en particular, tiene por antecedente una mesa sobre la privatización de las telecomunicaciones, coordinada por César Bolaño durante el congreso de refundación de la asociación en 1992, en Embu Guaçu, São Paulo, pocos días antes del Congreso de la IAMCR del mismo año, en Guarujá, ciudad costera también del estado de São Paulo. En esa ocasión, el campo institucional de la comunicación se reunió en Brasil bajo el liderazgo del Dr. José Marques de Mello. Muchos movimientos de convergencia se iniciaron entonces, entre ellos el de la construcción de las bases institucionales de la EPC Latinoamericana y también la referida tendencia de unificación del sub-campo a nivel internacional dentro de la sección de economía política de la IAMCR.

Un indicador de la vitalidad de la EPC latinoamericana es el hecho de que la poderosa sección de economía política de la IAMCR -que cuenta desde el principio con una importante representación latinoamericana- sólo en 2013 creó su propia revista en el momento en que la Revista EPTIC cumplía 15 años de existencia. También fue importante para la interrelación entre el GT de ALAIC y la sección de economía política de la IAMCR la organización de una mesa redonda común, en el marco del congreso de la IAMCR celebrado en la ciudad de Porto Alegre, organizada por Cesar Bolaño, Janet Wasko,Valério Brittos y Cida Golin, así como la publicación de una edición temática de la revista EPTIC Online (vol. 11, n ° 2, mayo-agosto de 2009)1 , a partir de los trabajos presentados en la sección de economía política del congreso de la IAMCR de 2008, en Estocolmo.

Desde entonces, ese diálogo se ha ampliado. Las únicas limitaciones a la participación de nuestros investigadores en el debate internacional son de orden económico y lingüístico, debido a la desorganización o falta de recursos, en ciertos casos, de los sistemas nacionales de ciencia y tecnología, sea por la hegemonía internacional de la lengua inglesa, o por otros factores, pero no por la calidad de la investigación, la organización del campo o la política de valorización del pensamiento latinoamericano de instituciones como ALAIC y las asociaciones nacionales de investigadores de comunicación en América Latina.

3. Prehistoria del campo, paradigmas teóricos, metodológicos y tendencias de la investigación

La historia de los estudios de la EPC se sitúa dentro del campo académico de la Comunicación, aunque muchas veces en interacción con otras áreas del conocimiento, en especial la economía política, la sociología, la ciencia política o la antropología. A nivel internacional, es posible verificar la existencia de diferentes tradiciones, siendo la más antigua, la norteamericana. Su fundador, Dallas Smythe prácticamente no tuvo influencia en la génesis de la escuela latinoamericana, salvo tal vez en el caso de México, pero sus antecedentes, Baran y Sweezy, y sus seguidores, en especial Herbert Schiller, sí la tuvieron. Las tradiciones europeas -y aquí nos referimos exclusivamente a la escuela inglesa y francesa, ambas influenciadas, aunque no siempre de forma explícita, por autores como Raymond Williams, el cual también constituye la gran referencia de los estudios culturales ingleses, o Enzenberger (Bolaño, 2000), (Bolaño, Brittos,& Golim, 2010), críticos de la teoría crítica de la Escuela de Fráncfort - tampoco influenciaron la constitución de la EPC latinoamericana, aunque posteriormente sus contribuciones fueron incorporadas, de forma crítica. Las tradiciones europeas y aquí nos referimos exclusivamente a la escuela inglesa y francesa, ambas influenciadas, aunque no siempre de forma explícita, por autores como Raymond Williams, y Enzenberger (Bolaño, 20), (Bolaño, Brittos,& Golim, 2010), los cuales constituyen la gran referencia de los estudios culturales ingleses y críticos de la teoría crítica de la Escuela de Fráncfort. Estos no influenciaron la constitución de la EPC latinoamericana aunque posteriormente sus contribuciones fueron incorporadas, de forma crítico-analítica.

La EPC latinoamericana surge autónomamente - de forma semejante y aproximadamente al mismo tiempo que los estudios culturales latinoamericanos en diálogo con la vertiente crítica anterior del pensamiento latinoamericano en comunicación las llamadas Teorías de la Dependencia o del Imperialismo Cultural. De hecho, configuraba, al lado de la corriente norteamericana de la EPC y de un número representativo de autores críticos europeos, como Tapio Varis, Nordenstreng y todos los que formaron, por ejemplo, la sección de economía política de la IAMCR, o de los que se involucraron en el debate de los años 1970- 80 sobre el Nuevo Orden Mundial de la Información y Comunicación (NOMIC) y el Informe McBride de la UNESCO, un gran bloque crítico del pensamiento comunicacional a nivel mundial.

La EPC latinoamericana se presenta siempre de la siguiente manera:a) cuando surge en trabajos aislados de autores individuales en diferentes partes del continente, como crítica interna a esos enfoques; o, mejor dicho, como un “paso atrás”, un retroceso crítico en dirección, en algunos casos a los fundamentos del análisis marxista originaria o;b) en todos los trabajos, a la incorporación de herramientas cognitivas de la ciencia económica. Ambos mal incorporados, al grueso de las teorías sociológicas del imperialismo o de la dependencia cultural.

Entre los primeros trabajos en esa línea, que podrían ser considerados en una futura arqueología de la EPC latinoamericana, podemos citar autores como Eriberto Muraro y Héctor Schmucler (Argentina) - compañero de Armard Mattelart, autor fundamental que está en la génesis de los estudios latinoamericanos y de la EPC francesa, en sus inicios, al lado de otros hoy poco citados, como Jacques Attali y Dominique Leroy. Diego Portales (Chile), César Bolaño (Brasil), Patrícia Arriaga, Enrique Sanchez y Esteinou Madrid (México), entre otros, estaban activos en el campo ya en la década de 1980, en América Latina. Otras veces, como en el caso del propio Mattelart, o de Sergio Capparelli, esas contribuciones no se diferenciaban aparentemente de las teorías de la dependencia cultural, aunque ya presentaban importantes elementos del referido retroceso crítico.

Estas primeras contribuciones a la formación de la EPC en América Latina son de fines de los años 1980 hasta el inicio de la década siguiente y fueron claramente influenciadas por el debate académico general que se realizaba en el subcontinente en el momento del derrocamiento de los gobiernos militares y construcción de la democracia. En esa misma época, también influenciada por el pensamiento crítico interdisciplinario anterior, otros enfoques se desarrollaban en el campo de la comunicación, en diálogo intenso con la EPC y con las Teorías de la Dependencia, especialmente por parte de autores dedicados a las políticas nacionales de comunicación, a la comunicación popular y alternativa, a las más antiguas teorías de la comunicación y educación, de comunicación y desarrollo e incluso, al principio, a los estudios culturales latinoamericanos. Las teorías de la comunicación en América Latina se desarrollaban, así, autónomamente, pero en constante diálogo internacional, al que contribuyó de forma fundamental hasta por lo menos el retroceso del debate en torno al NOMIC.

La EPC latinoamericana es parte de esa historia y de la historia del pensamiento marxista en el continente. Esto es lo que la unifica en términos teóricos. Los métodos de investigación sufren, de esta forma, influencia de la lógica dialéctica del marxismo clásico, en particular de la crítica de la economía política, así como de la economía, la ciencia política, las ciencias sociales en general, siempre en diálogo con las metodologías adoptadas en otros subcampos de la comunicación. Sus objetivos de investigación, a su vez, incluyen los más diversos temas, desde los estudios sobre la concentración de los medios, la organización de los procesos de trabajo, la producción y distribución de los productos culturales e informativos, hasta las políticas nacionales de comunicación y las innumerables interfaces con los estudios de comunicación y educación, comunicación popular y alternativa, etc.

Una visión de conjunto nos dirá que la EPC latinoamericana presenta al menos tres tradiciones identificables (mexicana, brasileña y argentina) y diversas influencias, tan sólo mencionadas arriba. Pero es posible señalar la existencia de una unidad importante entre las tres tradiciones, dado el hecho de su proximidad no sólo geográfica, sino también del momento histórico en que se desarrollaron, de la superación de los regímenes militares que marcaron la región hasta principios de los años 80 y de la posterior reconstrucción democrática bajo la marca del neoliberalismo. Además, se debe considerar que, en la inmensa mayoría de los países latinoamericanos y durante casi todo el tiempo, los sistemas de televisión nacional se organizan según el modelo comercial, publicitario, semejante al norteamericano, muy diferente del paradigma de la televisión pública estatal europea de los años 50 hasta la semi-privatización de los 80 del siglo pasado. Así, si bien la importancia de la TV de masas como elemento central de todo el sistema de mediación social del largo período expansivo de la posguerra es semejante en los dos continentes, en América en general la función publicitaria será preponderante en relación a la de propaganda (Bolaño 2000), que presidió el período de la guerra y la reconstrucción en Europa.

En este sentido, se puede decir que, el sistema latinoamericano, en el campo de la comunicación de masas, presenta características cercanas al capitalismo liberal que se expandirá en el sector en Europa sólo a partir de las reformas de los años 1980. Así, si comparamos dos trabajos fundadores de las escuelas francesa y brasileña, un conocido artículo de Beaud, Flichy y Sauvage sobre la economía de la televisión y el primer libro de Bolaño, ambos de los años 1980, se notará la diferencia de enfoque, además de cierta filiación marxista común, en el hecho de que este último desarrolla el análisis con las herramientas de la micro-economía heterodoxa, de la teoría del oligopolio, mientras que el primero manejaba básicamente conceptos “weberianos”, ciertamente influenciado por el hecho de que la TV francesa funciona todavía en aquel momento como empresa estatal. Esta fue, además, en el fondo, la crítica externa de Bolaño a la escuela francesa, a principios de los años 1990, la desconsideración del tema sobre la competencia. Sólo mucho más tarde la economía de la comunicación y de la cultura francesa acabaría por dedicarse también al estudio del oligopolio.

En el plano macro, las escuelas latinoamericanas están marcadas, todas ellas, por el diálogo. Como dijimos anteriormente, con las contribuciones previas, en realidad como crítica interna, de la primera escuela crítica conocida como de las teorías de la dependencia o del imperialismo cultural y en el interior de la gran tradición intelectual del estructuralismo histórico latinoamericano. Así, la construcción de una perspectiva centrada en la lectura de la obra económica de madurez de Marx, como ocurre con todas las contribuciones fundadoras de la EPC, tanto en América como en Europa, se encuentra en diálogo, no tanto con la Escuela de Frankfurt - por lo general muy bien aceptada como parte de las herramientas intelectivas a disposición de la EPC, sin la necesidad de un ajuste de cuentas como ocurre, por lo contrario, con las escuelas europeas - y con las reflexiones sobre desarrollo, subdesarrollo, imperialismo, dependencia. Podemos decir el paradigma, en sentido kuhniano, probado por la EPC latinoamericana en su inicio ya no era europeo.

Se puede atribuir también aquí, pero por motivos opuestos, cierta ventaja al pensamiento latinoamericano, considerando que el estudio del subdesarrollo ofrece una perspectiva más general que del desarrollo, en la medida en que exige el conocimiento de ambos y también de sus relaciones históricas, de la dependencia, de las relaciones entre centro y periferia, etc.2

Con la expansión de la lógica mercantil en la televisión europea y la ola neoliberal de unificación de la cultura del capitalismo, precisamente en el momento de la unificación antes mencionada de la EPC mundial, las condiciones objetivas para el refuerzo de la tercera tendencia citada en la introducción de este texto están puestas. Sin embargo, esa misma unificación pone en riesgo la autonomía del pensamiento latinoamericano, mientras que el enorme volumen de la producción y sobre todo la hegemonía intelectual del centro, y su poder de atracción se expresa, por ejemplo, en el hecho de que un creciente número de jóvenes intelectuales latinoamericanos tratan de escribir directamente en lengua inglesa, que además siguen la agenda y los temas definidos en los grandes centros, exigen a los intelectuales del campo latinoamericano un cuidado especial con la divulgación y el desarrollo de nuestras tradiciones; buscando, no el aislamiento sino el diálogo soberano en el sentido de la construcción colectiva del pensamiento crítico a nivel mundial.

4. Algunos conceptos desarrollados por la EPC latino-americana, especialmente en la escuela brasileña

Conforme afirmamos anteriormente, no existe una sistematización de los conceptos desarrollados por las diferentes escuelas nacionales que pudiera respaldar epistemológicamente la existencia de una EPC latinoamericana en el sentido fuerte del término, aunque, como se ha explicitado en el ítem anterior, desde el punto de vista histórico y geográfico haya elementos importantes que señalen esta posibilidad. La mayor dificultad en este sentido se refiere al problema que hemos venido señalando desde el inicio de este texto, sobre los riesgos derivados de la unificación del campo a nivel internacional. El aspecto quizás más relevante para la comprensión de esta problemática está relacionado con el peso de las influencias sobre cada una de las al menos tres tradiciones mencionadas. Así, por ejemplo, la EPC mexicana tiene una proximidad mayor con la escuela norteamericana, mientras que, en el resto del continente, excepto en Brasil, la influencia española -y con ella la francesa de la que es en gran medida subsidiaria- ha crecido, en el pasado más reciente.

La influencia francesa, a partir de los años 90, también es importante en todo el continente, aunque es necesario, en otra ocasión tal vez, plantear la hipótesis acerca de la reversión de ese movimiento más recientemente, sea por la expansión de la influencia de autores que producen directamente en inglés, o por la propia subordinación del pensamiento francés a esa lógica unificadora. En el contexto latinoamericano, la EPC brasileña presentó, a partir de mediados de los años 80, una evolución autónoma y, a partir del inicio ya de los 90, en diálogo crítico en especial con la francesa - mientras que la argentina, por ejemplo, - es muy activa en la recepción de las diferentes influencias, incluso la brasileña y especialmente hoy la española, sin negar sus raíces en autores como Schmucler o Eriberto Muraro.3

No hay duda, como ya debe estar claro por lo dicho anteriormente, que la EPC latinoamericana constituye un campo académico común, unificado no sólo por la proximidad geográfica y cultural general, sino también por la coincidencia histórica, por determinaciones de orden político general, por la construcción colectiva de una institucionalidad como la referida brevemente en la primera parte de este artículo; pero especialmente por la inserción en el conjunto del campo intelectual latinoamericano como heredero de la primera escuela crítica del pensamiento comunicacional del sub-continente, en diálogo con las otras tradiciones de investigación a nivel internacional. En términos epistemológicos, no obstante, no se puede, en la situación actual de la investigación sobre la historia de la producción académica en el área, presentar de forma sistemática las principales categorías producidas en el interior de las diferentes tradiciones nacionales de la EPC latinoamericana como una totalidad constitutiva de una disciplina con estándares de enseñanza e investigación uniformes en todo el sub-continente.

Por lo tanto, para concluir este texto, decidimos presentar sólo tres conceptos desarrollados en la tradición brasileña que tuvieron algún impacto más general; dos de ellos de orden micro-económico, que ayudan a entender las especificidades de la producción cultural y comunicativa en el plano de la competencia capitalista, y uno vinculado a la problemática más esencial de la crítica de la economía política, referente a las especificidades de la subsunción del trabajo intelectual. Para ello, presentamos a continuación tres entradas seleccionadas de la enciclopedia INTERCOM de comunicación, producidas de forma coordinada por autores reconocidos de la EPC nacional, con algunos comentarios adicionales.

El análisis micro-económico es una parte importante de los estudios en EPC en general. En la tradición francesa, por ejemplo, se traduce en la búsqueda de la determinación de las especificidades de los procesos de trabajo en las diferentes industrias culturales, de donde deriva sus conocidas taxonomías. En Brasil, donde las contribuciones francesas fueron introducidas en los años 90 por autores como Alain Herscovici (1995), formado en aquella tradición, o Sérgio Capparelli (1982), que ya había producido anteriormente una contribución pionera de cuño básicamente sociológico, incorporando luego el instrumental desarrollado en la escuela francesa, o el propio Bolaño (2000), en el diálogo crítico que propone también a principios de los años 90. La principal crítica de este último a la escuela francesa era respecto de la negligencia en relación al análisis de la competencia, que el propio autor desarrolló (1988). Dos conceptos, en particular, ligados al estudio del oligopolio, se propusieron en este trabajo inaugural. Las siguientes son las definiciones de la enciclopedia INTERCOM:

5. Barreras a la entrada Conjunto de acciones y element

Conjunto de acciones y elementos que impiden a agentes no líderes ascender a las posiciones primeras o a nuevos actores ingresar en un mercado. Las empresas transnacionales, que pretenden lanzarse en un determinado sector, traen consigo especialmente recursos sustantivos (filosofía y política) y competentes (capacidad técnica), además de la intención de apropiarse de parcelas de la industria afectada. El nivel de amenaza de estos nuevos entrantes depende de las barreras impuestas por los competidores ya actuantes. Se consideran las principales fuentes de barreras a la entrada: (a) cuando se presentan como absolutas, haciendo los movimientos de los entrantes impracticables, sea por motivos de fuerza mayor o por contradicción a las normas jurídicas impuestas por el Estado; (b) en el caso de que el mercado exija la adquisición de equipo específico para la realización de un producto, el retorno de las inversiones de la empresa entrante tiende a ser irrecuperable, presentándose como una barrera de costes. A diferencia de los costos fijos, que despiertan interés en empresas de otros segmentos, costos irrecuperables son inversiones irreversibles, con retorno nimio o inexistente cuando están subutilizados. Fabricación, desarrollo de marca (diseño) y distribución son algunos ejemplos. Sin embargo, si el emprendimiento pertenece a un actor mediático notorio, parte de un conglomerado, estos costos pueden ser reducidos o tener sus resultados perfeccionados en los consumidores; (c) no siempre los costes financieros son los más dispendiosos. Los costos de cambio, a ejemplo del cambio de plataforma, también son barreras, en la medida en que exigen tiempo y perfeccionamiento técnico del entrante al nuevo sistema; (d) la reputación, o falta de ella, puede ser un obstáculo, ya que el entrante dependerá casi exclusivamente de la disposición del consumidor en evaluar el costo-beneficio del producto ofertado; (e) desde el punto de vista mercadológico, cuando un sector se encuentra en contracción, su ingreso se presenta como inviable, una vez que el entrante tardará en recibir el retorno de sus inversiones; (f ) el patrón tecno-estético (ver entrada) también se configura como una barrera de suma importancia en el área comunicacional. Se trata de la capacidad de la organización para tener sus productos identificados por el consumidor, a través de un conjunto de elementos técnicos, estéticos y estratégicos, que direccionan sus normas de producción. Así, se comprende la existencia de dos barreras de entrada, características de los mercados comunicacionales: la estético-productiva y la político-institucional. “La barrera de entrada estético-productiva involucra los factores que diferencian el producto, como específicos patrones y modelos estéticos y de producción, cuya obtención demanda esfuerzos tecnológicos, de innovación estética, de recursos humanos y financieros” (Brittos, 2001). La barrera político-institucional se procesa a partir de actuaciones de los órganos ejecutivos, legislativos y judiciales estatales y sus unidades geo-político-administrativas, de forma directa o indirecta, considerando dos atribuciones de regulador, por excelencia, y viabilizador de infraestructura.

El concepto de barreras a la entrada es ampliamente utilizado en la microeconomía heterodoxa. Su incorporación al cuadro categorial de la EPC brasileña fue realizada por Bolaño (1988), siguiendo las definiciones de Possas (1980), en su teoría del oligopolio, que recupera las contribuciones pioneras de autores como Bain, Labini y otros. La definición anterior, bien adaptada al campo de la comunicación, es de Valério Brittos, que desarrolló, una clasificación muy conocida en el campo; veamos la segunda categoría microeconómica citada.

6. Patrón tecno-estético

El concepto de patrón tecno-estético fue desarrollado en Bolaño (2000) - versión original de 1993 - para describir:

Una configuración de técnicas, de formas estéticas, de estrategias, de determinaciones estructurales que definen las normas de producción cultural, históricamente determinadas de una empresa o de un productor cultural particular para quien ese patrón es fuente de barreras de entrada. (Bolaño, 2000)

Se trata, por lo tanto, de una definición de orden micro-económico, vinculada a la competencia entre los capitales invertidos en una determinada industria cultural, que se aparta, en ese sentido, de los conceptos de sistema y de estructura tecno-estética, de Dominique Leroy, pero los complementa, al permitir un paso del análisis estructural, a que estos últimos se refieren, a la de la dinámica competitiva propia de las industrias culturales. El origen del concepto se encuentra en la idea de “patrón de calidad”, expresión utilizada por el marketing de la Red Globo de Televisión en Brasil, en los años 70 y 80. En Bolaño (2004) - versión original de 1988 - esta idea es tomada en el análisis del sistema de barreras de entrada constituido por la Globo, que dejaba a los demás capitales en competencia en el mercado brasileño de televisión presos de estrategias de nicho, basadas en patrones de producción y gestión entendidos como tradicionales en la literatura corriente sobre el tema en aquel tiempo. De este modo, la elección posterior de la denominación (patrón tecno-estético) del concepto plenamente desarrollado buscaba no sólo homenajear a Leroy, uno de los fundadores de la escuela francesa de la economía política de la comunicación y de la cultura (EPC), sino esencialmente explicitar, por un lado, una complementariedad en relación a las definiciones de estructuras y sistemas tecno-estéticos; ypor otro, la diferencia fundamental entre la tendencia hegemónica de la escuela francesa y la teoría general expuesta en Bolaño (2000): la incorporación de una teoría de la competencia y del oligopolio.

Como se nota, los dos conceptos presentan una importante complementariedad, constituyendo la base analítica de la teoría del oligopolio aplicada al campo cultural en la perspectiva de la escuela brasileña. Ambos fueron propuestos por Bolaño, quien los utiliza en sus estudios empíricos sobre la TV de masas brasileña. Valério Brittos tomaría posteriormente y desarrollaría ambos conceptos y los utiliza en su estudio, que dio origen a la tesis de doctorado, sobre la TV segmentada. En el campo micro, vale citar el trabajo de Gianela Turnes, economista e investigadora de la comunicación en Uruguay que, en su disertación de maestría, orientada por Bolaño en la Universidad de la República, actualiza también herramientas micro-económicas, en diálogo también con importantes autores uruguayos de los estudios de economía de la comunicación, como Gustavo Busquet y Luis Stolovich, además del pionero de la Economía Política de la Comunicación en Uruguay, Roque Faraone.

El tercer concepto seleccionado, de “subsunción del trabajo intelectual”, fue propuesto por Bolaño en una serie de artículos y estudios a partir de 1995, con base en definiciones anteriores del autor, como la de “acumulación primitiva del conocimiento” (Bolaño, 2000) y otras vinculadas al esclarecimiento de las relaciones entre industria cultural, información y capitalismo, para lo cual colaboraron también otros autores, como Ruy Lopes, William Braga o Alain Herscovici, este más cercano a la escuela francesa.

7. Subsunción del trabajo intelectual

El concepto de subsunción del trabajo está en la base de la teoría de Marx. En el período manufacturero, anterior a la Revolución Industrial, el trabajo ya era subsumido en el capital; es decir, ya se incorporaba formalmente al capital como elemento subordinado como capital variable, productor de valor y plusvalía. Esta subsunción se llama “formal” porque representa la forma general de toda subsunción, pero también porque aún no se ha producido la subsunción “real”; es decir, el trabajador aún dominaba el proceso de trabajo y este dependía esencialmente de la habilidad del trabajador en el manejo de herramientas heredadas directamente del artesanado. En esta fase justamente, el capital extraerá de la clase trabajadora el conocimiento originalmente desarrollado por los artesanos, el cual servirá -aliado al conocimiento científico-técnico producido fuera del suelo de fábrica - para el desarrollo del sistema de máquinas y herramientas que materializan ese conocimiento. Así, la Revolución Industrial se define, para Marx, no simplemente por la aparición de una tecnología o varias, sino por el impacto que esa aparición tendrá en términos de subsunción del trabajo. Con el sistema de las máquinas, el proceso productivo deja de depender de las habilidades del trabajador que se ve efectivamente transformado en un apéndice de la máquina. El trabajo se vuelve redundante, se descalifica, mientras que su productividad crece de forma exponencial. También la segunda Revolución Industrial, en la que la incorporación de la ciencia es más evidente, es explicada por Marx por el paso de la subsunción formal a la real del trabajo en el capital, esta vez en el sector productor de máquinas que hasta entonces permanecía manufacturera o incluso artesanal. Bolaño explica la tercera Revolución Industrial - de la micro-electrónica, de la robótica, de las tecnologías de la información y de la comunicación, de las biotecnologías, etc. - también en términos de subsunción del trabajo. En este prisma, el concepto de software vinculado al desarrollo de las TIC facilitará la subsunción de formas de trabajo intelectual que hasta entonces disponían de una importante autonomía relativa; al mismo tiempo que todos los procesos de trabajo convencional, remanentes del extenso proceso de robotización y la automatización flexible, pasarán, como el propio consumo, por una intensa intelectualización. Por lo tanto, los impactos de ese proceso sobre el conjunto social serán desarrollados posteriormente por el autor, en diferentes trabajos, que sirven como alternativa rigurosa a las teorías del informacionalismo, del capitalismo cognitivo y semejantes, aclarando por ejemplo, el concepto marxiano de intelecto general, mal comprendido por los cognitivistas. El tema central, que exige la movilización de esfuerzos en el sentido de un amplio programa de investigación sobre las mutaciones del trabajo en la contemporaneidad, se refiere a los “límites a la subsunción” del trabajo intelectual, tema conocido de la Economía de la Comunicación y de la Cultura, que ha analizado una forma precoz de subsunción del trabajo intelectual: el trabajo cultural subordinado a la lógica capitalista de la Industria Cultural.4

En la segunda edición, de 2004, de Mercado Brasileño de Televisión (Bolaño, 1988), varias otras categorías han sido propuestas (como la citada “acumulación primitiva del conocimiento”), incorporadas (como el concepto neo-shumpeteriano de “trayectorias tecnológicas”, que se suma a aquellos de la micro-economía heterodoxa de la versión original), o redefinidas y perfeccionadas (es el caso del propio concepto de barreras de entrada, de larga tradición en la ciencia económica), en el ámbito de la EPC brasileña.

Hay que subrayar, con referencia a ese primer libro de Bolaño, la preocupación con el tema de la periodización y, en especial, del paso de la competencia al oligopolio en el mercado brasileño de televisión de masas, que servirá de paradigma para Valério Brittos (2001), el cual analizó el mismo proceso para el caso de la TV segmentada. La definición, por Brittos, de una “fase de la multiplicidad de la oferta” para referirse esencialmente a la convivencia, a partir de 1995, de esas dos trayectorias tecnológicas, constituyendo dos oligopolios concentrados, en el mercado brasileño de televisión, ampliamente reconocida, constituye también una innovación importante dentro del paradigma de la EPC nacional.

Otros trabajos más cortos extendieron la preocupación con la periodización para la radio (Bolaño, 2012) y el cine (Bolaño, Manso, 2009) en Brasil. Una serie de trabajos dedicados al tema de la televisión pública y estatal han sido producidos también en el marco de la EPC brasileña, especialmente en el programa de posgrado de la Universidad de Brasilia (UnB), entre ellos, el de Jonas Valente (2009), que propone el interesante concepto de “complementariedad marginal” para caracterizarla. Sobre el tema de la cultura y de las industrias culturales deben mencionarse los trabajos de Verlane Aragão Santos, en la Universidad de Sergipe (UFS), especialmente en el sector de la música (Santos, 2010), y de Ruy Sardinha Lopes, autor de uno de los libros canónicos de la EPC brasileña (Lopes, 2008), fruto de su tesis de doctorado, del 2006, analiza la centralidad de la información y del conocimiento en la lógica de reproducción del capital.

En línea con los otros textos fundadores, ya referidos, de la escuela brasileña, Lopes deriva esa centralidad de la propia necesidad del capital en lidiar con contradicciones internas: el intento de encontrar respuestas productivas a los límites de la regulación “fordista” y de inversión del capital súper acumulado, generando nuevos frentes de acumulación, como las TIC y el sector financiero. En ese sentido, el autor trata no solamente de retomar la discusión sobre la teoría del valor y de las modalidades contemporáneas de su creación, sino también la de la naturaleza de la información, superando su vinculación con conceptos oriundos tanto de la termodinámica, como con el mainstream económico y los mecanismos de la competencia y la regulación mercantil. Otro libro, mucho más reciente, que desarrolla nuevos elementos en los marcos de la EPC brasileña, a partir del análisis del papel de las firmas de consultoría en la privatización de las telecomunicaciones en el país, es el de Rodrigo Braz (2018). El tema de la privatización de las telecomunicaciones había sido estudiado anteriormente en la EPC brasileña por Bolaño (1997, 2000b) entre otros autores. La innovación teórica de Braz es haberla analizado en la perspectiva del capital financiero, recuperando para eso los conceptos marxistas respectivos. En esa misma línea es digna de mención la contribución de Edemilson Paraná (2016) sobre la finanza digitalizada. Varios trabajos, por fin, se han dedicado, en los marcos de la EPC brasileña, a un conjunto de temas relativos a la economía política de internet, la convergencia, las plataformas digitales y conexos, incluso el de las nuevas formas de organización de los procesos de trabajo y de valorización (Bolaño, Herscovici, Castañeda, Vasconcelos, 2007; Bolaño, Herscovici, Brittos, Moura, Menezes, Vieira, 2017; Horta, 2017; Martins, 2018; Jonas, 2019). Otros trabajos relevantes ligados a los estudios de periodismo (Figueiredo, 2019), a la crítica de las industrias creativas, al futbol como industria cultural (Santos, 2019) y un largo etcétera podrían ser mencionados, pero no pretendemos aquí ser exhaustivos ni mucho menos. Lo importante es subrayar que todos esos avances forman un conjunto en el interior del cual los conceptos propuestos originalmente en los primeros trabajos de la EPC brasileña se van desarrollando y ampliando sus capacidades explicativas.

Aunque se haya optado, en esta parte, por mantener el foco en la escuela brasileña, es importante considerar, para terminar, el trabajo de Ancízar Narváez,5 que articula EPC y teorías del lenguaje, considerando el capitalismo contemporáneo a la vez como capitalismo cultural (en su modo de desarrollo) y capitalismo global (en su modo de regulación). El capitalismo cultural está centrado en la subsunción del trabajo cultural y aspira a imponer como sentido común una sociedad del conocimiento a través de la promoción “intensiva” de la cultura alfabética de alta calidad en la escuela competitiva. El trabajo cultural, en términos comunicacionales:

está orientado a producir, en la mercancía cultural, sustancias de contenido (nuevos conocimientos), formas de contenido (nuevas narrativas), formas de expresión (nuevos códigos, nuevos algoritmos) y finalmente, en el límite, también nuevos materiales de soporte para la mercancía cultural (nuevas sustancias expresivas) (…) Pero para producir esos nuevos materiales hay que producir nuevos contenidos, y para producirlos hay que reproducir las formas simbólicas; por consiguiente, lo que se hace es reproducir toda una cultura, lo cual convierte a la producción en reproducción cultural y al capitalismo en capitalismo cultural. (Narváez, 2013, p. 218-219)

El capitalismo cultural engloba tanto el capitalismo global, que aspira a imponer como sentido común una sociedad de la información a través de la promoción extensiva de la cultura mediática a través de la industria cultural (reproducción, mercado y consumo), como el capitalismo cognitivo, que solo se ocupa de las sustancias de contenido, y el capitalismo informacional, que solo se ocupa de la extensión de la tecnología. Con esto, el autor puede retomar críticamente una serie de definiciones en boga para explicar la dinámica capitalista actual, trabajando en la intersección de los campos de la comunicación y de la educación, para arribar a la caracterización de dos tipos de sociedad (alfabetizada y mediatizada) y a dos estrategias contradictorias de construcción de hegemonía en una nación, la primera conducente al “desarrollo” y la segunda a la perpetuación del “subdesarrollo” y, por consiguiente, a la reproducción de la desigualdad estructural entre naciones centrales y periféricas en el capitalismo global.

8. Conclusión

Como dijimos en la introducción, estamos en un momento crucial del desarrollo del campo de la economía política de la comunicación, marcado por su unificación a nivel mundial, en que sobresalen tres alternativas para la EPC latinoamericana. En los límites de este texto, tratamos de presentar, en breves líneas, elementos de orden histórico y coyuntural relativos a la institucionalización, a la historia intelectual y a las especificidades de lo que puede definirse como escuela latinoamericana, especialmente en función de su inserción en un campo intelectual más de larga tradición, pero no de una unidad en términos epistemológicos rigurosos, cuya construcción a nivel interno concurre con la referida unificación a nivel internacional, donde los enfoques angloamericanos se presentan como hegemónicos en el interior del pensamiento crítico.

La EPC latinoamericana tiene una institucionalidad que incluye una revista de buena circulación internacional, grupos de trabajo organizados en ALAIC y en INTERCOM, buenas relaciones con las entidades nacionales de investigadores de la comunicación de América Latina, actuación en las organizaciones internacionales del área, especialmente en la región sección de economía política de la IAMCR. En el plano epistemológico, a su vez, dados los límites de la investigación acerca del uso más o menos generalizado de las categorías desarrolladas específicamente por la EPC latinoamericana, decidimos limitar nuestra exposición, al tercer ítem de este artículo, a la escuela brasileña, que se ha mostrado especialmente activa en la producción teórica, siguiendo la tradición del pensamiento crítico latinoamericano y con un cuidado particular en el desarrollo del instrumental de la crítica de la economía política, incorporando además herramientas de análisis microeconómico de forma no ecléctica. Además, decidimos seleccionar sólo tres conceptos para ilustrar las potencialidades de ese marco teórico. La siguiente bibliografía proporciona otras posibilidades, algunas de ellas mencionadas en notas más arriba.

Referencias bibliográficas

La siguiente lista está lejos de ser exhaustiva. No incorpora, salvo dos excepciones, trabajos de los años 1980 producidos en diferentes países de América Latina, por autores citados arriba y otros. Tampoco relaciona un gran número de trabajos mucho más recientes, lo que exigiría una investigación, absolutamente necesaria, pero que está lejos de las pretensiones de este artículo. Definimos como “canónicos” los libros individuales de autores muy conocidos en el campo, publicados en los principios del periodo formador del campo, definido arriba. Las “colecciones”, son libros organizados por los primeros autores involucrados en la constitución institucional del campo, que podrían ser consideradas también canónicos, pues representan esfuerzo colectivo y planificado para la divulgación de trabajos importantes del campo latinoamericano.

Canónicos

Bolaño, C. (1988). Mercado Brasileño de Televisión. Aracaju: Ed. UFS. Segunda edición, revisada y ampliada (São Paulo, EDUC, 2004), fue publicada también en español por la editorial El Rio Suena (Buenos Aires, 2013). Una tercera edición electrónica, bilingüe, puede ser encontrada en el portal EPTIC - www.eptic.com.br.

_________. (2000). Industria Cultural, Información y Capitalismo. São Paulo, Hucitec. Una edición en español, ampliada, fue publicada en 2013 en Barcelona, GEDISA y en inglés, en Londres, por Palgrave MacMillan, en 2015.

Brittos, V. (2001). Capitalismo contemporáneo, mercado brasileño de televisión por suscripción y expansión transnacional. Salvador. Facultad de Comunicación, Universidad Federal de Bahía.

Caparelli, S. (1982). Televisión y capitalismo en Brasil. Porto Alegre, LP&M.

Herscovici, A. (1994) Economía de la Cultura y la Comunicación. Vitória, Editora Fundação Ceciliano Abel de Almeida/UFES.

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Narváez, A. (2013). Educación y comunicación. Del capitalismo informacional al capitalismo cultural. Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional.

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Colectivas

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Otros textos citados

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______________. (2003). Texto de presentación del GT EPTIC / ALAIC. Recuperado el 20 de mayo de 2017 de http://www.eca.usp.br/associa/alaic/boletin13/boletin13_indice.htm.

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Martins, H. (2018). O mercado de comunicações brasileiro no contexto da convergencia: análise das estratégias do Grupo Globo e da América Movil. Tese apresentada ao programa de pós-graduação em comunicação da Universidade deBrasilia.

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Turnes, G. (2014). Televisión Nacional del Uruguay: tnu. Una aproximación desde la Economía Política de la Comunicación. Disertación de maestría presentada al programa de postgrado de la Universidad de la República.

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_______________. (2019). Tecnologia, informação e poder. Das plataformas online aos monopólios digitais. Tese de doutoramento apresentada ao programa de pós-graduação da Faculdade de Sociologia da Universidade de Brasília.

Notas al pie

1 Ver http://www.seer.ufs.br/index.php/eptic/issue/view/8

2 Es en ese sentido que Bolaño puede afirmar que la teoría general presentada en su segundo libro es más general que las anteriores, pues incorpora críticamente las visiones de la Industria Cultural bajo el ángulo de la publicidad, de la propaganda, de las especificidades del trabajo cultural, de la mediación, de la hegemonía y de las formas de control social típicas del capitalismo monopolista en general.

3 En el caso de la EPC argentina, además de los autores pioneros ya referidos, vale recordar los nombres de los jóvenes intelectuales de los años 1990 vinculados a la revista Causas y Azares, entre ellos Glen Potolski, Diego de Charras, Luis Albornoz y Guillermo Mastrini. Este último, al lado de Martín Becerra, dejará posteriormente la Universidad de Buenos Aires (UBA) para construir un polo en la Universidad de Quilmes dedicado básicamente al estudio de la concentración de medios en América Latina. En Córdoba, tierra de Schmucler, hay que recordar también la contribución de Miguel Haikel y, más recientemente, del grupo de Daniela Monje. En México, además de los fundadores ya referidos, hay que citar Rodrigo Gómez, coordinador de la sección de economía política de la IAMCR. Más adelante se harán referencias a las contribuciones de Colombia y Uruguay.

4 Fragmentos extraídos de la Enciclopédia INTERCOM de Comunicação – São Paulo: Sociedade Brasileira de Estudos Interdisciplinares da Comunicação, 2010. v. 1; 18 x 25 cm ISBN: 978-85-88537-66-8. Disponível em http://www.ciencianasnuvens.com.br/site/wp-content/uploads/2013/07/Enciclopedia-Intercom-de-Comunica%C3%A7%C3%A3o.pdf - Barreiras à entrada: p.124; Padrão tecno-estético: p. 900; Subsunção do trabalho intelectual: p.1139.

5 Ya nos hemos referido brevemente, en diferentes momentos, más arriba, a las contribuciones mexicana, argentina y uruguaya. La tradición colombiana en la EPC es más reciente. Se destacan los trabajos de autores como José Miguel Pereira y Daniel Valencia, en la Universidad Javeriana de Bogotá. Narváez, de su parte, traductor del libro principal de Bolaño al español, desarrolló su contribución personal a la EPC inicialmente en la Universidad de Manizales, donde dirigió la revista Escribanía, una de las que se sumó al p royecto de la EPC latino-americana en sus principios, trasladándose luego a la Pedagógica de Bogotá.

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