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Introducción:

Comunicación comunitaria, políticas y ciudadanía



Introduction: Community Communication, Politics and Citizenship

Introdução: Comunicação comunitária, políticas y cidadania

Cicilia M. KROHLING PERUZZO
Universidade Anhembi Morumbi / cicilia.peruzzo@gmail.com

Manuel CHAPARRO ESCUDERO
Universidad de Málaga / mch@uma.es

Erick R. TORRICO VILLANUEVA
Universidad Andina Simón Bolívar / etorrico@uasb.edu.bo

Chasqui. Revista Latinoamericana de Comunicación
N.º 140, abril - julio 2019 (Sección Monográfico, pp. 75-94)
ISSN 1390-1079 / e-ISSN 1390-924X
Ecuador: CIESPAL

Resumen

La comunicación comunitaria, objeto de este número de Chasqui, cobran hoy renovado interés. Las condiciones actuales retan a revisar, tanto las políticas públicas como las prácticas de los medios comunitarios, para mantener activa la participación y la incidencia social en un contexto de crisis sistémica y en ausencia de una ética del poder. Los medios comunitarios, pese a sus circunstancias y diferencias internas, intervienen en la construcción de nuevas narrativas para la vida, desde un compromiso que responde a principios de Ética, Ecología y Equidad. En ese sentido, se presenta aquí 10 experiencias iberoamericanas sobre otra comunicación, hecha desde abajo y comprometida con cambios necesarios a la evolución civilizatoria de las sociedades, comunicación que tiene un norte compartido: el de los derechos de los sectores sociales todavía excluidos y la consiguiente lucha por la transformación en vista a la construcción de comunidad.

Palavras clave: comunicación comunitaria, derechos, ciudadanía, democratización, participación

Abstract

Communication and community media, subject of this issue of Chasqui, experience a renewed interest today. The current conditions challenge to review both, public policies and community media practices, to keep participation active and social incidence in a context of systemic crisis and in the absence of an ethic of power. Despite their internal circumstances and differences, they are involved in the construction of new narratives for life, from a commitment that responds to the principles of Ethics, Ecology and Equity. 10 Ibero-American experiences about ‘other communication’ are presented here, and committed with necessary changes in society, communication that has a shared north: that of the rights of the social sectors still excluded, and the consequent struggle for transformation in view of community building.

Keywords: community communication, rights, citizenship, democratization, participation

Resum0

A comunicação comunitária, objeto desta edição de Chasqui, recebe um interesse renovado hoje. As condições atuais desafiam a revisão de políticas públicas e práticas de meios comunitária de comunicação para manter a participação ativa e a incidência social em um contexto de crise sistêmica e na ausência de uma ética de poder. Os meios comunitários, ao que pese suas circunstâncias e diferenças internas, interveem na construção de novas narrativas para a vida, a partir de um compromisso que atende aos princípios da Ética, Ecologia e Equidade. Nesse sentido, são apresentadas aqui dez experiências ibero-americanas em outra comunicação, feitas a partir de baixo e comprometidas com mudanças necessárias à evolução civilizatória das sociedades, comunicação que tem um norte compartilhado: o dos direitos dos setores sociais ainda excluídos e a consequente luta pela transformação em vista da construção de comunidade.

Palavras-chave: comunicação comunitária, direitos, cidadania, democratização, participação

La comunicación comunitaria, objeto de las investigaciones que se recogen en ese número de Chasqui, cobra hoy un nuevo interés.

El uso cada vez más común de las redes sociales digitales y los nuevos hábitos de consumo de medios y producciones audiovisuales no lineales, constituyen retos que obligan a revisar las formas de establecer la comunicación con y entre la ciudadanía para mantener activa la participación y la incidencia social.

Estas circunstancias añaden dificultades que deben también ser vistas como desafíos para repensar los usos, las formas, los contenidos, las estéticas y, sobre todo, las narrativas discursivas de relacionamiento entre significados y significantes desde las que afrontar una realidad global de crisis sistémica, consecuencia de un modelo económico que ha usado los medios para propagar verdades mentirosas desde emociones irracionales. Por eso, los medios comunitarios están obligados a repensar y debatir la comunicación.

La denominada crisis económica es permanente para la población excluida de los beneficios del desarrollo, una mayoría representada por cuatro quintas partes de la humanidad. Tal situación es provocada por la imposibilidad de un crecimiento infinito en un planeta finito, pero también, por la ausencia de una ética del poder que redistribuya la riqueza ya generada, así como por la corrupción y la toma de decisiones determinadas por las transnacionales industriales y bancarias. La crisis no es económica; el eufemismo sirve para esconder una crisis ética. Una parte del mundo obesa debe dejar de crecer para que la otra pueda crecer.

Esta realidad refleja discursos en los medios ciudadanos y comunitarios, como medios horizontales que construyen territorio y tejido social, debates que afrontan desafíos y propuestas de intervención. Por ello, más allá de las políticas públicas que beneficien y reconozcan la igualdad de derechos de los diferentes actores de la comunicación, comunitarios, públicos y privados comerciales, es imprescindible saber qué hacer con las herramientas de las que disponen los movimientos sociales y las comunidades. Un análisis de la evolución de los medios comunitarios y su situación presente reflejan la inevitabilidad de repensar tanto las políticas públicas como las prácticas de los medios comunitarios para crear condiciones equitativas de participación ciudadana y favorecer la sostenibilidad comunitaria.

Las narrativas desde las que piensan hoy las redes continentales y regionales de medios comunitarios empiezan a expresar discursos decoloniales, en el sentido en que reconocen haber asumido enseñanzas y discursos mediáticos que contradicen la realidad y nuestra naturaleza misma, en la necesidad de descontaminar creencias, aprendizajes y prácticas nocivas instaladas por la sociedad del desarrollo. Este sentir decolonial no es exclusivo de una “epistemología del Sur”, porque es justamente el denominado Norte, desarrollado, occidental y propagador de imaginarios “universales” quien más está obligado a cambiar. Existe hoy un Sur de empobrecidos y un Norte de enriquecidos, sin que ello responda a realidades geográficas definidas. Norte y Sur conviven en todas las sociedades. En este sentido, el desarrollismo ha acrecentado la inequidad en todo el planeta.

Como seres eco-dependientes los humanos han asumido, absurdamente, un racionalismo supremacista que considera la dominación de la naturaleza en su exclusivo beneficio, que usa la ciencia desde una mirada colonial para imponer criterios epistemológicos que desconsideran otros saberes.

En estos cuestionamientos ya no cabe solo una crítica al eurocentrismo dominante, sino al androcentrismo y al antropomorfismo. El ser humano no es el único ser con derechos; hay que considerar los derechos de la tierra y del conjunto de seres que la habitan, sin los que no hay opciones reales de vida o sobrevivencia en el planeta. La evolución construyó un fractal de equilibrios de inteligencia natural que la sobreexplotación de recursos, por simple especulación, está destruyendo.

A pesar de las diferencias existentes entre los medios comunitarios dentro de los países y entre ellos, hay una cierta tendencia común que se manifiesta en el trabajo en favor del común y de las comunidades. Los medios comunitarios, están interviniendo en la construcción de nuevas narrativas para la vida, desde un compromiso que responde a tres principios básicos: Ética, Ecología y Equidad.

Una ética que implica poner la centralidad en la consideración de interdependencia del ser humano con el planeta. Un sentir ecológico que permita el uso de recursos sin destruir ecosistemas. Una equidad sostenida en una economía capaz de redistribuir la riqueza generada y considerada desde límites de suficiencia. El sentido de la evolución no está en el progreso, sino en la armonía con los ecosistemas. La tecnología, la invención, la innovación, deben ir en esta dirección; si no contribuyen a la eudaimonía1 , a la felicidad, carecen de sentido. Este es un sentir originario y universal en el ser humano, fuente de vida y conocimiento evolutivo, y que los pueblos andinos y amazónicos identifican como el buen vivir.

Este repensar decolonial tiene como ideas motor la matrística, el pensamiento ecosistémico, la recuperación de la soberanía local y la construcción de redes de experiencias y conocimientos compartidos. Ello implica trabajar no una “comunicación para el desarrollo” sino más bien otra para salir de él y de los desastres provocados por prácticas que amenazan con el colapso del planeta. El control de las tecnologías, de los medios comunicación e información ha conseguido en el último siglo hacer del conjunto de medios un sistema ventrílocuo de propaganda para convencer e imponer un modelo de vida basado en la irracional felicidad del consumo sin límites y sin atender las consecuencias que ello lleva aparejado.

La matrística es la base de la organización socio-cultural originaria anterior al dominio patriarcal y la construcción de las patrias. Conlleva, desde un sentir femenino, desde lo maternal, desde la emoción de dar y respetar la vida, poner los afectos y los lazos entre la gente en el centro de la existencia y en comunicación con los ecosistemas. Sentires que continúan vivos en muchos pueblos y hoy son reivindicados desde la recuperación de derechos igualitarios por los movimientos feministas que no solo movilizan a mujeres. Este sentir reconoce y reivindica la importancia del matriarcado no como una imposición sino como cooperación necesaria no jerarquizada entre mujer y hombre. Una sociedad androcéntrica no es posible ni razonable.

El sentir ecosistémico encuentra su sentido en esta relación que pone al ser humano en simbiosis con su naturaleza eco-dependiente, que reconoce el planeta como un ser vivo que tiene derechos. Los Derechos Humanos son esenciales, pero responden a un patrón definido por las potencias coloniales (ONU, 1948); no son fruto de un verdadero consenso. De ahí la importancia de los Derechos de los Pueblos Indígenas en que se reconocen derechos comunitarios (ONU, 2007); sin embargo, ninguno de ellos debe desconocer los Derechos de la Madre Tierra (Río+20, 2012).

El cambio climático, antesala de una crisis sistémica global, no debe ser tratado como una prosopopeya. No hay lugar para la retórica; la naturaleza no es culpable, tampoco el conjunto de los seres humanos, sino los comportamientos antinaturales impuestos por un modelo económico que solo beneficia a una minoría. Lo que hoy vive el planeta es una crisis civilizatoria.

La soberanía local, porque facilita la toma de decisiones compartidas en beneficio de la comunidad y el territorio, ha de ser la base que construye las redes globales de interacción social y cultural, entre ellas las comunicacionales.

Los medios de comunitarios; rurales, campesinos, indigenistas, urbanitas (aquellos que construyen desde las ciudades discursos contrahegemónicos) deben hoy habitar los territorios desde estos desafíos; de ahí la importancia de profundizar en la investigación aplicada, en la sistematización de prácticas replicables que incidan en transiciones ecosociales. La urgencia hoy no es otra que el presente de las futuras generaciones; como afirma el dicho andino, “ahora es cuando”.

La sociedad civil, a lo largo de la historia, se ha responsabilizado de desarrollar prácticas comunicativas, investigar y aplicar desde la ciencia, en un intento de contribuir a cambiar situaciones en las sociedades donde lo público ignora derechos de colectivos y comunidades. Y, al mismo tiempo, ha buscado construir nuevas bases de convivencia comunitaria y mejoría de las condiciones de vida de estratos sociales organizados en comunidades, así como de grupos con afinidades socioculturales en común.

En este empeño están los medios no comerciales de la sociedad civil y las diferentes formas de la comunicación popular, comunitaria y alternativa. En algunos contextos empleando, aún, la cuestionada denominación de “comunicación para el desarrollo y cambio social”, exportada por ONG y organismos de cooperación internacional.

Este número de Chasqui intenta agregar una variedad de experiencias que evidencian algunos de estos tipos de expresión comunicacional, o sea, de otra comunicación, hecha desde abajo y comprometida con cambios necesarios a la evolución civilizatoria de las sociedades. No obstante, los límites de espacio contenidos en un número de una revista científica no permiten una representatividad mayor de la riqueza comunicacional de la perspectiva existente en Iberoamérica.

Antes de presentar los artículos que componen este número, comentamos algunos aspectos generales y conceptuales pero singulares del ámbito comunicacional comunitario en Iberoamérica y el Abya Yala2 /Latino-América, con sus diferentes expresiones originarias, afro, latinas y mestizas.

La praxis de la comunicación comunitaria es un tema que encierra complejidades porque los conceptos y las prácticas contienen matices diferentes.

La praxis de la comunicación comunitaria es un tema que encierra complejidades porque los conceptos y las prácticas contienen matices diferentes.

Según el contexto, se construyen prácticas comunicativas diferenciadas en función de las condiciones operativas (recursos disponibles, financiación o no por el poder público), situación político-ideológica, grado de conciencia sobre los derechos participativos de la ciudadanía, percepción que se tiene de comunidad y elementos derivados de genuinas circunstancias locales y culturales. Por ejemplo, las prácticas y visiones de la comunicación donde hay asociaciones comunitarias organizadas cuyos liderazgos residen en el espíritu colectivo, en comparación con aquellas dirigidas por liderazgos personalistas y/o dependientes políticamente de los poderes que subvencionan los medios (políticos profesionales o órganos públicos etc.).

En esa perspectiva, una experiencia de radio comunitaria en una comunidad andina, amazónica o en un barrio de una ciudad donde hay un colectivo gestor con sentido comunitario fuerte, ofrece resultados diferentes de otras experiencias desarrolladas en alguna localidad de España, Bolivia o del interior de Brasil, cuando la idea de comunidad es más débil y no aglutina al conjunto.

Por otra parte, la comunicación comunitaria también se expresa en diferentes lenguajes y formatos, desde el sonido, como en el caso de la radio o del altoparlante, hasta el audiovisual a través del vídeo y de la televisión y los múltiples canales de distribución (sitios, redes digitales, plataformas colaborativas, aplicativos, etc.;) a través de Internet.

No obstante, ese segmento de la comunicación, la comunitaria, que muchas veces es calificada como comunicación popular o alternativa, no se limita a medios y canales mediados por la tecnología. Esta comunicación pone más el acento en el proceso que en el medio, es también una comunicación cara a cara, personal, interpersonal y grupal. O sea, una comunicación como diálogo que favorece la constitución del común, del espíritu comunitarista, del nosotros y de los procesos de coordinación de acciones.

Las diferencias y singularidades brevemente apuntadas en las prácticas, también ayudan a comprender las cuestiones conceptuales que se involucran. Los conceptos no son unívocos porque son reflejos de prácticas sociales entendidas desde concepciones teóricas originales, como, por ejemplo, la concepción de comunidad, de movimiento social, de “desarrollo”, de ciudadanía. Por tanto, los conceptos de comunicación comunitaria pueden referirse a visiones de la misma como actividad que tiene lugar tanto en el ámbito de ciudades o municipios como de pequeñas comunidades, barrios, comunidades étnicas o grupos sociales organizados con características y afinidades ideológicas y culturales compartidas.

Así, desde el punto de vista conceptual, es necesario aclarar que todos estos tipos de experiencias comunicacionales no son calificadas necesariamente de comunitarias, pero sí de comunicación popular o de comunicación alternativa, o aun de comunicación que propicia mejoras sociales y de derecho, más allá de las consideraciones trasnochadas de desarrollo y cambio social sostenidas a partir de la noción tradicional del crecimiento económico.

En fin, no importa tanto cómo son nombradas, o por qué nombre son caracterizadas, pero sí el entendimiento de los procesos que generan y ayudan a desplegar, visto que siempre se involucran en dinámicas más holísticas de intervención social.

En otros términos, estamos ante un fenómeno comunicacional que nunca se desarrolla de forma aislada, ya que es parte de procesos de movilización de segmentos sociales en lucha por sus derechos y por transformaciones de la realidad en beneficio del colectivo.

Se trata, pues, de un espacio de intensa vitalidad que se manifiesta en un creciente número de experiencias mediáticas de diverso tipo y alcance, mismas que mantienen los principios y objetivos democratizadores heredados del accionar antisistémico de décadas de rebeldía precedentes, que continúan afrontando circunstancias adversas y que ponen en funcionamiento creativas estrategias para su desenvolvimiento.

Todo esto dicho es lo que, de una forma u otra, está recogido en los 10 artículos que integran este número monográfico de Chasqui

Así, en las páginas que siguen se encontrará un valioso material analítico que da cuenta de la variedad empírica que caracteriza a la comunicación comunitaria actual, de diferentes enfoques que es posible hallar en términos de su concepto, de realidades geográficas y demográficas distintas, de propuestas metodológicas que se presentan como opciones aprovechables de conocimiento y acción o de intervenciones mediáticas cotidianas que hacen especial énfasis en un soporte que se puede considerar tradicional –la radio–, pero a la vez exploran y explotan otros medios tanto como las potencialidades del mundo digital. No obstante, más allá de este panorama que se advierte múltiple, el conjunto de lo expuesto en los artículos tiene un norte compartido: el de los derechos de los sectores sociales todavía excluidos y la consiguiente lucha por la transformación en vista a la construcción de comunidad.

El artículo Radios indígenas y Estado en Colombia - ¿Herramientas “políticas” o instrumentos “policivos”? toma como referencia el caso de los proyectos radiofónicos Namuy Wam (del pueblo Misak) y Payumat (del pueblo Nasa) para problematizar las consecuencias de la intervención estatal en el debilitamiento de los proyectos políticos colectivos de las comunidades indígenas.

Un importante cuadro de la trayectoria del movimiento latinoamericano de las radios comunitarias, populares y alternativas entre la década de 1990 y la primera del nuevo siglo en materia de conquista y promoción del derecho a la libertad de expresión y a la información es ofrecido en el trabajo titulado De lo local a lo global en la lucha por la democratización de las comunicaciones, del cual es dable obtener útiles pistas para profundizar esa ruta en pro de la expansión de derechos.

Medios del Tercer Sector en México - Un análisis comparativo entre los medios concesionados y los medios sin regulación estatal sistematiza los resultados de una amplia investigación que comprendió un total de 399 medios, tanto comunitarios e indígenas como sociales e independientes, y permitió no solamente caracterizarlos sino establecer las condiciones en que tales medios se desempeñan, con notorias dificultades para los primeros y un proceso de significativa consolidación de los segundos.

La cuestión todavía insuficientemente examinada de la relación efectiva de los medios comunitarios con sus audiencias es abordada en El proceso es el modelo - Hacia el estudio de recepción de radios comunitarias, que introduce la propuesta de un modelo para estudiar la recepción de radios comunitarias, producto de una investigación colaborativa efectuada con 5 emisoras de ese carácter de Bogotá, Cundinamarca, Boyacá y Santander, en Colombia.

La tensión que supone llevar adelante una labor de beneficio colectivo bajo condiciones de casi forzada ilegalidad es retratada en el artículo Rádios comunitárias no Brasil: entre a clandestinidade e a relevância social que, basado en el estudio de caso de una estación de índole comunitaria del interior brasileño que funciona sin formalización o ilegalmente hace casi 20 años, muestra la situación de clandestinidad en que muchas emisoras funcionan en el país-continente de Sudamérica.

Una interpretación sumamente interesante del empoderamiento que es posible lograr desde la comunicación comunitaria aparece en Dissonância crítica e solidária: a contribuição das mídias populares ao processo de mudança social, que a partir de una serie de entrevistas en casi una treintena de medios populares reflexiona tanto sobre el nivel de la resistencia a los significados dominantes como respecto al de la forja de tejido social solidario y del respeto a la diversidad que pueden derivarse de la acción comunicacional comprometida.

El combate desde los medios comunitarios contra diferentes formas de exclusión, invisibilización y falta de acceso a la comunicación es evidenciado en su dimensión estratégica en el artículo Revalorización cultural e identitaria de mujeres afrodescendientes e indígenas en radios comunitarias, que tomó como objeto de análisis las experiencias de la radio Avanzadora de Yoco, en Venezuela, y el programa Alli Kawsaipak Jampikuna/ Medicina para el Buen Vivir, grabado en la emisora comunitaria Escuelas Radiofónicas Populares del Ecuador (ERPE).

Otro artículo proveniente de Brasil, Comunicação cidadã na Amazônia brasileira: em defesa das atingidas e dos atingidos pela Vale S.A., presenta un análisis valorativo de la acción comunicacional que lleva adelante la Rede Justiça nos Trilhos para empoderar, en la defensa de sus derechos y de la ecología, a pobladores de más de 100 comunidades de los estados de Pará y Maranhão que son afectadas por las operaciones de alto impacto ambiental de la minera Vale do Rio Doce (Vale S.A.), la segunda empresa privada más grande de América Latina que desde hace más de 10 años utiliza gigantescos volúmenes de agua, contamina ríos y mares y deforesta cientos de miles de hectáreas.

El Índice de Rentabilidad Social de las radios comunitarias, una herramienta para el fortalecimiento de la comunicación ciudadana es el artículo en que se expone la aplicación del Indicador de Rentabilidad Social en Comunicación (IRSCOM) a 6 de las 24 emisoras comunitarias que funcionan en la Comunidad Autónoma de Andalucía a partir de 6 campos de análisis: Gestión, Capital Social, Articulación territorial, Programación, Infraestructuras y Presencia en Internet. El IRSCOM es una herramienta desarrollada desde 2012 por el Laboratorio de Comunicación y Cultura COMandalucía de la Universidad de Málaga que se usa para contribuir a mejorar la tarea social y la incidencia de los medios comunitarios, así como para el correspondiente diseño de políticas públicas de fomento.

Por último, el trabajo titulado La televisión comunitaria en la región central de Ecuador, TV MICC y PURUWA TV brinda un estudio de otro ámbito de la comunicación comunitaria, el televisivo, como una vía relevante para la democratización de la esfera pública.

En el marco de la crisis civilizatoria de que se habló al comienzo de este texto introductorio, los diferentes artículos que componen la edición 140 de Chasqui ponen en evidencia orientaciones, capacidades, requerimientos, debilidades, posibilidades y estrategias de la comunicación comunitaria que es, cómo dudarlo, una insustituible realidad que desafía las barreras de lo establecido y abandera desde el sitial movilizador de los medios las luchas populares y ciudadanas por una sociedad con derechos, por la construcción de lo común y por una comunicación para la vida.


Los coordinadores del Monográfico

Notas al pie

1 En la filosofía clásica griega la eudaimonía significa felicidad, la armonía con la naturaleza y los seres y el crecimiento interior. Tener más no es lo importante; lo importante es la riqueza interior. En este sentido, el término se asemeja al concepto del “buen vivir”

2 Los originarios y los llegados en diferentes migraciones


 

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